Resistencia contra el saqueo y la expoliación del pueblo colombiano

Colombia un país inmensamente rico en biodiversidad, variedad de climas, riqueza hídrica, subsuelo, combustibles e hidrocarburos, producción agraria y ganadera con un capitalismo dependiente en su formación económica y social, históricamente vinculado al mercado mundial de una manera deforme, por el sistema de propiedad, al concentrar tierras y minas en unos pocos propietarios explotando fuerza de trabajo barata y calificada, estructurando así el capital dependiente con la incidencia directa del imperio estadounidense que logra dominar en lo económico, social, político, cultural, ideológico y militar a la nación con la complicidad y complacencia de la oligarquía local.

La colonización y la subordinación económica nos han conllevado a la imposición de la devastadora política neoliberal y a la configuración de un modelo de acumulación de capital a través del despojo violento de la propiedad agraria que ha conducido al país a la degradación de la soberanía, de la mayor centralización y concentración de la riqueza, aumento de la desigualdad social, el desconocimiento de las condiciones de laborales, depredación socioeconómica, a la continua apropiación de la riqueza social y de los frutos del trabajo mediante el despojo y el desplazamiento forzado de millones de campesinos y a la clase obrera, siempre desde el poder y sirviendo a sus intereses.

Mafias y paramilitarismo son el modelo violento de acumulación y de terror que caracteriza la actual fase neoliberal del capitalismo.

De hecho, en esa nueva ola de gobiernos oligárquicos apátridas y bajo los designios y las imposiciones de tratados de libre comercio intentan posesionarse profundizando el proceso de neo liberalización de la economía, fortaleciendo el capital financiero internacional y a los grandes grupos económicos, desnacionalizando la economía, desindustrializando al país y consumiendo la producción agrícola y en especial la producción de alimentos. Dando todo el apoyo y garantías al monocultivo, a los biocombustibles y a los productos para su producción.

Han promovido en la última década la explotación intensiva y la extracción de las riquezas en hidrocarburos, minerales y fuentes de agua acompañándola de la producción de agrocombustibles a gran escala, explotación forestal y megaproyectos de infraestructura, facilitando la explotación a fondo, dando garantías al capital y a los inversionistas para que accedan a las concesiones sobre los territorios. Y en esa invasión de las trasnacionales, el gobierno tracalero les entregó 30 millones de hectáreas para la exploración petrolera, 20.5 millones de hectáreas como área estratégica para la exploración y explotación minera sostenible, 12 millones para la explotación forestal extractiva, 39.2 millones para la ganadería extensiva, 3,6 millones para la producción agrícola en detrimento de extensos territorios y poblaciones indígenas y campesinas y las consecuencias sociales y ambientales de tales políticas. En un país donde 22 millones de hectáreas de la mejores tierras están en manos de 12 mil terratenientes, donde cada latifundista posee aproximadamente 1.800 hectáreas cada uno, en tanto que 3 millones de campesinos poseen 2.5 millones de hectáreas; o sea que cada campesino es dueño de 1 una hectárea de tierra para producir.

Y mientras se proclama a través de campañas mediáticas manipuladoras y arteras los avances de las políticas económicas del gobierno y las trasnacionales, las falacias y datos falsos sobre generación de empleo y progreso para las regiones, y con gran ruido se anuncia la producción de 950 a un millón de barriles diarios de petróleo, de 85 a 90 millones de toneladas de carbón anuales, de 72 toneladas de oro al año y sus exageradas ganancias, este alboroto se contraponen con la verdadera realidad del país, 30 millones de colombianos en la pobreza total, 10 millones de compatriotas en la indigencia. La desidia y el desempleo a la que han sido sometidas las pobrerías nacionales y donde los reales índices de pobreza contrastan con las riquezas y las exorbitantes extravagancias de las élites gobernantes.

En nuestra suntuosa península de la Guajira donde la sal, el gas y el carbón abundan como el agua en la nevada y las riquezas naturales están al orden del día, donde el estado oligárquico y sus agentes insensibles e indolentes predican que "Hay que estimular la inversión, no estrangularla" y prefieren arrodillarse indignamente frente a las trasnacionales como CCX, Drummond, Anglo Gold, Medoro Resources etc. que vienen haciendo exploraciones y explotaciones de carbón, oro, plata y otros minerales y entregan sin escrúpulos lo que aún queda de estas riquezas que le pertenecen a los ancestrales habitantes dueños de su territorios y de todo lo que allí se produce. Pero son estos mismos inescrupulosos funcionarios vendidos y bajo sobornos, los que entregan en concesión esas tierras, los que le dan la espalda a la Guajira y prefieren ignorar la profunda pobreza, la sequia y el abandono estatal de la península caribeña. Son los mismos empleados indignos que bajo engaños y trampas intentan corromper con dádivas la conciencia de los habitantes guajiros ofreciéndoles chivos, lana y cuanta limosna mientras se sustraen las ínfimas regalías que les dejan las compañías extranjeras.

La Guajira que suministra el 85% del gas y produce el 70% de la sal que se consume en todo el país, la poseedora de la mayor mina de carbón a cielo abierto en el mundo enfrenta los planes nefastos y criminales por parte de la oligarquía santanderista y las multinacionales, como el proyecto de desviación de 26 kilómetros del rio Ranchería y sus afluentes y la remoción de 600 tonelada de capa vegetal con el agravante que en el área se encuentran ubicadas rancherías donde habitan comunidades wayus, La ubicación de un centro de explotación de carbón por parte de la multinacional CCX en un área a menos de 1 kilómetro del manantial de Cañaverales, la construcción de la vía férrea y el paso de tren para transporte de carbón de la CCX por los municipios y Distracción y Fonseca con sus funestas consecuencias.

No podemos sentirnos orgullosos de ser los únicos en el mundo que tenemos la laguna artificial de conminación mas grande, como es la represa en el rio ranchería.

La amenaza se extiende también contra una de las reservas espirituales y culturales de territorios ancestrales y sitios sagrados donde se mantiene el orden y el equilibrio del universo y se materializa el conocimiento y la sabiduría. Y es que como tentáculos los ejecutivos y empresarios de la firma Six Sense autorizados y aliados con la burguesía vende patria planean la construcción de un hotel en el parque Tayrona corazón de la Sierra Nevada de Santa Marta. Desesperadamente buscan y reúnen a los arhuacos, koguis y wiwas para convencerlos con sus falsas promesas y ofrecimiento de donativos. Habría que decirles que esas tierras son intocables e innegociables que son los sitios venerados de los verdaderos Mamos sus guardianes de siempre y que dicha profanación es inviable y atentan contra los territorios tradicionales, que estos proyectos no contarán jamás con el apoyo de los verdaderos defensores de la cultura tayrona y sus cuatro pueblos indígenas.

Es indudable que hechos tan aberrantes exacerben los ánimos y convoque por si solos a los resistentes pueblos guajiro y cesarense conformados por los rebeldes wayus, wiwas, arhuacos, coguis, kankuamos, sindicalistas, estudiantes, educadores y todos los habitantes patriotas y defensores de la soberanía, en contra de la devastación de su territorio y por un nuevo modelo de vida y de producción.

La desaforada ambición por extraer lo más rápido posible estas riquezas, han llevado a generar un impacto ambiental irreversible que afecta a todo el planeta tierra y promete empeorar con todos los megaproyectos que las trasnacionales planean desarrollar.

Hermanos es hora de decir basta ya a la depredación del planeta y al saqueo de nuestros recursos naturales. Vamos a detener los atentados contra la vida del planeta, luchemos por garantizar tierra, agua, casa, educación, salud a las generaciones futuras y para ello es necesario establecer un nuevo gobierno para Colombia, que junto a los gobiernos progresistas del mundo defendamos la tierra.

Que se sienta que nuestros hijos y nuestros nietos son merecedores de un futuro digno, una patria nueva, democrática y socialista.



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