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Al rechazar críticas por su relación con su par venezolano Hugo Chávez, el mandatario boliviano Evo Morales dijo ayer: “no voy a distanciarme de ningún presidente excepto (del gobernante estadunidense) George W. Bush, porque tiene una política intervencionista criminal”. La imagen, ayer en el palacio de gobierno, durante un encuentro con la prensa internacional | Credito: Reuters |
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Nueva York, 14 de mayo. “Si hubo una era de hegemonía de Estados
Unidos en América Latina, se acabó”, concluye un informe sobre las
relaciones de Washington con la región emitido hoy por el centro de
estudios de relaciones internacionales más influyente del país.
El informe Relaciones Estados Unidos–América Latina: Una nueva dirección para una nueva realidad
fue elaborado por un grupo independiente de expertos patrocinado por el
Consejo sobre Relaciones Exteriores (Council on Foreign Relations, o
CFR), el cual afirma que “la política estadunidense ya no puede ser
basada sobre la suposición de que Estados Unidos es el actor exterior
más importante en América Latina”.
Establece que “por más de 150
años la Doctrina Monroe ofreció los principios que guiaban la política
estadunidense hacia América Latina, afirmando la primacía de Estados
Unidos en las relaciones exteriores de la región. Durante las últimas
dos décadas estos principios se han vuelto cada vez más obsoletos”.
El
problema ahora, añade, es que “el marco básico de la política en
Washington no ha cambiado lo suficiente para reflejar esa nueva
realidad”. Por lo tanto, sugiere que los formuladores de política hacia
la región tienen que cambiar la manera de pensar: “América Latina no es
de Washington para perderla; tampoco es de Washington para salvarla. El
destino de América Latina está, en gran medida, en las manos de América
Latina”.
Así, el grupo de trabajo insta al próximo presidente de
Estados Unidos a comprometerse a trabajar de manera cooperativa con los
países latinoamericanos y considera que “la política estadunidense
hacia la región debería de complementar las iniciativas
latinoamericanas” en rubros como la reducción de pobreza, la mejoría de
la seguridad pública y temas como el de la energía.
El grupo,
presidido por la ex representante de Comercio de Estados Unidos
Charlene Barshefsky y el general James T. Hill, el ex comandante del
Comando del Sur de Estados Unidos, e integrado por casi 20 figuras
incluidos ex legisladores, políticos, asesores, reconocidos
especialistas y guiado con la asesoría de Julia Sweig, directora de
Estudios de América Latina del CFR, elaboró una serie de
recomendaciones para la política estadunidense hacia la región.
Al
señalar que América Latina se ha beneficiado de la “apertura
democrática, políticas económicas estables” y el crecimiento económico,
reconocen que hay una serie de desafíos para los países del área que
surgen de su integración a los mercados globales, así como de la
necesidad crítica de “fortalecer instituciones estatales históricamente
débiles”. Estos desafíos, subrayan, importan cada vez más para Estados
Unidos ya que “los vínculos económicos y sociales cada vez más
profundos ligan el bienestar de Estados Unidos a la estabilidad y
desarrollo de la región”.
El estudio detalla los factores en esta
relación cada vez más integrada: el comercio estadunidense con la zona
creció 139 por ciento de 1996 a 2006; América Latina es ahora el
principal surtidor de petróleo extranjero para Estados Unidos (casi 30
por ciento de las importaciones comparado con 20 por ciento que trae
desde Medio Oriente), y es también la mayor fuente de narcóticos
ilegales. Además, la migración se ha acelerado contribuyendo al hecho
de que los latinos ahora son 15 por ciento de la población
estadunidense y representan casi 50 por ciento del crecimiento de la
población. Todos estos factores reflejan cómo “el bienestar de América
Latina directamente afecta a Estados Unidos”.
Pero a la vez, a
pesar de esta integración, la globalización de América Latina ahora
implica que la política estadunidense es sólo uno de varios factores
que compiten para influir en la región, y varios países grandes del
área ya han diversificado sus relaciones al grado de que Estados Unidos
ya no es determinante. A la vez, el informe registra que las
percepciones populares de Estados Unidos en la zona han cambiado, con
“la estima del liderazgo global y hemisférico estadunidense en su nivel
más bajo en la región en la memoria reciente”.
Esta creciente
desconfianza, señala, ha permitido que líderes como Hugo Chávez, Evo
Morales, Rafael Correa y hasta Felipe Calderón logren generar apoyo
doméstico al criticar a Washington. Agrega el documento que la aparente
incapacidad de varios gobiernos para cumplir con promesas de seguridad
y prosperidad compartida, han minado la fe en “la democracia
representativa”, lo cual ha alentado “la elevación de líderes que
prometen amplios cambios políticos y sociales”, como Chávez, que es
considerado preocupante por su campaña para “enajenar a América Latina
de Estados Unidos y promover políticas exteriores que podrían
desestabilizar la región”.
Advierte que a pesar de la
liberalización economía, casi 200 millones de latinoamericanos –37 por
ciento– viven en la pobreza y eso, combinado con el problema de la
desigualdad, genera “barreras” contrarias a los intereses
estadunidenses, ya que nutren “polarizacion política y tumulto social,
revelando la vulnerabilidad de las instituciones estatales ya de por si
débiles, fomentando violencia, obstaculizando el crecimiento económico”
y minando a la vez el apoyo a la democracia. “Los ciudadanos
latinoamericanos esperan correctamente que la democracia entregue más
igualdad, justicia social y prosperidad, no sólo representación
formal”, asienta el informe.
Otro fenómeno clave relacionado con
fallas en las economías de la región se manifiesta en que casi 18
millones de migrantes latinoamericanos viven en Estados Unidos.
Concluye
que hasta ahora el enfoque de la política estadunidense sobre comercio,
democracia y droga es inadecuado frente al nuevo panorama, el grupo de
trabajo de CFR identifica cuatro rubros que deben ofrecer las bases
para la política estadunidense hacia América Latina: migración, pobreza
y desigualdad, seguridad energética y seguridad pública.
Recomienda
promover una serie de iniciativas de cooperación con el área,
particularmente a través de instituciones multilaterales; promoción de
una reforma migratoria comprensiva que sea prioridad para el próximo
presidente, mayor cooperación en “seguridad energética” con la región,
profundizar las “relaciones estratégicas” con Brasil y México, y mayor
enfoque en el fortalecimiento de instituciones estatales que son claves
tanto para enfrentar problemas de seguridad pública como retos
económicos y sociales.
También mantener las relaciones con
Venezuela, y buscar que a través de foros multilaterales se aborden las
políticas de ese país. Aboga por abrir canales de comunicación formales
e informales con Cuba, declarando que “Estados Unidos debería dar una
serie de pasos con el objetivo de levantar el embargo contra Cuba”.
Para ver el informe completo: www.cfr.org/content/publications/attachments/LatinAmerica_TF.pdf