"En el pasado, si el Gobierno quería violar la intimidad de los
ciudadanos corrientes, tenía que gastar sus recursos en interceptar, abrir al
vapor y leer el correo y escuchar, grabar y transcribir las conversaciones
telefónicas. Eso era como pescar con caña, de uno en uno. Por el contrario, los
mensajes de e-mail son más fáciles de interceptar y se pueden escanear a gran
escala, buscando palabras interesantes. Esto es como pescar con red, existiendo
una diferencia orwelliana cuantitativa y cualitativa para la salud de la
democracia".
(Declaración de Phil Zimmermann ante el Subcomité de Política Económica,
Comercio y Medio Ambiente de la Cámara de Representantes de
los EEUU, el 26 de junio de 1996)
Nuevas evidencias en la prensa
norteamericana indican que el Pentágono se está preparando para una ofensiva cibernética a gran escala, con la entrada en
funcionamiento en el próximo octubre del Comando del Ciberespacio de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos.
El Comandante Robert J. Elder Jr., jefe de esta
fuerza especial que ejecutará acciones de guerra en la Internet, dijo al USA
Today el pasado 6 de abril que el objetivo fundamental de esta fuerza es
desarrollar “estrategias militares que permitan interrumpir el sistema de
comunicación enemigo” y que las
capacidades ofensivas de ese Comando han mejorado notablemente desde el inicio
de la guerra en Iraq, cuando “se emplearon ataques rudimentarios por parte de
los Estados Unidos, como saturar los sistemas iraquíes y el uso de ataques por
red para evitar la comunicación de las unidades terrestres entre sí”. [1]
Efectivamente, la ciberguerra se inició
semanas antes del bombardeo sobre Iraq, después de que el presidente de Estados
Unidos, George W. Bush, firmara una directiva secreta en la que aprobaba el
ataque a redes “enemigas”, un país que en marzo del 2003 apenas tenía 12 000 computadoras
conectadas a la Red y eran
muy pocas los que se controlaban desde dependencias militares o manejaban
información confidencial.
Este miércoles 23 de abril se
anunció la convocatoria al II Simposio Ciberespacial de la Fuerza Aérea, que tendrá lugar del 17 al 19 de junio en
Massachussets. Uno de sus objetivos, aventado sin pudor en los medios
norteamericanos, “es el control cibernético” y “avanzar en el dominio de este
nuevo territorio de guerra, como mismo controlamos el espacio aéreo.” [2]
Y para que no queden dudas
de que el Comando Ciberterrorista norteamericano va en serio, la Fuerza Aérea creará 300 nuevos empleos, “como parte del
crecimiento previsto en el Comando de Operaciones de la Red, de la Fuerza Aérea, que es la columna vertebral del Comando
Ciberespacial -cuya sede principal está provisionalmente en la base de Barksdale,
en Luisiana-. Es también la base de nuestra capacidad para luchar contra las
nuevas guerras en el ciberespacio". Es decir, contra todos nosotros.
A propósito de esta ofensiva
norteamericana y la constitución oficial del Comando Ciberespacial, que se
viene articulando desde finales del 2006 como fuerza añadida a los Ejércitos
convencionales del Pentágono –el de aire, mar y tierra-, quisiéramos esbozar
cuatro aspectos que suelen ser ignorados, subestimados o confundidos por la
izquierda, en los debates en torno al uso de la Internet. Asuntos en los que habría que profundizar y que son a
nuestro juicio vitales para poder presentar una alternativa a la agresión que
ya tenemos encima y que se multiplicará, a más tardar dentro siete meses.
1.-Necesidad
del conocimiento del entorno tecnológico
Los sociólogos llaman “heterarchies” a la manera en
que se unen, como si fueran un mismo cuerpo, las redes sociales y las digitales.
Esta articulación dio muestras de sus enormes potencialidades con el Foro Social
Mundial, durante las manifestaciones previas a la guerra en Iraq o en la
organización de la protesta mundial contra la reunión de la OMC en Seattle.
Sin embargo, estas experiencias, desgraciadamente,
parecen haberse esfumado con la misma relampagueante rapidez con que
aparecieron. Una causa que nos
atreveríamos a esbozar tiene que ver con el desencuentro que existe en las
redes sociales y las redes tecnológicas. Suele haber claridad sobre las muy concretas
reivindicaciones políticas que nos mueven, pero no de la manera en que se han
de interrelacionar los grupos que intervienen en ellas. Dicho de otra
forma, tenemos conciencia de la importancia de la sangre para la vida de
un organismo, pero esta parece flotar en el vacío, como si no necesitara del
concertado laberinto de venas o como si estas fueran secundarias. No es un
defecto particular de las sociedades con menos desarrollo de la Red, sino la expresión del uso tardío y generalmente
empírico de la Internet en las organizaciones de izquierda, cuya participación
de las llamadas nuevas tecnologías generalmente se ha reducido a un letargo de
tendederas digitales y al uso del correo electrónico con volátiles acciones de
resistencia.
No se puede hablar de Red en la era de la
globalización –que Ignacio Ramonet ha sintetizado en la fórmula “neoliberalismo
más Internet” -, si no se tiene en cuenta el medio a través del cual se
expresa. Al hablar del medio no nos referimos exclusivamente a la web, al
correo electrónico, al teléfono celular y otros sucedáneos, en los que parece
concretarse y que están sufriendo tan formidable transformación que quizás más
temprano que tarde todas estas formas conocidas nos serán tan extrañas como
inútiles.
El término Red de Redes en sí mismo alude, seamos
conscientes de ello o no, a la base tecnológica de la forma organizativa que
caracteriza a la era de la información: la red. Pero alude también a una manera
de estructurar el pensamiento y de organizar las relaciones de comunicación con
el soporte de unos medios muy especiales, en los que la innovación intensiva se
produce en ámbitos de inteligencia más que en soportes materiales. Es
tecnología y método al mismo tiempo. Como ha dicho el general del Cuerpo de
Marina Alfred M. Gray, “comunicación sin ‘inteligencia’ es ruido; ‘inteligencia’
sin comunicación es irrelevante.” [3] (Por
supuesto, en boca de un militar yanqui ha de esperarse que la palabra
inteligencia esté siendo utilizada en doble sentido, pero en su justo
significado sintetiza perfectamente lo que queremos decir.)
“Este movimiento actúa, como en anteriores contextos
históricos, de manera contradictoria. Internet no es un instrumento de libertad
ni tampoco es un arma para ejercer la dominación unilateral. Internet –afirma
el teórico Manuel Castells- no es una utopía ni una distopía; es el medio en
que nosotros nos expresamos –mediante un código de comunicación específico- que
debemos comprender si pretendemos cambiar nuestra realidad”. [4]
En la coevolución paralela de Internet y la sociedad,
la dimensión política de nuestras vidas esta siendo profundamente transformada.
Quedar al margen de estas redes es la forma más grave de exclusión que se puede
sufrir en nuestra cultura, y en este sentido son más proféticas que nunca las
palabras de Marshall McLuhan:
… las sociedades siempre
han sido moldeadas más por la índole de los medios con que se comunican los
hombres que por el contenido mismo de la comunicación. El alfabeto es una
tecnología que el niño muy pequeño absorbe de un modo totalmente inconsciente.
La tecnología eléctrica promueve y estimula la unificación y el movimiento que
lleva a un auténtico envolvimiento. Es imposible comprender los cambios
sociales y culturales si no se conoce el funcionamiento de los medios. [5]
2.-La
organización en Red asociada a un pensamiento estratégico.
Asomémonos brevemente a la esfera que más rápidamente
está siendo transformada por las redes de información. En Estados
Unidos la
innovación tecnológica ha estado asociada en un lugar especialísimo con
la
guerra: el esfuerzo científico de la ingeniería generado en torno a la
Segunda Guerra Mundial fue el ámbito tecnológico que permitió la
revolución de la microelectrónica, mientras que la carrera armamentista
durante
la Guerra Fría
favoreció su desarrollo. De modo que el nacimiento de la Internet no es
un hecho aislado, ni un experimento fortuito
en un laboratorio, sino el resultado de la política tecnológica más
innovadora
del mundo.
ARPANET, fuente principal de lo que acabaría siendo Internet,
fue ideada, deliberadamente diseñada y posteriormente gestionada por un grupo
de militares y académicos que sin el apoyo del Departamento de Defensa jamás
habrían sido capaces de sumar los recursos necesarios para construir una red de
computación. Fue fundamental la participación de brillantes informáticos de
algunas de las más prestigiosas universidades norteamericanas, a quienes no les
importó en lo absoluto trabajar bajo el financiamiento del Pentágono en medio
de la guerra en Viet Nam.
Como explicara recientemente el Comandante en Jefe
Fidel Castro en una de sus Reflexiones,
la feroz carrera armamentista y la conciencia de la inferioridad tecnológica de
ese país, fueron dos de los principales desencadenantes de la desintegración de
la Unión Soviética. De entonces acá tres han sido los desafíos fácilmente identificables de
la hegemonía militar norteamericana, que han estado acompañados por el esfuerzo
para desarrollar y controlar la Red:
- El primero es el tipo de competencia entre iguales que representaba
la Unión Soviética. El principal candidato a esta designación ahora
es China.
- El segundo desafío es el que representan los llamados
estados-canalla (oscuros rincones del mundo), designación que se aplica a
cualquier tipo de estado en vías de desarrollo que represente un obstáculo
a la hegemonía norteamericana.
- Y el tercero, por supuesto, es el que ocupó el primer pIano con los
ataques del 11 de Septiembre: el enemigo no-estatal, que criminaliza a
todos los que se oponen al poder hegemónico norteamericano.
A partir de estos escenarios se ha estructurado una
poderosísima “Red de redes contra la humanidad”, en el que la guerra altamente
tecnificada tiene el papel protagónico. La transformación del consorcio militar
industrial norteamericano, que parece ir derivando hacia un consorcio
militar-cultural gracias a las tecnologías de la información, descansa en
dos líneas estratégicas: la tecnológica y la puramente doctrinaria.
En el ámbito tecnológico, se están desarrollando a
niveles jamás vistos las comunicaciones electrónicas, los sistemas de
vigilancia, los aviones no tripulados, los proyectiles dirigidos por satélites
y un arsenal de aplicaciones de híbridos de la nanotecnología, la
microelectrónica y la Inteligencia Artificial, que permiten reducir la presencia física de los
soldados en los escenarios bélicos. Las invenciones del tipo The Matrix, con su
célebre cita filosófica “bienvenido al desierto de lo real”, están cada
vez más próximas a la realidad. The
New York Times, por ejemplo, ha publicado en el 2005:
El Pentágono predice que los robots serán una
importante fuerza de combate en el ejército americano en menos de una década, y
que perseguirán y eliminaran a nuestros enemigos en el campo de batalla. Los
robots son una parte crucial del esfuerzo en el que está empeñado el Ejército
para reformarse y convertirse en una verdadera fuerza de combate para el siglo
XXI, y el contrato firmado para desarrollar un proyecto valorado en 127 mil
millones de dólares y conocido como Sistemas de Combate del Futuro, es el
contrato militar más importante de la historia americana. Los militares planean
invertir decenas de miles de millones de dólares en unas fuerzas armadas
completamente automatizadas. Los costos de esta transformación contribuirán a
elevar el presupuesto del Departamento de Defensa casi un 20 por ciento más. [6]
El segundo ámbito de la doctrina militar
norteamericana en Red es tan importante como el anterior. Un nuevo estilo de
pensamiento está imponiéndose en los think-tanks militares de Estados Unidos y la OTAN. Se le conoce con el término de swarming [7] o
enjambre y representa un cambio radical frente a las concepciones militares
basadas en despliegues masivos de capacidad artillera, armamento blindado y
grandes concentraciones de tropas. El enjambre es una estrategia militar en la
cual una tropa ataca a un enemigo desde múltiples direcciones diferentes para
después reagruparse.
Este tipo de
guerra “no-lineal” elimina la noción del frente y representa una versión de
alta tecnología de la guerra de guerrillas. La guerra “basada en redes”, según
la terminología del Pentágono, depende totalmente de un sistema de
comunicaciones sólido y seguro, capaz de mantener una conexión constante entre
todos los nodos de la red.
Estación del Comando del Ciberespacio, de la Fuerza Aérea norteamericana, en Luisiana. Esta fuerza, un nuevo Ejército que se
incorpora a los ámbitos tradicionales de la guerra –la tierra, el aire y el
mar-, “se apoyará en estrategias militares que permitan interrumpir el sistema
de comunicación enemigo, con mayor precisión que en Iraq en el 2003, donde
logramos intervenir todas las comunicaciones terrestres del Ejército de Saddam
Hussein”, aseguró el General Robert Elder, jefe del Comando Ciberespacial.
Las implicaciones que esto está teniendo para las
fuerzas armadas son enormes. Se ha ido desmontando paulatinamente la
organización tradicional del ejército en cuerpos, divisiones, regimientos y
batallones de gran envergadura. En esta lógica surge el Comando Ciberespacial
para el despliegue a través de las redes, que debe ser el responsable del incremento
desmesurado de las agresiones contra sitios chinos y venezolanos en los últimos
meses [8] . Lo
mismo ha ocurrido con la división funcional entre diversas especialidades:
infantería, unidades blindadas, comunicación, artillería, ingeniería. Las
unidades han pasado a ser básicamente multifuncionales y dependen de su
capacidad de conexión en red para conseguir apoyo mutuo.
Como señala la RAND Corporation [9] ,
“este proyecto doctrinal no puede ponerse en práctica sin un sistema de
comunicación y vigilancia plenamente integrado. Esta nueva perspectiva requiere
que las fuerzas armadas se transformen en una ‘organización sensorial’, en la
que el sistema resultará fundamental para lograr mantener a las unidades
operativas conectadas a la red. El sistema de mando, control, comunicaciones,
ordenadores, inteligencia, vigilancia y reconocimiento (C4ISR) puede llegar a
generar tanta información que será imprescindible... para mantener el topsight
-una visión general de todo lo que esté ocurriendo-.”
Por supuesto, sabemos que toda esta doctrina tiene
una falla de origen: la subestimación del ser humano. Al final, toda
guerra se decide en enfrentamientos cuerpo a cuerpo. No se puede ocupar el
territorio, ni desarmar al enemigo, es decir, aniquilar su voluntad de lucha,
sin vencerlo en el campo de batalla. Como dice Howard Zinn, “cuando Estados
Unidos luchó en Vietnam, fue una confrontación entre tecnología moderna
organizada y seres humanos organizados. Y vencieron los seres humanos.” [10] Pero
que tengamos esta convicción no significa que no haya que estar muy atentos a
los planes del enemigo.
3.-Movimientos
sociales: pasar a la articulación horizontal
El Foro Social Mundial y las manifestaciones previas
a la guerra de Iraq en el 2003, que incorporaron a millones de personas en todo
el mundo, son ejemplos esperanzadores de las posibilidades de la conjunción de
las redes técnicas con las redes sociales, desde el punto de vista que aquí
analizamos. Pero habría que admitir que desde entonces no hemos vuelto a ver
expresiones semejantes de resistencia política articulada.
Hasta el 2003, la falta de canales comunicativos
estructurados resultó ser una fuerza y no una debilidad para las acciones de
las redes contrahegemónicas, porque todos los movimientos podían ser
inmediatamente eficaces y no esperaban ninguna clase de ayuda externa o
extensión para garantizar su efectividad. Uno de los modelos más exitosos
fue el de las movilizaciones contra la reunión de la OMC en Seattle, a finales de 1999.
Gracias a que todavía no estaban organizados los
sistemas de vigilancia a través de la Red, desde múltiples puntos de
Internet se articuló la
movilización, incluida una complicada logística –por ejemplo, la
mayoría de los
miles de participantes que llegaron a la ciudad no se alojó en hoteles
para no
llamar la atención de las autoridades, sino en la casa de otros
activistas.
Cuando el gobierno estadounidense se dio cuenta, la acción era ya un
hecho. La
célula matriz de las protestas, los grupos de afinidad, eran unidades
de 15 a 20 personas que funcionaban discrecionalmente y que
tenían capacidad de tomar sus propias decisiones estratégicas. Algunos
hicieron
teatro callejero, otros se encadenaron, otros llevaban marionetas
gigantes,
algunos simplemente se agarraron de los brazos para impedir de manera
no
violenta el paso de los delegados. En cada grupo había gente dispuesta
a ir a
la cárcel, otros que serían el apoyo una vez que estuvieran en prisión
y una
persona calificada en primeros auxilios. La "descentralización
coordinada", con el apoyo inestimable de Internet, hizo posible que
se cumplieran los objetivos de la mayoría de los activistas,
movilizados por
todo el mundo.
Ya esto no se puede hacer sin desatar las alarmas. Se
acabó el mito de que Internet era un espacio inmune a la regulación y
como afirma Mike Davis, experto en ecología urbana y autor del libro Planet of Slums (Planeta de suburbios),
“las mejores cabezas del Pentágono han aprendido la lección… Ahora tienen por
blanco las ciudades salvajes, fracasadas del Tercer Mundo –especialmente sus
suburbios marginados–, que serán el campo de batalla característico del siglo
XXI. La doctrina bélica del Pentágono está siendo reformulada para apoyar una
guerra mundial de baja intensidad de duración ilimitada contra segmentos
criminalizados de los pobres urbanos.” [11]
Desde mucho antes del 11 de Septiembre, la maniobra
estadounidense sigue la pauta de adelantarse a cualquier otro gobierno o
emporio global para ordenar la Red y proveerla de la arquitectura tecnológica, legal y
represiva que mejor convenga a Estados Unidos.
Cuenta con una circunstancia altamente beneficiosa para sus objetivos:
la influencia de las políticas neoliberales, que fragmentan y atomizan las
sociedades, e impiden que los grupos que enfrentan estas políticas reconozcan
al enemigo principal. Al proyecto neoliberal le interesa que los grupos
permanezcan aislados, enfrentados entre sí, sin capacidad de encontrar
objetivos y estrategias comunes. Esta primera dificultad ha puesto en jaque la
creación de redes de solidaridad y de comunicación antagónicas a la
globalización neoliberal, porque choca con sus principios y con sus lógicas de
funcionamiento.
La prueba es que un movimiento de extraordinaria
importancia para la soberanía en la Red como el de la lucha por mantener la neutralidad en Internet [12] ,
involucra casi exclusivamente a grupos por los derechos civiles en Estados
Unidos. La ausencia de redes internacionales de solidaridad en torno a este
tema y el desconocimiento de la ofensiva militar estadounidense en Internet,
indican que las transnacionales de telecomunicaciones estadounidenses podrían
alzarse con la victoria e imponer a todos más y más barreras para la libertad
en Red. Sin ir demasiado lejos, en el discurso del 28 de enero último sobre
el Estado de la Nación, el presidente Bush prácticamente amenazó a los
legisladores para que aprobaran de inmediato un nuevo proyecto de ley de
vigilancia que le otorgaría inmunidad a las empresas de telecomunicaciones que
colaboraron con el espionaje sin órdenes judiciales. Literalmente dijo:
“Eso significa que si no toman medidas para el viernes, nuestra capacidad de
permanecer al tanto de las amenazas terroristas se debilitaría y nuestros
ciudadanos estarían en mayor peligro. El Congreso debe asegurarse de que no se
interrumpa el flujo de inteligencia vital. El Congreso debe aprobar
protecciones de responsabilidad legal a favor de las empresas que se considera
que contribuyeron a los esfuerzos por defender a Estados Unidos. Tuvimos
suficiente tiempo para debatir. Es hora de actuar.” [13] Poco
después la Ley se
aprobó sin más dilación.
El otro gran desafío de nuestros movimientos es
trascender los modelos organizativos que dificultan la participación de sus
miembros y la creación de redes con otros grupos. Seguimos aferrados a un
modelo que se caracteriza por sistemas de difusión, al estilo de la televisión
y de la radio, con un punto de emisión y muchos receptores que generalmente no
son tenidos en cuenta. Estamos muy retrasados en el uso del modelo que propicia
Internet, horizontal y desterritorializado.
4.-El
futuro: fuera de la red, no existe
El futuro, al margen de la Red, no existe. Jeremy Rifkin, autor de un libro paradigmático,
La era del acceso [14] ,
asegura que la brecha entre conectados y desconectados será aún mayor que la
existente hoy entre ricos y pobres, hasta el punto de que quien no esté
enlazado en red no existirá ni política, ni social, ni económicamente. Él, como
otros investigadores de este tema, coinciden abrumadoramente en que, a
medida que Internet se va convirtiendo en la infraestructura dominante en
nuestras vidas, la propiedad y el control del acceso a estas tecnologías se
convierten también en el principal caballo de batalla político de la sociedad
contemporánea.
Debemos tener muy claro que la resistencia y la denuncia
no serán suficientes. Las leyes, los tribunales, la opinión publica,
los medios
de comunicación, los organismos políticos y gobiernos progresistas son
instancias fundamentales que deben contribuir a decidir otro futuro
para la Red de Redes que no sea el diseñado por Washington. Es
imposible controlar la Internet global, pero sí es posible controlar a
la gente que
la utiliza y, de hecho, estará cada vez más controlada, a no ser que se
imponga
un modelo que opte por la defensa de patrones solidarios y de
transparencia de
las instituciones, actuando desde las barricadas de los que exigen la
libertad
en el uso de Internet, pero yendo más allá de ellas en la confrontación
con los
mecanismos del poder político.
El otro gran reto que se nos avecina es vencer el
miedo más antiguo de la humanidad: el miedo a los monstruos tecnológicos que
podamos engendrar. Tal es el caso, especialmente, de la ingeniería genética,
aunque dada la convergencia entre la microelectrónica y la biología, y el
desarrollo potencial de sensores ubicuos y la nanotecnología, este temor
biológico primario se extiende a todo el ámbito de los descubrimientos
tecnológicos.
Las futuras sinergias entre las tecnologías
informáticas, la nanotecnología, la biotecnología y las ciencias del conocimiento
podrían mejorar drásticamente la condición humana por el crecimiento de la
disponibilidad de alimentos, energía y agua, y por el mayor intercambio de
información e interconexión entre las personas en todas partes. Sin embargo,
las abismales diferencias entre los números que acompañan el presupuesto de
guerra y el de los servicios elementales para garantizar la vida de la mayoría
de los habitantes del planeta, indican que esos propósitos están lejos de
hacerse realidad.
Como ha dicho Fidel, no puede llamarse ni
medianamente humana una sociedad donde “se perpetúa el poder económico y el
disfrute de las nuevas tecnologías en unas pocas manos. Resolver este
dilema es tan trascendente para el destino de la humanidad como enfrentar la
crisis del cambio climático en el planeta, problemas que están absolutamente
interrelacionados.” [15]
No se vislumbra aún cuánto de la sabiduría, la buena
voluntad y la inteligencia social serán empleados para el mejoramiento
humano. A juzgar por el modelo imperial en franca ventaja, parece que
estos esfuerzos viajan en sentido opuesto. Los gastos militares anuales en el
mundo han alcanzado una cifra récord 1,2 millones de millones de dólares,
mientras que el ingreso del crimen organizado sumó casi el doble. La
sociedad de la vigilancia altamente tecnificada se lanza a la conquista de aún
más sofisticadas computadoras, cada una con una inteligencia que eventualmente
nos sobrepasará.
Kevin Warwick, profesor de Cibernética de la Universidad de Reading, en Inglaterra, cree que lo que realmente
ocurrirá hacia el año 2030 es que “nos habremos convertido en víctimas de las
máquinas. Su vigilancia nos controlará totalmente. Quizás habremos evitado un
holocausto nuclear, porque no apareció alguien lo suficientemente loco para
apretar el botón, pero para el año 2030 nos habremos puesto a nosotros mismos
en el infierno. Las máquinas de inteligencia artificial nos observarán. Hacia
el año 2030 aún estaremos tratando de razonar y negociar con las máquinas. ¿Por
qué ellas deben atendernos cuando son mucho más inteligentes de lo que nosotros
somos? Lo que deberíamos esperar es que nosotros, los humanos, seamos tratados
por las máquinas de la misma manera que nosotros tratamos a los animales, como
trabajadores esclavos y productores de energía”. [16]
Un visionario de las nuevas tecnologías y el
desarrollo de las máquinas inteligentes como Ray Kurzweil presupone que “cuando
tengamos software ejecutándose en nuestros cerebros y nuestros cuerpos, que
controlen el sistema inmunológico de los nanobots, el impacto en el mundo será
infinitamente mayor” [17] . Y
adelanta que “los intentos por controlar estas tecnologías por la vía de
programas gubernamentales secretos, conjuntamente con su desarrollo clandestino
inevitable, fortalecería la naturaleza inestable en que sus aplicaciones
peligrosas podrían convertirse en dominantes”. [18]
La realidad es que la evolución futura de la Red de Redes está sometida a las dinámicas
contradictorias que oponen la dominación imperial a nuestros proyectos de
justicia social y a nuestras esperanzas. El universo virtual es el espejo del
universo tangible. Debemos situar nuestra acción en el contexto específico de
dominación y liberación donde vivimos: en la sociedad red, construida en torno
a las redes, y no al margen de ellas o creyendo ingenuamente que es el paraíso
o el infierno, de acuerdo al prisma con que se mire.
Manuel Castells reproducía un diálogo, en el que lo
desafían del siguiente modo: “‘¿Por qué no me deja usted en paz? ¡Yo no quiero
saber nada de su Internet, de su civilización tecnológica, de su sociedad red!
¡Lo único que quiero es vivir mi vida!’ Muy bien –respondió Castells-,
pues si ese fuera su caso tengo malas noticias: si usted no se relaciona con
las redes, las redes sí se relacionan con usted. Mientras quiera seguir viviendo
en sociedad, en este tiempo y en este lugar, tendremos que tratar con la
sociedad red.”
La gran ofensiva del Comando Ciberespacial está cerca
y no podremos construir una alternativa de futuro al margen de la red o
desconociendo su lógica conceptual. Navegantes solidarios o peces en brasero
ajeno: ese es el dilema.
[3] Citado en: Viegas Nunes,
Paulo Fernando, “El impacto de las nuevas tecnologías en el medio militar. La Guerra de Información (IW)”. Air & Space Power Journal - Español
Segundo Trimestre 2001.
[4] Todas las referencias en
este trabajo a Manuel Castells han sido tomadas de: Castells, Manuel. La Galaxia Internet:
Reflexiones sobre Internet, empresa y sociedad. Random House Mondadori,
Barcelona, 2001.
[5] McLuhan, Marshall: The Global Village:
Transformations in World Life and Media in the 21st Century, Oxford University Press, USA, 1992.
[6] The New York Times, 16 de febrero de 2005.
[7] Literalmente, enjambre. El
término procede del sustantivo swarm
(enjambre), por tanto swarming sería un tipo de combate o ataque concentrado
y ágil como de un enjambre de abejas.
[8] De acuerdo con los registros
de la empresa norteamericana Akamai Technologies, líder en análisis del
comportamiento del tráfico en Internet, estos dos países fueron los más
atacados por “piratas” informáticos en el 2007. Para que se tenga una idea de
lo que estamos diciendo: en julio de 2007 se implantó un récord. Venezuela, que
posee 4 millones de usuarios de Internet, tuvo 764 ataques en 64 horas, 500 más
que China, el país que seguía en la lista y que posee 100 millones de usuarios.
En:
http://www.akamai.com/html/technology/dataviz1.html
[9] Arquilla, John, y Ronfeldt, David, “Swarming
and the future of conflict”, RAND National
Defense Research Institute, Santa Mónica, CA, 2000.
[10] Zinn, Howard: La otra historia de los Estados Unidos.
Editorial de Ciencias Sociales, La Habana,
2004. p.343.
[11] Davis, Mike: Planet of Slums. Verso,
Londres, marzo de 2006.
[12] La neutralidad de la Red era un principio que establecía que
todos los sitios deben ser tratados de igual manera por los proveedores de
servicio de Internet. Se encontraba recogida en la Ley de Comunicaciones estadounidense
(Communications Opportunity, Promotion and Enhancement Act). Los movimientos
sociales norteamericanos han ido perdiendo, una tras otras, las batallas
legales y políticas por la defensa de este principio que convertiría a la Red en una autopista de doble estándar:
una para los ricos que puedan pagar servicios exclusivos de banda ancha, y otra
para los pobres, con prestaciones lentas y precarias.
14 Rifkin, Jeremy: La era del acceso. La Revolución de la Nueva Economía. Editorial Paidós. Barcelona, 2000.
17 Kurzweil, Ray: The Singularity is Near, Penguin Group, 2005, p.414.
18 Kurzweil: Ob. cit, p.420.