El antropólogo Roberto Abínzano estudia hace años el punto donde
confluyen Argentina, Paraguay y el Brasil. Sostiene que los grupos de
Medio Oriente allí instalados no tienen mucha relación con las redes de
terroristas
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| Roberto Abínzano |
Posadas. “El
contrabando en nuestra cultura no es delito. Hay mucha gente que vive
del contrabando ‘hormiga’ y no sabe o no acepta que es delito”. Éstas
son palabras textuales del antropólogo Roberto Carlos Abínzano, quien
desde hace años investiga la Triple Frontera.
El estudioso es
miembro del Departamento de Investigaciones de la Universidad Nacional
de Misiones y hace más de un cuarto de siglo analiza las sociedades y
las relaciones de éstas con los límites fronterizos.
Una de sus
últimas publicaciones, se llama “Cuadernos de Frontera”, la que forma
parte del proyecto “Hacer nuestra la Integración”. Son tres tomos en
donde describe tanto el proceso de investigación como de formación de
las “Regiones de Fronteras en Misiones”.
Hace cinco años, comentó,
tomó el desafío de estudiar la región de la Triple Frontera, conformada
por las ciudades de Puerto Iguazú (Argentina), Ciudad del Este
(Paraguay) y Foz Do Iguazú (Brasil).
Para conocer la problemática de
tan complejo punto tripartito, Abínzano se entrevistó con integrantes
de pequeños sindicatos rurales locales y con filiales de grandes
organizaciones gremiales de alcance nacional e internacional; asimismo
se contactó con grupos de ecologistas y conservacionistas y también con
representantes aborígenes.
Sin olvidar a los grupos de apoyo:
organizaciones no gubernamentales, universidades, investigadores o
técnicos independientes, cooperativas, entre otros. Incluso militantes
de partidos políticos regionales o nacionales.
La integración del Mercosur
En
su trabajo, sostiene que “en cada uno de nuestros países, se generaron
estereotipos destinados a impedir las alianzas regionales que pudieran
crear polos de poder alternativo”.
Como ejemplo, recordó cuando
“la Cancillería de Estados Unidos expresó oficialmente en el Congreso
de ese país, su ‘preocupación’ por la conformación del Mercosur,
manifestando que esta alianza no favorece sus intereses”.
Mencionó
también que “otra ofensiva a la integración se refiere a la concepción
del Mercosur como un peldaño o etapa hacia la creación del mercado
americano bajo la tutela de Estados Unidos”.
“La asimilación es el
proceso por el cual una identidad se transforma hasta convertirse en
otra que tiene como modelo. Puede ser voluntaria o forzosa.
En
cambio, integrarse es pasar a formar parte de una organización,
sistema, estructura o ente mayor y múltiple sin perder la propia
identidad”, explicó.
El estudio in situ
Sobre
el tomo “Procesos transfronterizos complejos”, dijo que “allí trato
sobre todo sobre los movimientos sociopolíticos, de algunas etnias,
como la musulmana que desde el atentado a las Torres Gemelas de New
York está bajo sospecha. Todo, porque supuestamente los estadounidenses
sospechaban que en ese lugar (por la Triple Frontera) había una red de
narcotráfico, cuyas sumas de dinero eran utilizadas para financiar el
terrorismo internacional”. “En ese lugar, si bien hay comunidades de
Medio Oriente, no tienen mucha relación con las redes terroristas”,
opinó.
“Para el análisis de las interacciones de frontera, también
revisamos las políticas públicas aplicadas para esta interacción. Por
ejemplo, que existe un bajo control en las zonas de comercialización y
el contrabando hormiga es algo común”.
“Es una zona de actividad
económica extraordinaria”, explicó el antrolpólogo. “Hay puntos clave
del comercio, como el puerto de Paranaguá, Brasil, donde la mercadería
pasa en contenedores que no son revisados y se abren recién en
territorio paraguayo”, ejemplificó.
Con respecto a Ciudad del
Este, Paraguay, dijo que “es la segunda ciudad de América en relación a
su plaza comercial. Mueve unos 10 mil millones de dólares por año.
Además del flujo importaciones y exportaciones, legales e ilegales”.
Contra amenazas externas
Abínzano
explicó que también se entrevistó con movimientos sociales y políticos.
“Uno de ellos es muy particular, porque surgió ante el ‘ataque
mediático’ de EE. UU. para este sector clave en América Latina. El
nuevo movimiento llamado ‘Pasen la Frontera’, surgió en la Triple
Frontera para cambiar la imagen negativa creada por los regímenes
imperialistas, que quieren tener motivos para justificar una futura
ocupación militar del sector. Es parte del proceso de integración”,
detalló.
“Se denomina brasiguayos a unas 300 mil personas que
emigraron cuando empezó la construcción de la represa hidroeléctrica de
Itaipú. Hoy están asentados en tierras paraguayas, y sus hijos nacieron
en el Paraguay, crecieron y van a la escuela; pero siguen conservando
sus costumbres y piensan que en algún momento volverán al Brasil”, dijo
Abínzano.
Comentó que en el Paraguay, “están también los
terratenientes sojeros de Brasil, dentro de la expansión de la soja
transgénica, que compraron enormes cantidades de tierras y que producen
reacción por parte de los paraguayos y de los mismos brasiguayos”.
Coincidencias y disidencias
“En
la región de frontera se destaca una conciencia de solidaridad
internacional frente a problemas similares”, detalló el investigador.
Aseguró
que “en todas las propuestas de tipo económico existe un rechazo
manifiesto al modelo económico neoliberal o neoconservador”.
Aclaró
que también “coinciden en la preocupación por la defensa del medio
ambiente y la necesidad de desarrollar técnicas alternativas, redes de
agricultura orgánica, centros de demostración, y la recuperación y
revitalización de conocimientos tradicionales”.
Abínzano mencionó
que “las asimetrías económicas constituyen un obstáculo innegable, ya
que la posibilidad de obtener buenos precios ‘del otro lado’ genera un
estado de ánimo negativo en el sector comercial y en el mercado de
trabajo ligado a éste”.
Por último, el investigador remarcó que el
“Brasil ha prestado a sus poderes locales una importancia
comparativamente muy superior a la que le otorgaron sus vecinos” del
Mercosur.
La carrera del investigadorAbínzano
nació en Buenos Aires. Estudió la Licenciatura en Ciencias
Antropológicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad
de Buenos Aires (UBA).
El doctorado lo realizó en la Universidad de Sevilla, España, en el Departamento de Antropología y Etnología de América.
En 1978 llegó a Misiones para ejercer como profesor titular e investigador de la UNAM.
Entre
1986 fue electo decano de la Facultad de Humanidades y Ciencias
Sociales. Se desempeñó en ese cargo hasta 1990. Luego pasó a ser el
director del Centro Estudios para la Integración Latinoamericana
(CEPIL) por cuatro años. Hoy es investigador de Primera Categoría,
docente de post Grado, Maestría y Doctorado.
Además, integra la
comisión Regional Centro-Este de Categorización de
Investigadores.Publicó artículos y libros en Varsovia, España y Brasil.