Crisis, conflicto territorial y la paz

Que el gigante chino, con mas de 10 millones de kilómetros cuadrados de territorio continental y cientos de miles de territorios marítimos, se encuentre enfrascado en una pelea política y financiera con el avergonzado Imperio Japones, por la soberanía sobre el atolon Daioyu, en el este del Mar de China y, que el decrépito imperio británico desafia la historia, la ley internacional y los justos reclamos de la República Argentina, en su pretensión de seguir colonizando las islas Malvinas y Sandwich y Georgias del Sur, situadas a 14.000 kilometros de su territorio y con solo algo más de tres mil colonos; no puede ser atribuido a un asunto de orgullo o soberanía nacional, sino a el estado de inestabilidad y confrontación de poderes existente en le mundo de hoy, que anima a reivindicar causas añejas, promueve desafios de viejas y nuevas potencias y pretende la recomposición de los espacios de los Estados y explotar nuevas riquezas, en ese interminable procesos de variación y reorganización de la geografía política y territorial del planeta Tierra dibujada con la sangre delos pueblos, por el poder de los mosquetes y las cañoneras de los viejos imperios.

El desarrollo de la geografia política del planeta ha alcanzado un elevado nivel de precisión y certidumbre despues de la terminación de la Segunda Guerra Interimperialista mundial – a la cual se vio arrastrada la extinta Unión Soviética - y el proceso de descolonización que generó pero, ni la conferencia de los Jefes de las potencias aliadas triunfantes, en Posdam, ni las capitulaciones y armisticios firmados en Berlin y Tokio, fueron suficientes para resolver el complejo proceso de determinación de las fronteras nacionales de los Estados existentes y, muncho menos, de los territorios coloniales persistente a la terminación de la guerra, por lo que la segunda mitad del siglo XX fue escenario de diversos conflictos bélicos importantes entre los cuales destacaron las tres guerras arabe-israelíes por Palestina, el Golan, la franja de rio Litani y el Sinaí, La guerra iraki por el Emirato de Kuwait, la guerra de Armenia y Azerbayan por Karabak, la de Honduras y el El Salvador y la del Reino Unido y Argentina por las Malvinas.

Aunque Corte Internacional de Justicia, con sede en la Haya, es un organismo de la ONU con jurisdicción voluntaria para dirimir las controversias entre los Estados sobre la fijación de límites – situación en la que se encuentran hoy Perú y Chile y Nicaragua y Colombia – la tendencia principal de los diferendos es al uso de la negociación bilateral y del del Buen Oficiente, para allegarse a un acuerdo definitivo pero, dado el ambiente de crispación mundial provocado por la crisis sistémica del Capitalismo, la cual ha afectado las relaciones de Poder regionales y mundial, es cada vez más frecuente que los Estados se vean envueltos en tensiones, relaciones conflictivas e incluso, acciones militares fronterizas, ocasionadas por estas disputas, como las recientes entre Tailandia y el Reino de Camboya, China y Japón, los dos partes de Corea y, Sudan y el naciente Sudan del Sur.

Sin duda, en el centro de estos conflictos territoriales están, como principal motivación, el control de espacios con importancia geopolíticas y , especialmente, por razones económicas, dada la reducción del control que tenían las grandes corporaciones capitalistas de los yacimientos de metales y energías estratégicas y la creciente importancia de los espacios marinos que, han dejado de ser simples corredores de transporte de mercancias, a una fuente fundamental de materiales del elevada importancia para la industria del presente y le futuro.

Visto como un asunto meramente bilateral entre las partes controvertidas y ubicándolas en un espacio físico determinado, tales situaciones parecieran no tener una trascendencia superior a la importancia de los Estados directamente involucrados; sin embargo, en estos tiempos de globalización y crisis del Capitalismo y, en medio de una profunda crisis del Sistema de Poder heredado de la Segunda Guerra Interimperialista Mundial, tales situaciones se transforman en asuntos que afectan la Paz y la Seguridad internacionales, por lo que las fuerzas de gobiernos y los movimientos sociales comprometidos con la defensa del Derecho a la Paz en el planeta, tienen que estar permanentemente dispuesto a evitar que tales disputas territoriales se transformen en conflictos políticos y militares que, no solo enfrentan y dañan humana y materialmente a las naciones involucradas y sus vecindades, sino que se convierten en fuente de tensiones internacionales propiciantes de la guerra, con sus terribles consecuencias para la Humanidad y su hermoso planeta Azul: la Tierra.

En nuestra América, es esencial para el proceso de integración económica y unificación política que se viene desarrollando a través de UNASUR y la CELAC, que todos los procesos controvertidos sobre fronteras se mantengan sobre los principios de Solución Pacífica de las Controversiasa entre los Estados, la negociación bilateral con o sin Buen Oficiente y el arbitraje y la Justicia Internacional, con el compromiso de respetar los acuerdos válidamente suscritos por las partes y las sentencias dictadas por los órganos competentes; todo lo cual, neutralizaría a las fuerzas imperialistas y algunos de sus aliados regionales que permanentemente intentan “descarrilar” el objetivo histórico de la integración y la unidad de Nuestra América.

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