1. Situación estratégica
semejante a la de Chile, 1972
A dos
años del gobierno de Evo la situación estratégica
del país se asemeja a la de Chile en 1972; no en el sentido
de que exista el peligro de un golpe de Estado, sino porque las
Fuerzas Armadas se han convertido en el fiel de la balanza entre los
dos bloques de poder, que luchan por el control de la nación:
el bloque emergente representado por Evo Morales y Álvaro
García Linera, y el bloque oligárquico histórico,
“los gamonales”.
A
diferencia de Chile, el bloque emergente no pretende crear una
sociedad socialista, sino una sociedad burguesa moderna, que integre
a los pobres y los indígenas a la nación mediante
procesos electorales y reformas socio-económicas de un
gobierno desarrollista. Es el proceso que se dio en el Cono Sur desde
inicios del siglo XX, con el Peronismo como su máxima
expresión. La reacción de la oligarquía fascista
de Santa Cruz es tan violenta y racista como la de la oligarquía
argentina en su momento.
Ninguna
de las dos fuerzas bolivianas está en condiciones de imponer
su voluntad a la otra, y tal situación ha convertido a la
Fuerza Armada en el árbitro de la contienda que decide el
futuro inmediato del país. Se trata de una militarización
gradual no planeada, en el sentido sistémico: traspaso de
poder del sistema civil hacia el militar.
Dos
desaciertos estratégicos de las fuerzas en pugna explican cómo
se originó esta situación de equilibrio dinámico
inestable. De parte de los sectores progresistas, el error
fundamental consistió en la convocatoria gubernamental a la
Asamblea Constituyente, inspirada parcialmente en la actual tendencia
criolla de sacralizar a ese ligaculum (legajo) de papel que se
conoce como Constitución. Por parte de la reacción el
error consistió en la convocatoria abierta a la división
racista y económica del país.
2. Sin iniciativa
estratégica, la guerra es táctica
Perdida la capacidad
de iniciativa estratégica y de la batalla decisiva, por los
antagonistas, la guerra por el poder es de movimientos tácticos.
Esta característica va a seguir dominando, hasta que alguno de
los bandos encuentre una reserva estratégica que pueda lanzar
sobre el otro, por ejemplo, un cambio en la correlación
hemisférica de poder, o hasta que se convenzan que es
imposible lograr la capitulación del otro. Dos ejemplos
ilustran el fenómeno.
El 19 de octubre, el
Gobernador (prefecto) del Departamento de Santa Cruz, Rubén
Costas, declaró al Presidente venezolano Hugo Chávez
“persona non grata”, "macaco mayor" (“mono mayor”),
"rata", "dictadorzuelo", "golpista",
"sinvergüenza" y "cobarde". Costas lanzó
la diatriba en el aeropuerto internacional Viru Viru de Santa Cruz,
ante manifestantes que protestaban contra la ocupación militar
del mismo, ordenada por el gobierno central el día anterior.
Cuando los manifestantes se acercaron al aeropuerto, los soldados
“se fueron con la cola entre las patas”, proclamó
triunfante Costas. El New York Times fue más delicado:
las alrededor de 220 tropas y policías militares enviadas por
el gobierno central, “se esfumaron” (melted away) ante la
llegada de “miles de manifestantes”, reportó.
El poco glorioso
retiro de los militares dejó una sensación de triunfo
en la derecha y de desconcertación entre muchos partidarios
del gobierno. Atentados con dinamita contra el consulado venezolano y
una residencia de médicos cubanos, en Santa Cruz, y
declaraciones poco oportunas de altos funcionarios del gobierno, como
del Ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana,
reforzaron la impresión. Al afirmar que Chávez es el
"macaco mayor", dijo Quintana, el Gobernador está
llamando "macaco menor" al presidente de Bolivia, Evo
Morales, lo cual demuestra que es "racista". "Como el
prefecto cree que nuestro gobierno depende del de Venezuela, es
lógico hacer esta extrapolación" (sic),
sentenció Quintana.
El 29 de octubre, la oligarquía
intensificó su agresión en otro campo de batalla
utilizando la justicia de clase que tiene a su disposición. La
Fiscalía del Departamento de Chuquisaca emitió órdenes
de detención contra siete directivos de la Asamblea
Constituyente. Una de las órdenes de aprehensión es
contra la presidenta de la Asamblea, la constituyente indígena
Silvia Lazarte del gubernamental Movimiento Al Socialismo (MAS).
Silvia es un cuadro de confianza del Presidente Evo Morales.
3. Aparece el decisor militar
Las Fuerzas Armadas de Bolivia (FAB) definieron el martes 23 de
octubre su posición ante los acontecimientos de Viru Viru.
Respondiendo a la declaración de Costas, de que él es
el "único comandante de Santa Cruz", aclararon
públicamente que los prefectos no forman parte de la
estructura de mando del instituto castrense y que "en estricto
apego al derecho positivo vigente y por responsabilidad
institucional… dependen del Presidente de la República y
Capitán General de las FFAA", Evo Morales Ayma.
Señalan también que "cuentan con la capacidad
profesional, técnica y operativa, suficiente para asegurar el
imperio de la Constitución Política del Estado y
garantizar la estabilidad del Gobierno legalmente constituido".
Y recalcan que "las Fuerzas Armadas tienen por misión
fundamental defender y conservar la independencia nacional, la
seguridad y estabilidad de la República y el honor y soberanía
nacionales; asegurar el imperio de la Constitución Política,
garantizar la estabilidad del Gobierno legalmente constituido y
cooperar en el desarrollo integral del país".
4. Ni
oligarquía ni pueblo: militares
La
contundente declaración del sector castrense deja claro que no
permitirán las locuras separatistas de los fascistas cruceños.
Pero, al mismo tiempo, indica que tampoco habrá espacios para
experimentos extraconstitucionales desde sectores radicales. La idea
de un “Estado de los movimientos sociales”, tan cara a los dos
líderes gubernamentales más poderosos del país,
Evo Morales y Álvaro García, encuentra aquí sus
límites estructurales.
Hoy
día, el proceso boliviano es gobernado por un Estado
estructuralmente burgués que maniobra sobre el filo de la
navaja de un cisma nacional y en el cual la Fuerza Armada se ha
convertido en el centro de decisión de la contienda. No como
ultima ratio regis, es decir, como el poder decisivo del
ejecutivo, sino como primus inter pares, como el primero entre
iguales. Ese Estado opera en una fase de acumulación de
fuerzas ---o de guerra de atrición, si se prefiere el
análisis militar--- que solo puede tener dos desenlaces: a)
la negociación de un modus vivendi institucional entre
los dos bloques, que es la solución que promueve el gobierno
o, b) la solución por la fuerza que promueve el extremismo
gamonal (oligárquico). El desenlace más probable, a
corto plazo, es el primero.
5. El
error estratégico del gobierno
La rápida
recuperación del poder de la oligarquía después
de su derrota electoral en las elecciones de diciembre del 2005, se
debe, en lo subjetivo-gubernamental, a la decisión de refundar
el país mediante una Asamblea Constituyente en Sucre, y por
los considerables errores de conducción del inexperimentado
equipo de gobierno. Al no obtenerse la mayoría absoluta para
conferirle el carácter jurídico de “originaria” a
la Asamblea, hubiera sido más benéfico marginar de
facto ese foro, para evitar que se convirtiera en plataforma de
ataque favorable a la derecha obstruccionista.
La idea de que la presión popular pudiera compensar ese
defecto de génesis, vinculada a posteriores rigideces
disfuncionales de procedimiento en este y otros asuntos, han hecho
que el gobierno perdiera la iniciativa estratégica a los dos
meses de iniciarse las sesiones. Desde entonces, no la ha podido
recuperar. A su vez, la Asamblea, inaugurada
el 6 de agosto de 2006, no ha podido ratificar hasta ahora, ni una
sola línea de la nueva Constitución, pese a que su
mandato vence a mediados de diciembre. Tal como había
anunciado el alcalde de Trinidad, el General y combatiente
anti-guevarista Moisés Shiriqui, en octubre del 2006: “No
nos vamos a poner de acuerdo en Sucre.”
6. El poder de
la derecha
La situación actual es tal que de los
nueve Departamentos (Estados) de Bolivia, las autoridades
políticas y muchos de los poderes de facto de
seis de ellos, están con la derecha: los gobernadores
Rubén Costas (Santa Cruz), Manfred Reyes Villa (Cochabamba),
Ernesto Suárez (Beni), Mario Cossío (Tarija) y Leopoldo
Fernández (Pando), y, en medida considerable, también,
de las autoridades de Chuquisaca. Excluyendo a Chuquisaca, esta
falange abarca el doble de la extensión territorial de los
tres Departamentos que están, grosso modo, con el
gobierno, La Paz, Oruro y Potosí, y tiene alrededor del 30 por
ciento más de población que los tres Departamentos
afines al gobierno. Santa Cruz es, además, el Estado de mayor
peso en la nación en cuanto a producción, exportación,
desarrollo y demografía. En
cuanto a su comportamiento dinámico, el poder gamonal se ha
expandido cada vez más desde su periferia tropical hacia La
Paz, pasando por Cochabamba y Chuquisaca, nutrido y guiado por la
Embajada de Washington.