El programa de secuestro y
tortura del gobierno de Bush, con sus “vuelos de tortura” a bordo de
jets
privados y las "prisiones secretas" de la CIA, salió un poco más a la
luz este semana. Hablé con Mohamed Farag Ahmad Bashmilah en su primera
entrevista para televisión. Bashmilah fue víctima del llamado programa
de
“rendición extraordinaria” de la CIA, en el que personas son
“arrestadas” en
sus casas, en aeropuertos, en la calle, y son trasladadas, lejos de la
vigilancia del Congreso de EE.UU., lejos de la prensa, lejos del
alcance de los
tribunales, a países en los que la tortura y los tratos crueles son
rutina.
Bashmilah está siendo representado por la Unión Estadounidense por las
Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) y por el
Departamento de
Derechos Humanos de la Facultad de Derecho de la Universidad de Nueva
York en
una demanda conjunta con otras cuatro víctimas del programa de
rendición
extraordinaria de la CIA. No han demandado al gobierno de EE.UU. ni a
la CIA,
sino a una compañía llamada Jeppesen Dataplan Inc., una subsidiaria de
Boeing
Corporation. Un ex empleado de Jeppesen, Sean Belcher, presentó una
declaración
jurada en apoyo a Bashmilah, en la que informaba que el ejecutivo de
Jeppesen
Bob Overby presumía de la siguiente forma: “hacemos todos los vuelos
del
programa de rendición extraordinaria”, y continuaba explicando al
personal que
se refería a “los vuelos de tortura”, y que estaban muy bien pagos.
Con la ayuda de un intérprete, a través del teléfono desde su casa en
Yemen,
Bashmilah describió cómo comenzó su calvario el 21 de Octubre de 2003,
cuando
fue arrestado en Amman, Jordania: “Duró aproximadamente seis días, pero
lo que
soporté allí equivale a años. Querían que confesara que tenía
relaciones con
algunos individuos de al-Qaeda. Intentaron varias veces que confesara,
y cada
vez que les decía que no, me daban una patada, me abofeteaban o me
insultaban.
Entonces dijeron que si no confesaba, traerían a mi esposa y la
violarían
delante de mí. Y por miedo a lo que podría pasarle a mi familia, grité
hasta
desmayarme. Después de recuperar la conciencia, les dije ‘por favor, no
le
hagan nada a mi familia. Cooperaré con ustedes de la manera en que
quieran’”.
Tras firmar una confesión falsa, le anunciaron que iba a ser liberado.
Mientras era conducido por las instalaciones de la inteligencia jordana
se
levantó la venda que le tapada los ojos. “Vi a otro hombre, que tenía
aspecto
occidental. Era blanco, con cierto sobrepeso y llevaba gafas de sol.
Comprendí
entonces que probablemente me estaban entregando a otra agencia, porque
durante
los interrogatorios a los que me habían sometido los jordanos, una de
las
amenazas era que, si no confesaba, me entregarían a la inteligencia
estadounidense”. Fue preparado para el traslado, fue completamente
desnudado.
“Empezaron a fotografiarme por todas partes. También empezaron a
golpearme por
los costados y en los pies. Y después me pusieron en una postura
parecida a la
posición de postración en la oración musulmana, que es parecida a la
posición
fetal. Y en esa posición, uno de ellos metió el dedo en mi ano muy
violentamente. Me dolía terriblemente, y empecé a gritar. Cuando
empezaron a
tomar fotos, pude ver que estaban enmascarados. Estaban vestidos de
negro de pies
a cabeza, y también llevaban guantes de cirujano”.
Bashmilah cuenta que le pusieron un pañal, que tenía los ojos y los
oídos
tapados, que le pusieron una bolsa sobre la cabeza y auriculares para
bloquear
el ruido exterior. Fue trasladado en avión a Kabul, Afganistán, donde
estuvo
detenido en aislamiento durante casi seis meses. Creía que estaba a
cargo de
estadounidenses. “Algunos de los interrogadores se me acercaban y me
interrogaban en la sala de interrogatorios, y me decían: ‘Deberías
calmarte y sentirte
tranquilo, porque enviaremos toda esta información a Washington’. Y
decían que
en Washington determinarían si mis respuestas eran verdaderas o no”.
Aunque fue
aislado de otros prisioneros, logró escuchar a algunos de ellos
comentando que
podían estar en la base aérea de Bagram. Bashmilah siguió contando en
el
teléfono que lo mantenían despierto con música estridente y que
permanecía
sujeto con grilletes, que solamente le quitaban durante los periódicos
interrogatorios.
Durante el período en que Bashmilah era interrogado y torturado,
también era
visitado por “psiquiatras”. “La terapia consistía principalmente en
analizar
mis pensamientos e intentar interpretarlos por mí, además de
suministrarme
tranquilizantes”.
Bashmilah intentó suicidarse tres veces, protagonizó una huelga de
hambre que
fue interrumpida de forma dolorosa cuando le introdujeron un tubo por
la nariz
para alimentarlo de manera forzosa, se le negó el acceso a un abogado,
a
entrevistarse con algún grupo de derechos humanos, y al Comité
Internacional de la Cruz Roja. En efecto, estaba desaparecido.
El 5 de mayo de 2005 fue trasladado a una prisión en Yemen, donde
finalmente
pudo comunicarse con su familia. Amnistía Internacional se involucró en
el
caso. Fue liberado en marzo de 2006, sin que se hayan presentado cargos
por
terrorismo en su contra.
Mohamed Bashmilah afirmó que había cámaras en sus celdas y en las salas
de
interrogatorio. Quizás su calvario fue registrado en video. Esperemos
que la
CIA no destruya también esas grabaciones.
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Amy Goodman es la
presentadora de Democracy Now! (www.democracynow.org/es), noticiero internacional diario emitido por más de 650
estaciones de radio y televisión en Estados Unidos y el
mundo.
© 2007 Amy Goodman
En Inglés: http://www.truthdig.com/report/item/20071218_surviving_a_cia_black_site/
traducido por: Ángel Domínguez y Democracy Now! en
español, spanish@democracynow.org