Desde el hangar de los Rusos MI-17

Soldados venezolanos en torno a un helicóptero ruso M1-17 como parte de "Expo Ejército 2006" el 13 de junio de 2006 en Caracas.

Soldados venezolanos en torno a un helicóptero ruso M1-17 como parte de "Expo Ejército 2006" el 13 de junio de 2006 en Caracas.

Una brigada integrada por cinco técnicos rusos está a cargo de hacer la transferencia tecnológica de los sistemas de armas adquiridos por Venezuela. En la base aérea Generalísimo Francisco de Miranda, de La Carlota, opera el centro de control de las aeronaves. Este año llegarán 15 de los 33 helicópteros contratados.

Volar a temperaturas de hasta 42 grados centígrados bajo cero y ser testigos del minucioso ensamblaje del primer lote de helicópteros MI-17-V5 —que llegaron para renovar la flota aérea de Ejército venezolano— resume parte de la experiencia vivida por los pilotos y técnicos venezolanos en suelo ruso.

El Centro de Instrucción de Empleo Combativo de Helicópteros de la Federación de Rusia, asentado en la ciudad de Kazan, correspondiente a la República de Tatarstan, fue escenario del proceso de adiestramiento.

En uno de los hangares de la base aérea Generalísimo Francisco de Miranda, con sede en La Carlota, distrito capital, opera el centro de control de los helicópteros MI-17-V5. Allí se aborda la transferencia de tecnología, mediante la participación de cinco técnicos rusos que integran una brigada de mantenimiento.

En un área especialmente aclimatada para ellos, y con la ayuda de la intérprete Yelitza Sojo —una ingeniera en sistemas graduada en la ex Unión Soviética— transcurren los días del equipo ruso, responsable de lograr que en dos años los militares y técnicos venezolanos sean independientes en el uso de los sistemas.

Las jornadas transcurren entre el armado y desarmado de las naves, a fin de instruir a los oficiales en el diseño. “Nuestros pilotos vinieron calificados para operar esas máquinas en cualquier condición. Han ido a Rusia 45 oficiales y 50 técnicos”, explicó el general de brigada (Ej.) Víctor Paúl Sánchez Croes, comandante de la Aviación del Ejército.

A esto se suman las seis comisiones que se han trasladado para abordar los controles perceptivos, previos al arribo de las aeronaves.

La capacidad de respuesta del Ejército se incrementa en un 90%. “Hacemos trabajos de frontera en menos tiempo. De 12 horas se reducen a dos. Pueden movilizar 36 tropas equipadas en un solo viaje. Antes había que utilizar cinco helicópteros 4-12 o dos helicópteros 61”.

A pesar de ser equipos militares —agregó Sánchez Croes— “no hay que perder de vista el artículo 13 de la Constitución, que dice que Venezuela es un territorio de paz. Están diseñados para labor social, prácticamente el trabajo fuerte en La Esmeralda, asentamiento localizado en el corazón del Amazonas donde se desarrollará una base aérea logística, lo hicimos con MI-17”.

El intercambio cultural y la ruptura de paradigmas tecnológicos, marcan un hito en la historia militar venezolana, que se está escribiendo bajo el lema de la Soberanía y la búsqueda de nuevos mercados, ante el veto impuesto por Estados Unidos.

“Fue una formación bastante interesante. Dentro de todas las experiencias podemos contar que la parte de la temperatura fue muy exigente, tuvimos temperaturas muy bajas de hasta menos 42 grados centígrados y volamos en esas condiciones”.

Así describe el capitán Frank Rodríguez Parada parte de la experiencia que acumuló durante los ocho meses que recibió instrucciones para volar helicópteros de combate MI-35-M, sistemas que llegarán al país en los próximos días, según el cronograma de entregas que prevé la llegada de 15 aeronaves este año, distribuidas en seis MI-17-V5, ocho MI-35-M y un MI-26.

Los sistemas de calefacción adaptados a las aeronaves ayudaron a los criollos a soportar las extremas condiciones climáticas.

Volar de noche y con el hielo a cuestas, incluyó parte de las pruebas realizadas por los rusos para mostrar las capacidades de los sistemas de armas y afinar el adiestramiento de los pilotos.

Para el mayor Miguel Carrasquero, miembro de la comisión de producción, ensamblaje y aceptación en fábrica de los primeros seis MI-17, resultó un aprendizaje que suma puntos en su trayectoria.

“Comenzamos a trabajar el 12 de septiembre en la ciudad de Kazan. Participamos desde que se empezó a hacer el chasis hasta el proceso de laminado. Además, fuimos partícipes del vuelo de comprobación para verificar que el helicóptero fabricado estaba en condiciones óptimas”.

El teniente coronel Luis Gerardo González, comandante del Batallón Especial de Reconocimiento Francisco Conde, ubicado en la base Generalísimo Francisco de Miranda, también se entrenó en el manejo del MI-17.

De acuerdo con su valoración, “se trata de un equipo construido en forma minuciosa. Cada nave es única, no son producidas en serie, sino que cada parte se fabrica con mucho esmero”.

González señaló que “son máquinas autosuficientes. El mantenimiento es un poco más lejano que el de los sistemas occidentales y están hechos para operar en el campo permanentemente”.

Las adecuaciones de los sistemas métricos (kilómetros-millas) también fueron abordadas, para que puedan funcionar como equipos de armas integrados a los otros del comando de aviación del Ejército, afirmó González.

El general Sánchez Croes recordó que las aeronaves llevarán los nombres de algunas de las etnias venezolanas: Caribe (MI-35-M), Pemón (MI-26-T) y Panare (MI-17-V5), “pues se persigue reforzar la identidad nacional”.

Reiteró que el proyecto Pemón está constituido por 33 helicópteros, un centro de mantenimiento y un centro de entrenamiento.

Está previsto que el centro de mantenimiento se asiente en el batallón de helicópteros G/B Florencio Jiménez, con sede en el aeropuerto Las Flores, de San Felipe, estado Yaracuy, indicó el teniente coronel Pedro Luis Acosta, titular de la unidad.

Lograr la total transferencia tecnológica concentra uno de los principales objetivos. La base aérea de La Carlota se convierte así en uno de los principales escenarios para concretarlo.

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