¿Qué país tiene en su territorio
cientos de espías, topos y colaboradores trabajando, con total
impunidad, para un gobierno extranjero desde hace más de 30 años como
sucede en EEUU? Según han informado antiguos y actuales periodistas que
conocen bien el tema, algunos de los cuales han sido interrogados
recientemente por el FBI, los agentes de la policía federal señalan a
la policía secreta israelí Mossad como organizadora y promotora de esa
red de espionaje.
Durante el pasado año, en una de las más amplias
investigaciones sobre el espionaje llevadas a cabo nunca, unos cien
agentes del FBI estuvieron entrevistando, desde sus oficinas en
ciudades por todo el país, a miles de testigos potenciales, informantes
y sospechosos relacionados con el espionaje israelí en Estados Unidos.
Un antiguo reportero de un influyente semanario
británico me contó que había sido interrogado en dos ocasiones, durante
un total de unas doce horas, sobre la colaboración de los medios de
comunicación con el Mossad a la hora de transmitir como “noticias”
“información falsa” y propaganda a favor de Israel. De las
conversaciones mantenidas con los periodistas entrevistados por el FBI
surge un cuadro de penetración profunda y a gran escala de los espías
israelíes y sus colaboradores en la sociedad y gobierno
estadounidenses. Según mis fuentes, el FBI ha estado investigando
durante treinta años las redes israelíes de espionaje, aunque la
investigación se vio a menudo obstaculizada por políticos de ambos
partidos en pago a los favores recibidos de lobbys israelíes y
de ricos financieros para lograr que las campañas electorales acabaran
favoreciendo a Israel. Según un escritor del británico Economist, hasta
el FBI resultó infiltrado: el testimonio presentado po r el escritor en
los primeros años de la década de 1980 implicando a Richard Perle y
Paul Wolfowitz en la entrega en mano de documentos a agentes del
Mossad, “fue eliminado de los archivos del FBI y ha desaparecido”.
Al pasar de los años, los servicios secretos israelíes
se han ido haciendo más atrevidos y groseros en sus operaciones en
EEUU. La red abarca a cientos de israelíes, a estadounidenses-israelíes
(doble ciudadanía) y a sus colaboradores locales (‘sayanin’ o
voluntarios seguidores judíos de los agentes israelíes fuera de
Israel). Como secuelas del 11-S, cientos de agentes israelíes que
estaban rondando por las oficinas gubernamentales, fueron reunidos y
deportados en silencio. En silencio, pero no porque no
estuvieran cometiendo crímenes graves, sino para evitar que se
incrementaran los ataques políticos desde las organizaciones pro-Israel
más importantes y su clientela en el Congreso.
La expulsión masiva de espías israelíes fue una respuesta por el fallo de
Israel cuando hubiera debido cooperar para impedir la masacre de miles
de personas en Nueva York el 11 de septiembre de 2001. Parece que el
FBI consiguió reunir pruebas de que la inteligencia israelí tenía
detalladas evidencias del ataque terrorista del 11-S y no proporcionó
la información a las autoridades estadounidenses. Sin embargo,
siguieron afirmando que los israelíes les habían dado la información
justo antes del ataque que sacó al FBI de la pista. Aunque el Mossad
tiene la mayor red de espionaje y el sistema de apoyos más poderoso de
cuantos países operan en EEUU, lo que resulta de especial interés es
que, según los investigadores del FBI, esas operaciones están
penetrando las más altas esferas del gobierno estadounidense, incluido
el despacho del Vicepresidente Cheney. La prolongada investigación y la
reciente y masiva asignación de recursos y agentes para investigar la
con exión israelí se debe precisamente al espinoso asunto de tener que
estar tratando con sospechosos en las esferas más altas de gobierno.
Según un policía federal de Filadelfia, un paso en falso podría llevar
a los peces gordos
a cargarse la investigación. Por eso, los investigadores están
extendiendo los interrogatorios para que alcancen a todas las fuentes
posibles, acumulando miles de páginas con transcripciones,
declaraciones juradas, intervención de conexiones telefónicas, videos
de todos los posibles expertos o potencialmente implicados en las
operaciones de espionaje de Israel desde hace mucho tiempo. A pesar de
la intensificación de las investigaciones, montones de agentes
israelíes y recientes reclutados continúan con las operaciones, muchos
de ellos con la “cobertura protectora” de grupos cristianos evangélicos
filo-sionistas así como de los ‘sayanin’. Un objetivo clave de la investigación del FBI, pero uno muy difícil de forzar, es el AL – una unidad s
ecreta de ‘katsas’
experimentados (oficiales de caso del Mossad que reclutan agentes
enemigos, como los describió Victor Ostrovsky, antiguo agente del
Mossad, en “By Way of Deception”)
Según las fuentes de mi periódico, el caso de Judith
Miller pasando desinformación de origen israelí fue una práctica común
durante los años de las décadas de 1980 y 1990. Muchos de los
periodistas importantes y escritores de editoriales aceptaron y
publicaron o divulgaron, a sabiendas, la información falsa israelí
difundida por agentes del Mossad que actuaban como consejeros políticos
desde la Embajada de Israel.
La investigación del FBI sobre las extensas operaciones
de espionaje de Israel en EEUU es consecuencia de varios factores. Tras
años de estrecha colaboración entre la inteligencia israelí y el FBI,
éste (junto con la CIA) asumió la vergüenza por el “fracaso de los
servicios de inteligencia en el 11-S” sin mencionar la falta de
cooperación por parte de Israel al no haberles informado sobre lo que
sabían. En segundo lugar, la descarada invasión a gran escala de los
operativos israelíes sobre el área del FBI (en EEUU), ha socavado las
actividades propias de las agencias, ha erosionado su posición como
agencias de seguridad y ha desafiado de modo especial sus operaciones
de contra-espionaje. En tercer lugar, el ascendente de Wolfowitz, Feith
y Perle en los más altos escalones del Pentágono y de Elliot Abrams,
Rubin y Libby en el Consejo Nacional de Seguridad, el Departamento de
Estado y la Oficina del Vicepresidente, facilitó la transferencia
rápida y masiva de docu mentación confidencial y decisiones delicadas
al ejército de operativos del Mossad y a los altos funcionarios de la
inteligencia militar tanto en EEUU como en Israel.
El flujo de información de EEUU a Israel se convirtió
en un torrente incontrolado y, por lo que respecta al FBI, lo peor de
todo fue que a nivel organizativo se convirtieron en actores marginales
cuando no directamente despreciados. Lo que les resultó particularmente
mortificante fue tener al menos cinco testigos deseando testificar
contra Wolfowitz y Feith por un incidente de espionaje anterior y no
poder ni tocarles a causa de sus altas puestos y del respaldo
presidencial (especialmente tras el 11-S). El FBI estaba realmente
preocupado por la profunda penetración en el Estado y por el papel
clave que Israel jugaba asesorando, dirigiendo y transmitiendo
propaganda y directrices a sus agentes, colaboradores y a las
organizaciones sionistas más importantes en la carrera hacia la
invasión estadounidense de Iraq. Dada la histeria de guerra y la
propaganda “anti-terrorista” bombeada por todo el aparato ideológico
pro-Israel, los agentes israelíes en el gobierno actu aron abiertamente
y con total impunidad, desafiando tanto al FBI como a la CIA al
establecer su propia Oficina de Planes Especiales como “operación clave
de inteligencia” para transmitir información falsa directamente desde
Israel hasta la Casa Blanca.
El inicio, y las inmediatas secuelas, de la guerra de
Iraq y la subsiguiente ocupación supusieron el punto culminante de la
tiranía israelí sobre Washington. ‘Asesores’ pro Israel, miembros del
gabinete, ideólogos, portavoces, miembros del Comité de Acción Política
Israelo-Estadounidense (AIPAC, en sus siglas en inglés) y sus aliados
en la Conferencia de Presidentes de las Organizaciones Judías más
Importantes (CPMJO, en sus siglas en inglés) celebró su éxito
presionando a EEUU a destruir completamente al principal adversario de
Israel (Iraq), su ejército, su economía, sus sistemas administrativo y
educativo y su infraestructura.
Sin embargo, la celebración de la victoria de Israel
sobre el buen sentido e intereses nacionales de EEUU fue efímera. En
cuanto la resistencia iraquí se fortaleció, en cuanto las bajas
estadounidenses aumentaron y los costes de la guerra se dispararon, el
pueblo estadounidense se volvió contra la guerra y el apoyo a la
Administración Bush ha caído en picado. Con estos cambios políticos,
los agentes israelíes y los colaboradores en el gobierno, autores y
arquitectos de la guerra, debido a la investigación, perdieron parte de
su inmunidad. Al detectar el FBI el cambio favorable en el clima
político, procedió a ampliar enormemente su investigación; se
sucedieron interrogatorios que incluyeron a Feith, Wolfowitz, Perle y
otros neocon sionistas identificados con la inteligencia
israelí. La siempre cautelosa agencia, temerosa de los ataques de los
partidarios incondicionales de Israel en el Congreso de EEUU y en el
Ejecutivo (Senadores Clinton y Lieberman, Sec retaria de Estado Condi
Rice y el Vicepresidente Cheney) se centró en los delitos de tres
célebres elementos trabajando a favor de Israel – Irving “Scooter”
Libby, de la oficina del Vicepresidente, por revelar la identidad de
una agente secreta de la CIA; Larry Franklin, un funcionario del
Pentágono de segundo rango unido a Feith y Wolfowitz, por espiar para
Israel; y en dos dirigentes del AIPAC, el lobby pro Israel más
importante, Rosen y Weissman, por pasar documentación confidencial a
agentes del Mossad en la embajada israelí y por “complicidad” con
periodistas de la corporación de prensa de Washington. Como la
investigación del FBI sobre la conexión israelí logró llegar hasta los
niveles más altos en la jerarquía estatal, Wolfowitz, cuya ambición de
toda la vida era ser el número uno en el Departamento de Defensa,
dimitió de repente y fue nombrado para presidir el Banco Mundial; Feith
también dimitió y se reincorporó a su firma legal
israelo-estadounidense cuando la inve stigación llegó hasta uno de sus
conductos más importantes (Franklin) por proporcionar inteligencia a
los israelíes.
El FBI ha intensificado sus dragas en la muy extensa
red de espionaje israelí y sus colaboradores en el AIPAC, la CPMJO y
las organizaciones evangélicas cristiano-sionistas y muchas otras
organizaciones comunales. Al mismo tiempo, los jerarcas israelíes, los
operativos del Mossad y los funcionarios del gabinete israelí han
intensificado su campaña para involucrar a EEUU en una nueva guerra
contra Irán. Todas las organizaciones importantes pro Israel, los
ideólogos y funcionarios de la Administración se han hecho eco de esa
línea belicosa. Los Senadores Clinton y Lieberman declararon
públicamente que, a la hora de “bombardear Irán”, los intereses
israelíes son el factor determinante de la política estadounidense
hacia Oriente Próximo
A pesar de las investigaciones del FBI, el AIPAC ha
lanzado una de sus más virulentas y agresivas campañas de propaganda
para satanizar a Irán, haciendo circular información falsa desde Israel
sobre la amenaza de las (no existentes) armas nucleares de Irán y
presionando con éxito al Congreso para que ladren ante la voz del Amo.
A pesar del horrible desastre que para EEUU ha resultado ser la
invasión de Iraq, en la cual los colaboradores israelíes jugaron un
papel decisivo, están siguiendo el mismo guión a favor de la guerra con
Irán – inventándose armas de destrucción masiva y amenazas para la
seguridad de EEUU. El AIPAC está haciendo circular, entre todos los
miembros del Congreso, fotos aéreas de bien conocidos e inspeccionados
laboratorios experimentales iraníes como si fueran “lugares secretos de
armas nucleares”. Todos los ideólogos neocon sionistas
importantes han producido como si fueran salchichas una serie de
artículos en los que repetían como lo ros la compartida línea estatal
israelí sobre la “amenaza iraní” y la necesidad urgente de imponerle o
bien sanciones o bien llevar a cabo un ataque militar. En la
actualidad, todo el aparato a favor de Israel supone la fuerza política
más influyente presionando para la confrontación militar de EEUU con
Irán, en contra de la opinión de todas las compañías petrolíferas
importantes de dentro y fuera de EEUU.
Según un periodista que solía trabajar con el
columnista Jack Anderson y al que el FBI pasó seis horas entrevistando,
el FBI se ha asegurado la cooperación del ya condenado espía israelí y
antiguo oficial del Pentágono, Lawrence Franklin, en el próximo juicio
a los altos dirigentes del AIPAC Rosen y Weissman. Están ahora
intentando alcanzar un acuerdo con el último para llegar hasta los
escalones más altos de poder del AIPAC y del Gobierno Federal. Pero el
proceso de investigación del espionaje israelí es lento y tedioso
precisamente porque se introduce profundamente en las más altas
instancias del gobierno y se irradia por una amplia red de
organizaciones de la sociedad civil. Teniendo en cuenta la gran presión
de los israelíes a favor de un inminente ataque militar contra Irán, no
es probable que las investigaciones logren socavar su empeño en la
guerra.
Sin embargo, puede suceder que las desastrosas
consecuencias militares, políticas y económicas de la guerra contra
Irán –añadidas a las pérdidas en Iraq y Afganistán- hagan aumentar más
aún el rechazo hacia la Administración Bush y el aparato pro-Israel.
Una decidida reacción popular podría impulsar que se llevaran a cabo
más arrestos y más procesamientos de funcionarios públicos en altas
instancias y entre los millonarios y operativos de las redes israelíes
que están presionando a favor de la guerra.
Estas guerras desastrosas al servicio de Israel podrían
lograr que los ciudadanos estadounidenses reflexionen y reaccionen
frente al sometimiento de la política exterior estadounidense ante
Israel. En última instancia, incluso podríamos ver la reinstauración de
una República Americana “libre de enredos exteriores”, por citar a
George Washington, y de los “Benedict Arnold” [*], como alardean los Senadores estadounidenses.
N. de T.:
[*] Benedict Arnold vivió entre 1741-1801 y su
nombre se ha convertido en EEUU en sinónimo del traidor a su patria,
aunque durante los primeros años de la Revolución Americana fue un
general brillante y muy respetado. A partir de 1780, presionado al
parecer por una situación económica precaria y quizá también por su
falta de promoción en el ejército, empezó a pasar importante
información militar a los británicos, poniéndose más tarde al frente de
tropas británicas. Cuando acabó la guerra se trasladó a vivir a Londres.