El
debate que se suscitó entre los gobernantes de España y Venezuela
durante la XVII Cumbre Iberoamericana, celebrada en Chile el pasado fin
de semana, le recordó al mundo entero que el gobierno del ex presidente
español, José María Aznar, fue cómplice del golpe de Estado de abril de
2002 contra el mandatario venezolano Hugo Chávez.
Durante la
Cumbre, Chávez acusó a Aznar de "fascista" por haber participado en la
estrategia golpista que lo alejó del poder por 47 horas.
Las palabras del
gobernante suramericano irritaron a su homólogo español, José Luis
Rodriguez Zapatero, e incluso, mostraron otra cara del rey Juan Carlos
I de Borbón, quien mandó a callar al presidente venezolano.
Sin embargo, la complicidad española que Chávez denunció en la Cumbre fue comprobada
el 1° de diciembre de 2004 por el canciller español, Miguel Ángel
Moratinos, ante la comisión de asuntos exteriores de la Cámara baja del
parlamento de ese país europeo.
En su discurso,
Moratinos citó telegramas del embajador español en Venezuela para la
época, Viturro de la Torre, dirigidos al Ministerio de Asuntos
Exteriores de España, que prueban que el Gobierno de Aznar estaba al
tanto de que lo que estaba sucediendo en Venezuela era un golpe de
Estado y no una transición democrática producida por un "vacío" de
poder, tal y como pretendían justificar los civiles y militares que
planearon la estrategia.
El Gobierno de
Aznar insistió en calificarlo como "transición democrática" y nunca usó
el calificativo de golpe de Estado, indicó Moratinos.
"Pero lo cierto
es que (el gobierno) no utilizó esa calificación de golpe de Estado
públicamente los días 12 y 13, ni en la Declaración Conjunta ni en la
Declaración que hizo como Presidencia de turno de la Unión Europea
(UE). El Gobierno anterior interpretó públicamente lo que estaba
sucediendo en Venezuela, es decir, el golpe de Estado como un vacío de
poder para que pudiese encajar en las previsiones del artículo 350 de
la misma Constitución venezolana y transformar un golpe de Estado malo
en un traspaso de poderes provisional bueno, dentro de los marcos
legales constitucionales. Tras lo cual, el régimen golpista de Carmona
podría ser reconocido internacionalmente", dijo Moratinos en aquella
oportunidad.
Según el relato
de Moratinos, De la Torre reportó el 9 de abril de 2002 -vía
telegrama- el inminente golpe de Estado contra Chávez y recibió
órdenes precisas de la Cancillería española de entrevistarse con el
auto proclamado presidente venezolano, Pedro Carmona Estanga, a quien
debía sugerirle no liberar inmediatamente a Hugo Chávez, preso en una
isla al norte de Venezuela, sino respetar los "compromisos" rotos por
el polémico decreto y así lograr que la Organización de Estados
Americanos (OEA) reconociera al nuevo gobierno.
El 12 de abril de
2002, en horas de la tarde, Carmona, acompañado de militares, actores
políticos y miembros prominentes de la Iglesia Católica, firmaron el
llamado "Carmonazo" o Acta de Constitución del Gobierno de Transición
Democrática y Unidad Nacional, mediante el cual se disolvieron todos
los poderes del Estado, proclamándolo como presidente del gobierno de
transición.
"Los rumores de
golpe de Estado militar y se ha confirmado presencia en Caracas del
general Enrique Medina Gómez, destinado en Washington como
representante de Venezuela en Comité militar (de la) OEA, que goza de
gran prestigio entre Fuerzas Armadas y que, se dice, podría liderar
golpe cívico militar en unión de Efraín Vázquez Velasco, Comandante del
Ejército de Tierra", afirma el telegrama.
Las informaciones
dadas por el ex embajador español en Venezuela a Aznar daban cuenta de
la utilización de una movilización de civiles para poner los "muertos
necesarios" para lograr la "intervención del Ejército".
"Estrategia (de
la) oposición dirigida a conseguir (la) salida (del) Presidente Chávez
a través (de la) presión (al) ejército, está dando, pues resultado.
Confederación (de) trabajadores (de) Venezuela patronal aprovecharon
conflicto (de) Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima (PeDeVeSA) para
conseguir (la) movilización masiva (de la) población caraqueña, que por
su parte puso ayer tarde (los) muertos necesarios para provocar (la)
intervención (del) ejército, única fuerza en este país, frente a
debilidad partidos políticos (de la) oposición, capaz de poner fin al
Gobierno del Presidente Chávez", rezaba un telegrama del embajador
español.
"El propio
Presidente Aznar respondió a la llamada de Carmona (el 11 de abril), a
pesar de saber que era un golpista, para aconsejarle en este mismo
sentido", denunció Moratinos ante los diputados.
Intentos por legitimar el golpe
La adhesión
incondicional del gobierno español a los criterios de Estados Unidos,
promotor principal del golpe, llegó al paroxismo cuando emitieron una
nota conjunta bajo el título "Declaración conjunta de los Estados
Unidos de América y de España sobre la situación en Venezuela" el 12 de
abril.
Sobre este punto,
el canciller Moratinos explicó, en su intervención, la estrategia
signada por el gobierno de Aznar para intentar conseguir la firma de
esta Declaración Conjunta por parte de otros países, lo cual le daría
legitimidad al gobierno de facto que se instauraba en Venezuela.
La nota, una vez
que se da por consolidado el golpe y la expulsión del presidente
constitucional, hace "un llamamiento para que cese la violencia y se
recupere la tranquilidad ciudadana" como modo de aceptación del nuevo
régimen golpista.
El mensaje estaba
claro: aceptación del golpe militar y todos los esfuerzos para
consolidar el nuevo régimen. "La situación de Venezuela con Chávez era
insostenible", afirmó el ex ministro de Exteriores español y presidente
de turno del Consejo Europeo, Josep Piqué, para justificar el golpe.
"La Carta
Democrática Interamericana aprobada por la OEA el 11 de septiembre de
2001 en Lima, que España ha hecho suya, hacía imposible que los Estados
miembros pudieran reconocer un Gobierno surgido de un golpe de Estado,
haciendo imposible invocar la doctrina Estrada.
Si la junta
provisional golpista quería ser reconocida por la OEA, tenía que
argumentar jurídicamente que se había producido un traspaso de poderes
constitucional y no un golpe de Estado", recordó Moratinos.
Entonces, España solicitó a varios países americanos y europeos sumarse a la Declaración Conjunta, pero cuatro se negaron.
"Además, cuatro
países a los que se solicitó que sumasen su firma a la Declaración
Conjunta, se negaron. Estamos hablando de México, Brasil, Argentina y
Francia", argumentó Moratinos.
Vacío de Poder
Para poder
legalizar el golpe de Estado en Venezuela, y según la Constitución de
ese país (que no admite la figura del vacío de poder), Chávez tenía que
renunciar y destituir a su vicepresidente, que asumiría el mando en
ausencia del jefe del Estado. Si no existiese vicepresidente, el
gobierno debe liderarlo el presidente de la Asamblea Nacional o en todo
caso el vicepresidente de la misma.
En todo momento,
los golpistas aseguraron tener una carta de renuncia rubricada por
Chávez, donde además destituía al entonces vicepresidente de Venezuela,
Diosdado Cabello. El documento, nunca apareció. Además, el presidente y
vicepresidente del parlamento, se negaron en todo momento a dejar sus
puestos.
"La junta cívico
militar anunció que el Presidente Chávez había renunciado y que el
Vicepresidente había abandonado su cargo. Sin embargo, no presentó
documento alguno que lo probara. El Embajador Viturro envió la versión
de los militares golpistas a Madrid sin contrastarla", añadió Moratinos.
De acuerdo con
Moratinos, en una de las misivas de Viturro, éste destacaba que el
golpe de Estado estaba sustentado en el artículo 350 de la Constitución
venezolana, el cual reza: "El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición
republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad,
desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contrarie
los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los
derechos humanos".
Para demostrar
que Chávez y su Gobierno habían cometido crímenes de lesa humanidad,
los conspiradores utilizaron francotiradores apostados en edificios
cercanos a la marcha y provocaron una veintena de muertos, según un
mensaje de Viturro leído por Moratinos.
"Ese mismo día 13
de abril, advierte que los tres francotiradores detenidos tras los
asesinatos del jueves pertenecían a la Policía Metropolitana de
Caracas, a la policía del municipio de Baruta y a la policía del
municipio de Chacao, curiosamente todos ellos controlados por partidos
opositores al Gobierno Chávez", añade Moratinos.
"Este Artículo
350 es clave, como acertadamente había informado antes el Embajador
Viturro, porque la legitimidad de la junta cívico militar sólo podía
sustentarse en él, para a continuación aplicar el artículo 233 y
producir así una transición de poderes en el marco constitucional.
Porque la Constitución de Venezuela de 1999 simplemente no contempla la
posibilidad de un vacío de poder", expuso el jefe de la diplomacia
española.
Más elementos de complicidad
A la par de todos estas pruebas
presentadas por Moratinos hace tres años, el presidente de Venezuela,
Hugo Chávez, también ha denunciado la existencia de una estrategia
militar de invasión a su país, conocida como "Plan Balboa", que fue
promovida por Estados Unidos y debatida en España durante el Gobierno
de Aznar.
Chávez explicó
que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) discutió el
plan "Balboa" un año antes del golpe de Estado del 11 de abril de 2002.
El llamado "Plan
Balboa", en honor al conquistador español Vasco Núñez de Balboa, nunca
pudo ser activado pues los militares venezolanos "se abstuvieron de
abrir fuego contra el Palacio de Miraflores o el Fuerte Tiuna" , por lo
que falló el intento de "montar una guerra civil".
Además del Ejecutivo, otros sectores españoles expresaron "su agrado" frente a la toma golpista del poder por Pedro Carmona.
"Acogemos su nombramiento con agrado", afirmaron, luego del golpe a Europa Press, fuentes de la patronal española.
Una de las actuaciones que también puso
en evidencia la participación del Gobierno de Aznar en el golpe de
Estado contra Chávez fue la del ex canciller Josep Piqué, quien una vez
repuesto el presidente venezolano, pidió la garantía de "la libertad de
prensa".
Después
de un golpe en el que se viola y destituye la Presidencia del país, la
Constitución democrática, la Asamblea Legislativa, los 20 jueces del
Tribunal Supremo, el fiscal general, el Defensor del Pueblo, el Consejo
Nacional Electoral sin crítica alguna por el gobierno español, al
ministro de Asuntos Exteriores lo que le preocupó fue... "el respeto a
la libertad de prensa".