USA - Venezuela: las reales causas del conflicto

Las relaciones diplomáticos formales e informales, estrechas o distantes, entre los Estados, por ser esencialmente relaciones de Poder, responden a los intereses políticos de ambas Partes y, en razón de ello, su sostenimiento o rompimiento no es más que la consecuencia de los conflictos de intereses que se producen en las relaciones bilaterales.
 
La Revolución Bolivariana, bajo el liderazgo del Comandante Supremo Hugo Chávez Frías, nació con el declarado propósito de refundar la República mediatizada y sujeta a los dictados del gobierno imperialista de los Estados Unidos bajo los gobierno burgueses de la Cuarta República; propósito que se expresó en el contenido del artículo 1 de la Constitución al declarar que inequívocamente: “La República de Venezuela es libre e irrevocablemente independiente…” y que se ha reafirmado a lo largo de estos quince años de revolución, por el Presidente Nicolás Maduro Moros, con el desarrollo de una política internacional soberana, basada en la defensa de los intereses del pueblo venezolano y la promoción de la integración latinoamericana y caribeña como realización del ideario del Libertador Simón Bolívar, quien declaró: “La Patria es América”.
 
La política exterior de la revolución bolivariana desvinculó al país del esquema  de dominación imperialista en materia militar y de inteligencia y rompió los lazos del espionaje realizada a través de la DEA y la USAID,  se desincorporó  decrépito  Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, TIAR,  de los programas de formación y entrenamiento de la terrorista  “Escuela de las Américas” y de la Junta Interamericana de Defensa, se desincorporó de las operaciones navales conjuntas UNITA, retiró del principal acantonamiento militar del país, Fuerte Tiuna, la Misión Militar de los Estados Unidos de América,  se abrogaron todos los convenios de cooperación militar entre ambas naciones y se inició un proceso de relaciones soberanas en el plano político, económico y militar con otros Estados de la región y otras partes del planeta, como Brasil, Argentina, Rusia, China, India, Bielorusia e Irán,  en un plano de respeto a la Soberanía y  beneficio mutuo, que ubicó al país como  un interlocutor válido y confiable de creciente importancia en la construcción de la  nueva  geopolítica regional y mundial pluripolar y antihegemónica, en contraposición con la política imperial y neocolonialista del  gobierno de los Estados Unidos de América.
 
Pero las acciones en la escena internacional que definen con mayor radicalidad las distancias entre la República Bolivariana de Venezuela y los Estados Unidos de América, sin duda alguna, se da en el exitoso proceso de cooperación e integración promovido por los gobiernos bolivarianos de Chávez y Maduro que ha venido rompiendo la espina dorsal  de la dominación imperialista en América Latina y el Caribe al profundizar el descrédito de la OEA como foro político regional, promover con la hermana República de Cuba la creación de la (Alternativa) Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, ALBA, el Pacto de Petrocaribe e impulsar, decisivamente, la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, CELAC, sin la presencia, tan siquiera de observador  de los Estados Unidos de América y su delfín colonialista, Canadá; dibujando una nueva arquitectura regional, identificada con el ideario de los Libertadores de Nuestra América y en contraposición al designio colonialista de la “Doctrina Monroe”.
 
Junto a lo anterior, la revolución bolivariana democrática, popular, anticapitalista y antimperialista, en Transición al Socialismo, al rescatar para el control del Estado la industria petrolera nacional, PDVSA, y modificar radicalmente las relaciones entre la Nación Venezolana y las empresas petroleras extranjeras, especialmente las transnacionales del centro capitalista mundial, le quitó al imperialismo la primera reserva mundial  de petróleo y la más cercana a su sedienta economía y población y, fue un factor fundamental  para revertir la  división o desaparición de la OPEP y del establecimiento de una política de producción y precio en favor de los países productores; política que profundizó las acciones agresivas del imperialismo.
 
Son esas y no las reiteradas “pajuatadas”  de los voceros de la Casa Blanca y del Departamento de Estado del gobierno de los Estados Unidos, lo que viene determinando la conflictividad de las relaciones  entre los Estados Unidos de América y Venezuela y explica la posición injerencista y desestabilizadora de la Administración Obama, de su aparato de espionaje  y del mismo complejo militar-industrial usamericano; factor  de  Poder seriamente afectado por los profundos cambios que hoy vive Venezuela con su revolución bolivariana.
 
Sin embargo;  mantener y sostener relaciones con los Estados Unidos es una necesidad geopolítica insoslayable; no  por tratarse de un socio energético y comercial importante, sino porque la concurrencia de Venezuela y USA en el mismo escenario geopolítico necesita de canales de comunicación entre los gobiernos que permitan mantener consulta y diálogos políticos sobre asuntos bilaterales y ( por que no), asuntos de la agenda regional que afectan los intereses de ambas Partes; razón por la cual, la declaración del Presidente Maduro, en la presentación de su Informe de Gestión 2013 ante la Asamblea Nacional,  en la que sostuvo que Venezuela está dispuesta a iniciar conversaciones con el gobierno de Barak Obama, solo confirma ese legítimo interés del gobierno de la Nación de favorecer el mejor clima posible dentro del ambiente de contradicción-diálogo-entendimiento que ha caracterizado las relaciones entre ambos países durante todo el proceso revolucionario y que, así seguirá, hasta que a Washintong llegue un gobierno dispuesto a respetar la dignidad del pueblo y la Soberanía y la Irrevocable Independencia de la República Bolivariana de Venezuela.

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