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Caracas,
19 Sep. ABN.- Los autores de un extenso informe sobre derechos humanos
en Venezuela son expulsados del país; tal acción se corresponde en una
respuesta del gobierno nacional ante dicha agresión a la soberanía
nacional.
El 18 de septiembre, la organización estadounidense Human Rights
Watch (HRW) emitió un informe titulado “Una década de Chávez”, cuyo
objetivo es cumplir con la misión tarifada de validar las acusaciones
imperiales sobre los derechos humanos contra el gobierno bolivariano.
Tras la rueda de prensa que dieron en Caracas, José Miguel Vivanco,
encargado para América Latina de la organización, y Daniel Wilkinson,
responsable del informe, han sido expulsados de Venezuela por la
Cancillería y por el Ministro del Interior y Justicia.
Como se les dio a conocer al conducirles al aeropuerto
internacional de Maiquetía, no podrán regresar al país para replicar
sus mentiras, al haber violado sus derechos legales como turistas, para
violentar la soberanía nacional e insultar a las instituciones
constitucionales de la República Bolivariana de Venezuela.
Un apéndice de la injerencia imperial
En un voluminoso libro de casi 300 páginas, la organización
estadounidense pretende retratar una década de revolución bolivariana,
bajo el “equilibrado” subtítulo de Intolerancia política y
oportunidades perdidas para el progreso de los derechos humanos en
Venezuela. No obstante, se trata de un nuevo ejercicio orientado a
atacar sin fundamento el proceso revolucionario, mediante la
manipulación deliberada de la realidad y del propio derecho
internacional. Con su divulgación, Human Rights Watch pone una vez más
al descubierto que no es más que uno de tantos apéndices de la
injerencia estadounidense, que opera bajo la mascarada de ONG.
Para replicar la eterna cantinela del gobierno de Bush, la supuesta
organización independiente revisa y refuerza las acusaciones e infamias
que a diario llenan los titulares de la prensa de oposición, así como
los pronunciamientos y reportes de Washington.
En esta ocasión, las baterías se enfilan hacia la presunta
discriminación política, la independencia de poderes, la libertad de
expresión y los medios de comunicación y la libertad sindical. Para
ello, la “ONG” traza un retrato deliberada y grotescamente desfigurado
de la realidad nacional, pretendiendo acomodarla al guión impuesto por
Washington y su agenda de intervención. Cabe destacar que la
publicación del informe coincide con la expulsión de Venezuela del
embajador norteamericano y, al igual que en ocasiones anteriores, es
dado a conocer en vísperas de un nuevo proceso electoral.
Expulsión y regreso al comando central
Mediante un breve comunicado, el Gobierno ha informado en la noche
del jueves a los responsables de la rueda de prensa su decisión de
expulsarlos del país, luego de que agredieran a las instituciones de la
democracia venezolana, inmiscuyéndose ilegalmente en los asuntos
internos del país. La decisión, tomada en base a los valores
constitucionales de defensa de la soberanía nacional y la dignidad del
pueblo venezolano, incluye la prohibición de retorno para ambos
personajes de la injerencia imperial.
Mediante un ajustado retrato de la realidad, la Cancillería y el
Ministro del Interiror informaron a los sujetos que la medida se
ajustaba a la política de Estado de defender a la nación de las
'agresiones de factores internacionales que responden a intereses
vinculados y financiados por las agencias del gobierno de los Estados
Unidos de América' – aunque actúen bajo la falsa mascarada de
defensores de derechos humanos.
La distorsión deliberada de la realidad
Venezuela presenta en la actualidad uno de los récords de derechos
humanos más impresionantes. Aunque queda mucho por hacer, la mayoría de
las garantías de la Constitución de 1999 han sido implementadas,
particularmente en relación con las necesidades fundamentales de los
ciudadanos – como lo son el derecho a la alimentación, a la salud, a la
educación, a la vivienda, a la seguridad social, al trabajo y a la
participación.
Como sucede con todas las organizaciones que comparten y defienden
la visión capitalista, HRW omite toda referencia a estos progresos,
desconociendo los informes internacionales que los certifican. Entre
otros avales negados por la organización, destacan la certificación por
parte del PNUD del progreso general y el logro adelantado en el
cumplimiento de varias Metas del Milenio – de manera particular, la
certificación de que la pobreza extrema disminuyó en un 54% respecto de
1998, y la disminución de la pobreza en general en un 34%.
Asimismo, HRW omite otras numerosas fuentes internacionales de
derechos humanos, cuyos métodos de evaluación no responden a los
intereses del gobierno, pero que sin embargo han certificado
ampliamente los progresos logrados por el gobierno bolivariano.
Entre ellos, cabe destacar la declaratoria de Venezuela como
territorio libre de analfabetismo por parte de la UNESCO; la evaluación
positiva por parte de la Organización Mundial de la Salud del programa
de salud primara Barrio Adentro; la certificación de los avances en
materia de refugio por parte de la Agencia de las Naciones Unidas para
el Refugio; el respaldo de la Organización de las Naciones para la
Alimentación a las políticas en materia de seguridad y soberanía
alimentarias; y el reconocimiento de los avances en materia de derechos
de pueblos indígenas por parte del Comité de las Naciones Unidas contra
la Discriminación Racial.
El cuento de la independencia de poderes
Entre otros señalamientos, HRW asegura que el gobierno de Chávez
irrespeta el principio de la separación de poderes – específicamente,
en relación con el Poder Judicial. La propia organización escribió en
un reporte anterior que cuando Chávez llegó a la presidencia en 1999,
heredó un poder judicial plagado por años de interferencias políticas y
corrupción, que calificó de “en bancarrota” bajo la perspectiva de la
credibilidad. No obstante, reconoció que bajo Chávez, el acceso a la
justicia se había visto mejorado, gracias a la expansión de las cortes.
También el Banco Mundial señaló que la reforma judicial había permitido
progresos significativos, destacando que el Tribunal Supremo de
Justicia era “más moderno y eficiente”.
Más recientemente, la Corte Interamericana de Derechos Humanos
estableció en un reciente fallo que no hay indicio alguno de que el
Poder Judicial carezca de independencia – el principal argumento
político sobre el que se ha sustentado toda la estrategia de acoso a la
República en materia judicial, y que se quedó huérfana de justificación
por mandato del alto organismo interamericano. No obstante, HRW, que se
califica a sí misma de organización de derechos humanos, parece no
haberse enterado.
En materia de independencia electoral, las innumerables consultas
electorales que han tenido lugar en el país han sido sistemáticamente
calificadas de transparentes por observadores internacionales de toda
la geografía mundial – incluyendo los de organismos como la
Organización de Estados Americanos. Otra prueba incontrovertible de la
vigorosidad de la independencia de poderes en la Venezuela bolivariana
fue la derrota que la propuesta de reforma constitucional impulsada por
el propio presidente sufrió en el referendo del pasado mes de diciembre
– así como su escrupuloso reconocimiento por parte del mandatario.
La presunta discriminación política
La organización señala que la discriminación política es una de las
“características principales” de la presidencia de Hugo Chávez.
Considera correctamente que el golpe de 2002 contra el gobierno
democrático fue el 'retroceso más dramático' de derechos humanos en la
década pasada. No obstante, critica la condena que el propio Presidente
Chávez ha realizado de su derrocamiento y califica sus opiniones de
ejemplos de “discriminación política” contra la oposición.
Con la replicación de este lugar común de los sectores que se
oponen al primer mandatario, la organización contradice sus
declaraciones de años pasados, cuando reconoció ampliamente el derecho
del Presidente y sus seguidores de responder al lenguaje
desproporcionado de sus adversarios políticos. Asimismo, parece señalar
que la forma de “respetar” los derechos de la oposición es mediante la
negación del derecho de libre expresión del primer mandatario.
Por otra parte, la organización omite la promulgación de un Decreto
presidencial que a finales del año pasado perdonó a los participantes
del golpe de abril de 2002, así como del resto de intentonas orientadas
a derrocar al gobierno democrático, que no hubieran incurrido en
violaciones a derechos humanos. “Se trata de pasar la página”, señaló
en esa ocasión Chávez. 'Queremos que haya un debate político e
ideológico fuerte, pero pacífico.”
La cantinela de la libertad de expresión
Recogiendo una acusación ya consuetudinaria en los informes de
organizaciones afines a los intereses del Departamento de Estado, HRW
asegura que Chávez ha afectado el balance de los medios de comunicación
a favor del gobierno, presionando a los medios opositores críticos. No
obstante, al igual que durante el golpe de 2002 contra Chávez, la
mayoría de medios de comunicación en Venezuela sigue bajo el dominio de
sectores de oposición.
Los medios “antigubernamentales” a los que se refiere HRW siguen
ostentando la mayoría de las frecuencias radioeléctricas, y la práctica
totalidad de diarios nacionales siguen llenando los kioscos del país de
titulares amarillistas y antigubernamentales. En la mayoría de los
casos, sus coberturas siguen incluyendo un esfuerzo permanente de
desestabilización de los procesos democráticos, en desmedro de los
principios básicos de la comunicación periodística.
A su vez, la creación por el gobierno de nuevos canales de
televisión de uso público responden a los objetivos de desarrollo de la
oferta comunicacional, en base a los valores constitucionales. Su
creación no ha evitado que los principales canales opositores sigan
usando la frecuencia para atacar abiertamente al gobierno.
Por otra parte, en 10 años de gobierno, no ha habido en Venezuela
un solo caso de censura ni de cierre de medios opositores. En el caso
del canal privado RCTV, el gobierno, en ejercicio de una prerrogativa
legal como administrador del espectro radioeléctrico, negó la solicitud
de renovación de la concesión de uso de la frecuencia radioeléctrica,
luego de que los dueños de ese medio abusaran de manera permanente de
sus derechos.
Libertad de asociación sindical y de la sociedad civil
HRW asegura que el gobierno de Chávez ha violado la libertad de
asociación de los trabajadores, buscando controlar la organización
sindical. No obstante, en los últimos diez años se ha promovido
activamente la formación de sindicatos y la contratación colectiva, y
en modo alguno el sector ha sido cooptado. La Unión Nacional de
Trabajadores (UNT) fue fundada en abril 2003 por trabajadores que
apoyan el proceso político impulsado por el gobierno, pero desde
entonces han mantenido un liderazgo sindical independiente – como lo
muestran sus múltiples pronunciamientos en conflictos laborales
particulares.
Por otra parte, las falsas acusaciones que presentó por años la
Central de Trabajadores de Venezuela la Organización Internacional del
Trabajo fueron finalmente desechadas. En la actualidad, no reposan
casos sustanciales contra el gobierno nacional en dicho organismo. A su
vez, el líder principal de esa organización se encuentra fugado de la
justicia, luego de haber liderado por años la campaña de
desestabilización de la democracia y la economía nacionales.
Finalmente, HRW asegura que el gobierno de Chávez ha perseguido una
política “agresiva” contra las organizaciones locales de derechos
humanos y de la sociedad civil No obstante, bajo el gobierno de Chávez,
las denuncias sobre derechos humanos se han vuelto pan diario en los
medios de comunicación opositores.
Complementariamente, la organización popular y comunitaria con
fines sociales ha conocido un crecimiento desconocido en la historia
nacional. El gobierno ha promovido la creación de consejos comunales
para promover la participación directa de la población en la gestión
pública, asegurando una democratización inédita del poder público. La
población tiene ahora la oportunidad de incorporarse así mismo a las
dinámicas de contraloría social de las políticas públicas conocidas
como misiones, así como a la gestión de los servicios básicos locales.
El Caballo de Troya
En los inicios de la confrontación política, Human Rights Watch
(HRW) fue la organización internacional no gubernamental de derechos
humanos que informó de manera más balanceada sobre la situación en
Venezuela. En sus informes y comunicados, reconoció la actitud
antidemocrática y desestabilizadora de la oposición y sus medios de
desinformación, refutó las acusaciones sobre la presunta vulneración de
la libertad de expresión, y destacó en múltiples ocasiones la vigencia
de la democracia.
Abril 2002: HRW denunció el golpe pero avaló la dictadura
El 12 de abril, HRW divulgó un comunicado reconociendo 'el
derrocamiento del presidente venezolano Hugo Chávez Frías' y la amenaza
que representaba para 'los derechos humanos y el estado de derecho', y
manifestó su preocupación por 'la posibilidad' de que Chávez no hubiera
dejado el cargo voluntariamente.
La condena al golpe de Estado se vio matizada por medio del
reconocimiento de las “autoridades de transición” y por la demanda de
que las mismas “respetaran” las normas de derecho en sus acciones –
extremo legal que no estaban en condiciones de cumplir, luego de que
sus acciones hubieran barrido con la legalidad democrática en el país.
De dicho comunicado se deduce que la organización no consideraba
conculcado el Estado de Derecho; y que no condenó “rotundamente” el
atentado contra el orden constitucional del país, como pretendió hacer
ver posteriormente.
Cambio de seña
En 2003, HRW adelantó una enérgica campaña en contra de la Ley de
Responsabilidad Social en Radio y Televisión y convalidó las falsas
acusaciones sobre sus supuestas amenazas a la libertad de expresión.
Además de basar su análisis en una abierta manipulación del derecho
internacional vinculado a la responsabilidad de medios de comunicación
en el ejercicio de sus derechos, su actuación se orientó por el
desconocimiento del principio de separación de poderes, al hacer
llamados al Presidente a intervenir en un proceso del que se encargó el
Poder Legislativo.
Durante las acciones violentas de la oposición de febrero y marzo
de 2004 (conocidas como “guarimbas”), HRW puso de nuevo en evidencia su
parcialidad, al pronunciarse sin revisar el comportamiento violento de
los manifestantes y los objetivos desestabilizadores de sus líderes,
así como de los medios de comunicación opositores. Ese mismo año, con
su “campaña” contra la Ley del Tribunal Supremo de Justicia, HRW perdió
completamente su pretendida condición de fungir de “observatorio de
derechos humanos”, para convertirse en agente político de injerencia
externa.
Campaña contra la Ley del TSJ: la agenda del departamento de Estado
En junio de 2004, HRW presentó un informe sobre la Ley del TSJ, en
el que denunciaba la supuesta politización de la justicia y el supuesto
poder de la nueva ley para “purgar y coptar” de adeptos el TSJ, a
partir de argumentos desconocedores de los principios democráticos.
Además de tergiversar completamente los contenidos de la ley y la
realidad del Poder Judicial, el informe se orientó a promover la
injerencia extranjera, al demandar la aplicación de la Carta
Democrática y el bloqueo en las políticas de cooperación internacional
por parte de las agencias multilaterales del capitalismo global.
En ocasión de esta campaña, la agencia estadounidense Stratfor, de
tendencia imperialista y ultraderechista, reconoció que la estrategia
parcializada de HRW respondía a la agenda del Departamento de Estado.
Para defenderse de las críticas, HRW afirmó ser uno de “los
críticos más rigurosos de las políticas norteamericanas que afectan la
protección de los derechos humanos”. Sin embargo, la organización nunca
se ha pronunciado acerca del total sometimiento del Poder Judicial al
Ejecutivo en esa república – incluido el nombramiento directo por parte
del Presidente de los magistrados de la Corte Suprema y de las cortes
federales, así como del Fiscal General y de los fiscales federales.
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