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Noam Chomsky |
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19 de octuibre 2008. - El lingüista e intelectual público Noam Chomsky
ha sido por mucho tiempo un crítico del consumismo y el imperialismo
estadounidenses. "Der Spiegel" conversó con él sobre la actual crisis
del capitalismo, la retórica de Obama y la tolerancia de la clase
intelectual.
Las catedrales del capitalismo han colapsado, el gobierno
conservador está gastando sus últimas semanas en el poder en planes de
nacionalización. ¿Cómo le hace sentir eso?
Los tiempos son demasiado difíciles y la crisis demasiado grave para
permitirnos caer en lamentaciones. Mirando esto en perspectiva, el
hecho de que iba a haber una crisis financiera era perfectamente
previsible, su naturaleza general aunque no su magnitud. Los mercados
son siempre ineficientes.
-¿Qué preveía usted exactamente?
-En la industria financiera, como en otras industrias, hay riesgos
que quedan fuera de los cálculos. Si usted me vende un auto, hemos
hecho quizás un buen negocio para nosotros mismos. Pero hay efectos de
esta transacción sobre otros que no tomamos en cuenta: hay más
contaminación, el precio de la gasolina sube, hay más congestión. Esos
son los costos externos de nuestra transacción. En el caso de las
instituciones financieras, son enormes.
-¿Pero no es la tarea de un banco tomar riesgos?
-Sí. Y si se administra bien, como Goldman Sachs, cubrirá sus
propios riesgos y absorberá sus propias pérdidas. Pero ninguna
institución financiera puede administrar riesgos sistémicos. Por eso el
riesgo es subvaluado y se tomarán más riesgos de lo que sería prudente
para la economía. Con la desregulación gubernamental y el triunfo de la
liberalización financiera, los peligros de riesgos sistémicos, la
posibilidad de un tsunami financiero, aumentaron bruscamente.
-¿Es correcto culpar solamente Wall Street? ¿Acaso Main
Street, la clase media estadounidense, no vive también con dinero
prestado, que podría o no podría pagar?
-La carga de la deuda de los hogares privados es enorme. Pero no
haré responsable al individuo. Este consumismo está basado en el hecho
de que somos una sociedad dominada por los intereses de negocios. Hay
propaganda masiva para que todo el mundo consuma. El consumo es bueno
para las ganancias y el consumo es bueno para el establishment político.
-¿Cómo beneficia a los políticos que el populacho ande mucho en auto, coma mucho y vaya mucho de compras?
-El consumo distrae a la gente. Usted no puede controlar a su propia
población por la fuerza, pero puede distraerla mediante el consumo. La
prensa de negocios ha sido bastante explícita sobre esta meta.
-Hace un tiempo, usted llamó a Estados Unidos "el más grande
país de la Tierra". ¿Cómo calza eso con lo que usted ha estado diciendo?
-En muchos aspectos, Estados Unidos es un gran país. La libertad de
expresión está más protegida que en cualquier otro país. Es también una
sociedad muy libre. En Estados Unidos, el profesor conversa con el
mecánico. Están en la misma categoría.
-Tras viajar por Estados Unidos hace 170 años, Alexis de
Tocqueville informó que "el pueblo reina sobre el mundo político de
Norteamérica como Dios rige el universo". ¿Era un soñador?
-La posición de James Madison en la Convención Constitucional era de
que el poder del Estado debía ser usado "para proteger a la minoría
opulenta contra la mayoría". Es por eso que el Senado sólo tiene 100
miembros, que en su mayoría son ricos y a los que se dio mucho poder.
La Cámara de Representantes (diputados), con varios cientos de
miembros, es más democrática y se le dio mucho menos poder. Hasta
liberales como Walter Lippmann, uno de los intelectuales destacados del
siglo XX, era de opinión de que "en una democracia que funcione
apropiadamente, la minoría inteligente, que debiera gobernar, tiene que
ser protegida de los pisotones y vociferaciones de la horda
descontrolada". Entre los conservadores, el vicepresidente Dick Cheney
recientemente ilustró acerca de cómo entiende la democracia. Se le
preguntó por qué apoya una continuación de la guerra en Irak cuando la
población se opone fuertemente. Su respuesta fue: "¿Y qué"?
-"Cambio"
es el eslogan de la elección presidencial de este año. ¿Ve usted alguna
posibilidad para un cambio inmediato y tangible? O, para emplear el
grito de batalla de Obama, ¿está usted ‘encendido’?"
-Para nada. La reacción europea respecto de Obama es un autoengaño.
-Pero él dice cosas que Europa ha esperado largamente. Habla
de la sociedad transatlántica, de la prioridad de la diplomacia y de la
reconciliación de la sociedad.
-Eso es pura retórica. ¿A quién le importa eso? Toda esta campaña
electoral tiene que ver con una retórica inflamada, esperanza, cambio,
todo tipo de cosas, pero no con los temas.
-¿Acaso prefiere usted al otro equipo: el septuagenario
veterano de Vietnam [John McCain] y la ex reina de belleza de Alaska
[Sarah Palin]?
-Este fenómeno de Sarah Palin es muy curioso. Pienso que si nos
están observando desde Marte pensarán que el país se ha vuelto loco.
-Los votantes archiconservadores y religiosos parecen estar encantados.
-No se debe olvidar que este país fue fundado por fanáticos
religiosos. Desde Jimmy Carter, los fundamentalistas religiosos han
jugado un papel de primera importancia en las elecciones. Él fue el
primer presidente que se mostró como un cristiano renacido y eso
encendió una pequeña luz en las mentes de los directores de campañas
políticas: pretende ser un fanático religioso y puedes ganar de
inmediato un tercio de los votos. Nadie preguntó si Lyndon Johnson iba
a la iglesia todos los días. Bill Clinton es probablemente tan
religioso como yo, es decir cero, pero sus operadores se aseguraron de
que cada domingo en la mañana estuviera en la iglesia bautista cantando
himnos.
-¿No hay nada en McCain que a usted le atraiga?
-En un aspecto, es más honesto que su oponente. Declara
explícitamente que en esta elección no se trata de temas sino de
personalidades. Los demócratas no son tan honestos, por mucho que lo
ven de la misma manera.
-Para usted, entonces, ¿republicanos y demócratas representan sólo ligeras variaciones de la misma plataforma política?
-Por supuesto que hay diferencias, pero no son fundamentales. Nadie
debiera hacerse ilusiones. Estados Unidos tiene esencialmente un
sistema de partido único y el partido gobernante es el partido
empresarial.
-Usted exagera. En casi todos los asuntos vitales, desde la
tributación de los ricos a la energía nuclear, hay posiciones
diferentes. Al menos en los temas de la guerra y la paz, difieren
notoriamente. Los republicanos quieren pelear en Irak hasta la
victoria, aunque les tome 100 años, según McCain. Los demócratas exigen
un plan de retirada.
-Veamos las "diferencias" más de cerca y advertiremos lo limitadas y
cínicas que son. Los halcones dicen: si seguimos, podemos ganar. Las
palomas dicen: nos está costando demasiado. Pero intente encontrar un
político estadounidense que diga francamente que esta agresión es un
crimen: el tema no es que ganemos o no, sea o no sea caro. ¿Recuerda la
invasión rusa a Afganistán? ¿Tuvimos un debate sobre si los rusos
podían ganar la guerra o si era demasiado cara? Este puede haber sido
el debate en el Kremlin o en el "Pravda". Pero es el tipo de debate que
se esperaría en una sociedad totalitaria. Si el general Petraeus
pudiera lograr en Irak lo que Putin logró en Chechenia, sería coronado
rey. La pregunta clave es aquí si aplicamos para nosotros los mismos
estándares que les aplicamos a otros.
-¿Quién le impide a los intelectuales hacer y responder
críticamente estas preguntas? Usted elogió la libertad de expresión en
Estados Unidos.
-El mundo intelectual es profundamente conformista. Hans Morgenthau,
que fue un fundador de la teoría de las relaciones internacionales
realistas, condenó una vez lo que llamó "el servilismo conformista al
poder" por parte de los intelectuales. George Orwell escribió que los
nacionalistas, que son prácticamente la clase intelectual completa de
un país, no sólo no desaprueban los crímenes de su propio estado, sino
que tienen la notable capacidad de ni siquiera verlos. Eso es correcto.
Hablamos muchos de los crímenes de los otros. Cuando se trata de
nuestros propios crímenes, somos nacionalistas en el sentido orwelliano.
-¿Pero no hubo y no hay, en Estados Unidos y en el mundo, una fuerte protesta contra la guerra de Irak?
-La protesta contra la guerra en Irak es mucho mayor que contra la
guerra de Vietnam. Cuando hubo cuatro mil muertes estadounidenses en
Vietnam y se desplegaron 150.000 efectivos militares a nadie le
importó. Cuando Kennedy invadió Vietnam en 1962 apenas hubo un bostezo.
-Para concluir, ¿tal vez pudiera brindar una palabra conciliatoria sobre el estado de la nación?
-La sociedad estadounidense se ha hecho más civilizada, en gran
parte como resultado del activismo de los años sesenta. Nuestra
sociedad, y también las de Europa, se hicieron más libres, más
abiertas, más democráticas y, para muchos, bastante aterradoras. Esa
generación fue condenada por eso. Pero tuvo un efecto.