De Eric Toussaint,
presidente del CADTM-Bélgica (Comité por la anulación de la deuda del Tercer
Mundo), ha aparecido recientemente -editado por El Viejo Topo- un libro
definitivo sobre las prácticas y objetivos del Banco Mundial: Banco Mundial. El
golpe de estado permanente. Un libro riguroso que sitúa las políticas del Banco
en su contexto político y geoestratégico, y que revela los entresijos de una de
las más importantes instituciones internacionales.
Tu libro tiene un subtítulo muy
provocativo: “El golpe de Estado permanente”. ¿Quieres explicarnos
por qué ese subtítulo?
Quería poner el énfasis en el hecho
de que el Banco Mundial ha apoyado durante toda su historia a muchos regímenes
dictatoriales aliados de Estados Unidos o de las potencias imperialistas que
con Estados Unidos participan en la dirección del Banco Mundial, del FMI...
Hablo de Inglaterra, Francia, Alemania, Japón y algunas potencias imperialistas
menores. Quería subrayar que el Banco Mundial ha apoyado a regímenes
dictatoriales o ha participado en la desestabilización de regímenes
democráticos. Por citar algún ejemplo ahora, explico en el libro cómo el Banco
Mundial contribuyó a desestabilizar el régimen de Joao Goulart, en Brasil, a
inicios de los sesenta; cómo suspendió los préstamos al régimen de Salvador
Allende en Chile también a inicios de los setenta; cómo suspendió la ayuda al
régimen sandinista en los años ochenta. El Banco Mundial, que parece ser un
instrumento bastante ineficaz para el desarrollo según la opinión mayoritaria
de los comentaristas, en realidad es un instrumento de la política exterior de
Estados Unidos y una institución que interviene directamente en la vida
política de los países miembros del Banco Mundial. Hablo de la vida política de
los países del llamado Tercer Mundo, porque el Banco Mundial no interviene en
la vida económica y política de Estados Unidos, de Bélgica o de España... Esa
es la idea de “golpe de Estado permanente”. Y se puede añadir una
idea más: a través del chantaje de la deuda exterior, el Banco Mundial
interviene en las decisiones ordinarias de los gobiernos de los países
endeudados. Para seguir con los ejemplos, cuando, en 2005, el actual presidente
de Ecuador, Rafael Correa,
era ministro de Finanzas, estableció una política que consistía en utilizar la
mayor parte de los ingresos del petróleo para gastos sociales; el Banco Mundial
exigió terminar con esa política, el ministro se negó a hacerlo y bajo la
presión de sus colegas tuvo que dimitir. Fue una intervención exterior del
Banco Mundial, en este caso conjuntamente con el Fondo Monetario Internacional,
que logró la renuncia de un ministro.
Vamos a decirlo de una manera
suave: ¿crees que la indiferencia del Banco Mundial en cuanto al respeto de los
Derechos Humanos y la democracia sigue existiendo hoy, que no es una historia
del pasado sino del presente y quizá del futuro?
Sí, esa indiferencia, en la
práctica, sigue existiendo. Hay, sin embargo, un cambio muy importante a nivel
de discurso. Ahora el Banco Mundial integra la cuestión de los Derechos Humanos
en su discurso, incluso de manera muy viva, en su política de comunicación
pública o en su política para recuperar, cooptar, organizaciones de la llamada
sociedad civil (ONGs, etc. Aunque en realidad el Banco Mundial gasta sólo una
parte mínima de su dinero en apoyar proyectos de ONGs en el sector de las mujeres, de la
salud, de la educación). Supuestamente busca promover la implementación de los
Derechos Humanos. Pero, en conjunto, sigue con una política macroeconómica que
implica el no respeto de los Derechos Humanos tal y como son definidos en la
Declaración de los Derechos Humanos de 1948 o en varios pactos y tratados
internacionales, como el Tratado sobre los Derechos económico-sociales y
culturales del año 1966. La política macroeconómica del Banco Mundial significa
más privatizaciones en los países en desarrollo, y privatización quiere decir
por una parte que empresas estratégicas de los países endeudados son compradas
por las transnacionales del Norte, y por otra parte implica privatizar la
salud, la educación y otro tipo de servicios fundamentales como correos,
telecomunicaciones, distribución de agua... Eso, de manera evidente, como
indica la experiencia, es totalmente contradictorio con la implementación de
los Derechos Humanos a nivel planetario.
¿Y en cuanto a la democracia, crees
que el Banco Mundial sigue apoyando o va apoyar en el futuro a regímenes
dictatoriales en los que no se respeten las libertades políticas?
El Banco Mundial apoya dictaduras,
eso está claro. Pakistán, por ejemplo, que es un “cliente” según
las terminología del Banco Mundial, un “cliente mayor”, es una
dictadura militar, y ciertamente un aliado estratégico de Estados Unidos en la región. Podríamos
tomar también el caso de Turquía, que no es una dictadura militar pero donde
hay una clara ausencia de respeto de los Derechos Humanos y de los derechos
políticos, por ejemplo de los kurdos. Turquía es un país que siempre ha sido
“cliente” del Banco Mundial. O en África, el Chad, un país sometido
a la dictadura militar de Idriss Déby; el Banco Mundial está allí porque hay
petróleo y las empresas transnacionales norteamericanas tienen importantes
intereses en esa región. Es evidente que el Banco Mundial está ahí auxiliando
la política de inversión de esas transnacionales del petróleo. La actuación
futura del Banco dependerá de la estrategia de Estados Unidos. Algunos
analistas piensan que, al menos en una parte de Asia, la estrategia de Estados
Unidos vuelve a ser de apoyo directo a dictaduras.
Un segundo subtítulo del libro,
“La agenda oculta del Consenso de Washington”, da a entender que
existió desde el principio, desde la constitución del Banco Mundial y el Fondo
Monetario Internacional una mala voluntad oculta, una intencionalidad de
constituirse en un elemento de dominación.
Al hablar del Consenso de
Washington lo hago de las políticas aplicadas de manera generalizada desde los
años 1989 y 1990, cuando nació ese concepto. ¿Qué quiero decir con ese
subtítulo? Pues subrayar que la parte escondida de esas políticas contempla una
visión de alcance planetario para reconquistar todas las economías,
inscribiéndolas en el sistema capitalista, y establece una coherencia en el
tipo de recetas que se imponen con tal propósito. Yo explico en mi libro, por
ejemplo, que el tipo de política aplicada dentro del marco del ajuste
estructural impuesto por el Banco Mundial y el FMI ya había nacido en los años
sesenta, pero con el Consenso de Washington lo prioritario en las medidas de
reforma son las privatizaciones, y en los años noventa y hasta el 2000 se
produce una gran ola de reconquista por parte de las grandes transnacionales,
que adquieren el control de los recursos naturales de los llamados países en
desarrollo, y también el de sus ejes estratégicos tanto a nivel industrial como
a nivel de servicios. Este sesgo es relativamente nuevo y forma parte de toda
una estrategia coherente con la intención que he señalado.
¿Más allá del tema de las
privatizaciones y de la voluntad de apropiación de los recursos de los países
en vías de desarrollo, podrías especificar cuáles son las líneas maestras de
los Planes de Ajuste Estructural?
Sí, claro. Hay dos niveles en el
Ajuste Estructural. Por una parte se imponen medidas de choque; en general, las
medidas de choque consisten en devaluar de manera brutal la moneda de un país
en desarrollo y aumentar de manera brutal la tasa de interés interna. Por
ejemplo, la moneda de los países del África francófona -países que tienen una
moneda común, CFA- fue devaluada en un 50% en enero de 1994. La moneda de
Brasil, el real, fue devaluada en un 44% en el año 1999. Todas estas brutales
devaluaciones tienen como objetivo teórico aumentar la competitividad en el
mercado mundial de los países endeudados, para aumentar sus ingresos por
exportación y así asegurar el pago de la deuda externa. La elevación de la tasa
de interés interna supuestamente sirve para atraer capital exterior, pero en
realidad desemboca en una recesión general, porque el consumo baja como
consecuencia de dos cosas: por la devaluación, que aumenta los precios internos
porque muchas mercancías son importadas, y porque la gente no tiene ya acceso a
los préstamos porque la tasa de interés interna ha aumentado. Los
pequeños-medianos productores, incluso en ocasiones hasta los grandes
productores nacionales, no pueden aumentar la inversión porque la tasa de
interés interna es demasiado elevada. Todo eso provoca una cadena de quiebras,
tal y como hemos visto en el sureste de Asia en 1997-1998, quiebras de bancos y
quiebras de empresas industriales y de servicios. Estas son en general las
medidas de choque, que desembocan en un desastre: recesión y aumento del
desempleo. Por ejemplo, volviendo al sureste asiático, tras seis meses de
aplicación de las políticas del FMI y del Banco Mundial, de finales del 97 a
inicios del 98, 23 millones de personas se quedaron sin empleo.
¿Y después de las medidas de
choque?
Las medidas estructurales tienen
como eje principal la apertura de la economía de los países en vías de
desarrollo. Eso implica suprimir o suavizar sus barreras aduaneras y permitir
las importaciones sin aplicarles impuestos, lo que pone en competencia a los
productores locales con los productores del mercado mundial; en general ese
proceso termina con la quiebra de muchos productores locales. También se
suprimen las barreras al movimiento de capitales. La posibilidad de sacar del
país esos capitales, extranjeros o nacionales, tiene como objetivo aumentar las
inversiones extranjeras, pero en realidad lo que hace es entregar el país a la
voluntad del capital internacional, que puede entrar y salir cuando quiere,
incluso organizando ataques especulativos contra el propio país que lo acoge
(eso se hizo contra México en 1994-1995; contra los países asiáticos, como
acabo de mencionar; contra Brasil, Argentina, Turquía, hace poco contra
Tailandia). Y además permite a los capitalistas del sur legalizar la fuga de
capitales. Ahora ya no se puede hablar de fuga de capitales, es algo totalmente
legal; pueden colocar libremente sus capitales en los mercados financieros del
Norte. Aunque ya lo he citado, un aspecto especialmente negativo consiste en la
privatización de empresas estratégicas, tanto si son empresas que operan sobre
recursos naturales como si pertenecen al sector servicios. Hay una gran presión
para privatizar la distribución del agua, la producción y distribución de
electricidad, el correo, las telecomunicaciones... Todo tiene que ser
privatizado... esa es la política del Banco Mundial y del FMI. Ello implica
también la exigencia a los pobres del pago por servicios básicos, como la
educación y la salud. Hace
veinte años, en África, el acceso a los servicios básicos de la salud, a los
medicamentos básicos era casi gratuito. La nueva política consiste en exigir el
pago de esos servicios de salud. Las familias tienen que pagar al maestro de
primaria en la pequeña escuela de la aldea. Este es un elemento fundamental de la
política estructural.
¿Y en cuanto a la política fiscal?
A nivel de impuestos las medidas
empujan a suprimir los impuestos progresivos y aumentar de manera tremenda los
impuestos indirectos, como el IVA. En África del oeste hay una tasa única de
IVA del 19%, incluso sobre el servicio de agua o de luz. Estas políticas
aumentan de manera estructural la subordinación de las economías del Sur a los
capitales del Norte, pero son favorables a las clases capitalistas locales del
Sur, que aumentan su carácter rentista. Como consecuencia, aumenta la
desigualdad dentro de los países del Sur y se excluye a una parte todavía mayor
de la población respecto a servicios básicos.
¿Quiere eso decir que los planes
del BM y del FMI, en vez de lograr que disminuya la pobreza, en realidad hacen
que aumente?
Efectivamente, podemos afirmar que
hay un aumento de la pobreza en los países del Sur a pesar de las afirmaciones
contrarias del Banco Mundial.
¿Cuál es el impacto de las
políticas del Banco Mundial (y del FMI, claro, pues no podemos dejarde lado a
esta institución), en las posibilidades de autoabastecimiento alimentario de
los países del sur?
Esto es muy importante. La política
del Banco Mundial, desde su inicio a finales de los años cuarenta, y en
relación a su supuesta voluntad de desarrollar los países del Sur, estaba
orientada a aumentar sus exportaciones, tanto de materias primas como de
productos agrícolas. ¿Qué implica esto por ejemplo para África? África, hasta
inicios de los sesenta era autosuficiente en producciónde cereales para
alimentar a la población, pero ahora África es importadora neta de cereales.
Bajo las recomendaciones del Banco Mundial y de otros organismos
internacionales, África aumentó su producción de productos agrícolas de
exportación, tipo café, té, cacao, algodón, etc., y disminuyó su producción de
cereales con el argumento de que los cereales se producen mejor en regiones del
Norte con clima templado, y que los países del Sur podrían intercambiar de
manera ventajosa para ellos sus productos tropicales contra los productos del
Norte, sobre todo cereales. La consecuencia es que regiones enteras del Sur redujeron
su soberanía alimentaria, es decir, no son capaces de alimentar a su población,
sino que dependen de las importaciones de cereales y de sus exportaciones de
productos tropicales.
Frente a este panorama, ¿existen
alternativas?
Por supuesto. La necesidad de
plantear alternativas ha sido afirmada en las luchas de masas... ya en los años
ochenta hubo un levantamiento contra planes que defendía el Banco Mundial: en
1984 en la
República Dominicana; el 27 de febrero de 1989 con el levantamiento
en Caracas contra el FMI. Ha habido numerosas protestas populares contra las
políticas impuestas por el Banco Mundial y el FMI. De ahí que, en particular en
América Latina, se han elegido democráticamente gobiernos que han puesto en
práctica políticas independientes del Banco Mundial y del FMI, políticas que
están más allá de la lógica capitalista neoliberal. Me refiero a la elección de
Chávez en 1998 y a su reelección reciente, a la de Lula, de Tabaré Vázquez en
Uruguay, de Evo Morales en Bolivia, de Rafael Correa en
Ecuador, Kirchner en Argentina, podemos tammbién incluir a Ortega en
Nicaragua...
Ahora, en casi la mayoría de los gobiernos de América Latina se expresa a nivel
retórico un rechazo de las políticas defendidas por el Banco Mundial. A nivel
real yo diría que los países que de verdad implementan políticas que se
distancian de manera radical del FMI y del Banco Mundial son Venezuela, Bolivia
y, quizá Ecuador, es pronto para saberlo. Porque del lado de Brasil, Uruguay, Chile o
Argentina, la ruptura con la política del FMI y el Banco Mundial es muy
liviana, en realidad ni siquiera puede hablarse de ruptura. Eso es muy claro en
el caso de Lula y Tabaré Vázquez. Lula mantiene una tasa de interés super alta,
no hay ningún control sobre movimientos de capital, el Banco Central continúa
totalmente autónomo del gobierno y del poder legislativo, y se pone en práctica
una política asistencial dentro del marco de las políticas recomendadas por el
Banco Mundial. En cambio, en Venezuela y Bolivia hay un elemento central de
ruptura con la política del Banco Mundial y del FMI, que son las
renacionalizaciones o desprivatizaciones. Renacionalización de los recursos
naturales por parte de Bolivia, y en Venezuela la renacionalización de CANTV a
nivel de telecomunicaciones y anuncio de la renacionalización del sector de la
electricidad, además de la toma del control de las empresas públicas que se
produjo en el 2002-2003. Es un inicio de ruptura con el marco general de la
política del Banco Mundial. Vamos a ver lo que ocurre con la deuda, porque
Venezuela sigue pagando su deuda externa y transfiere hacia sus acreedores una
cantidad muy importante de recursos. Vamos a ver si en el futuro también a este
nivel Venezuela, Bolivia
y Ecuador van a tomar medidas hacia una política más
coherente con su orientación.
Chávez, Evo Morales, Kirchner y Rafael Correa se
declararon a favor de la creación de un Banco común del Sur y se anunció
oficialmente la creación de tal Banco, después de una reunión entre Kirchner y
Chávez. ¿Qué papel debería desempeñar este banco?
Los países del Sur están en
condiciones de salir del Banco Mundial y del FMI y de reunirse en un Banco del
Sur multilateral para apoyar proyectos dentro del marco del socialismo del
siglo XXI. Es decir, proyectos que no tienen nada que ver con el desarrollo
capitalista de sus economías sino con el desarrollo del sector público, y
también a nivel de cooperativas, comunidades indígenas... Esa es una
posibilidad, aunque hay otra, que es tener un Banco público del Sur que
potencie un supuesto desarrollo capitalista nacional del Sur, y eso no
constituye una alternativa. Lo que se precisa es un Banco del Sur situado
dentro del marco de una ruptura, es decir, una verdadera alternativa. La
coyuntura económica y política actual favorece este tipo de alternativa. Las
condiciones de América Latina son mucho más favorables que durante la década
perdida de la crisis de la deuda en los años ochenta. Hay posibilidades
económicas y hay una voluntad política de la mayoría de los pueblos de América
Latina para una ruptura radical con el sistema capitalista. El problema central
es la cuestión de la voluntad política. De manera evidente, Lula y Tabaré
Vázquez no tienen esa voluntad política, mientras que Chávez, Morales y
Kirchner, y probablemente Correa, se inclinan hacia la ruptura.
En cualquier caso, y dado el elevado déficit estadounidense y su repercusión
sobre el dólar, que seguirá bajando, se necesita un frente de países del Sur
que puedan situar sus reservas en un Banco propio y no tenerlas invertidas en
bonos del tesoro de Estados Unidos. Un banco del ALBA, capaz financiar
proyectos comunes en infraestructuras, en la industrialización, en la
transformación de las exportaciones, atento al desarrollo del mercado interno.
Un Banco así sería un instrumento muy importante para el proyecto de desarrollo
del socialismo del siglo XXI.
Una última cuestión. Tu libro no
trata exclusivamente de aspectos económicos relacionados con las políticas del
Banco Mudial, sino que aborda también cuestiones de naturaleza política. No es
un libro técnico, a pesar de la cantidad de datos económicos que contiene.
Ciertamente está escrito desde un
punto de vista político. La parte económica ha sido casi siempre muy importante
en mi trabajo, aunque nunca he dejado de tener en cuenta los factores políticos
y geoestratégicos; pero en el caso de este libro sobre el Banco Mundial se
trata sobre todo de política y de geoestrategia. El Banco Mundial no es una
institución con fines principalmente económicos, sino un instrumento de la
política exterior de las grandes potencias, encabezadas por Estados Unidos.
Este libro está basado en un trabajo de investigación hecho a partir de una
amplia documentación del propio Banco Mundial. Leí más de 15.000 páginas de
documentos, así que el lector puede encontrar en el libro argumentos y hechos
poco conocidos pero cuyas fuentes se encuentran en la propia documentación del
Banco... Estudiando de manera muy crítica esos documentos he podido sacar a la
luz cosas que nunca habían sido escritas, por ejemplo que el Banco Mundial, a
inicios de los sesenta, obligó a los países africanos que habían alcanzado la
independencia a asumir la deuda contraída por Gran Bretaña, Francia y Bélgica
para explotar los recursos naturales de los países colononizados, lo que
constituye una deuda odiosa que no debía haber sido pagada. También muestro la
importancia del impacto de la revolución cubana en 1959-60 sobre la política de
Estados Unidos y del Banco Mundial en América Latina al producirse la victoria
de la revolución. Hay
documentos que revelan cómo en el seno del Banco Mundial se tomaba en cuenta, y
muy en serio, el peligro del contagio revolucionario en América Latina. El
libro demuestra fehacientemente, por ejemplo, que en sus primeros 17 años de
existencia, el Banco Mundial no concedió ni un solo préstamo para escuelas o
para el abastecimiento de agua y tratamiento de residuos. O revela el doble
discurso del Banco Mundial comparando las declaraciones oficiales de la
institución con sus memorándums internos. En fin, creo que no es exagerado
decir que este libro ofrece muchos análisis novedosos que no hace falta citar
en este momento, pero que el lector puede descubrir por sí mismo.