En enero de 2005, cuando la todopoderosa FDA norteamericana aprobó
la implantación de microchips en humanos, tanto esa organización como
VeriChip, principal fabricante de los mismos, olvidaron mencionar la
existencia de estudios científicos que desde mediados de los 90 venían
asociando a estos dispositivos la aparición de tumores malignos en
entre un 1 y un 10% de animales de laboratorio (ratas y gatos).
La FDA es supervisada por el HHS (Departamento de Salud y Servicios
Humanos), que en la época de la aprobación dirigía Tommy Thompson. Dos
semanas después de la decisión, Thompson dejó su puesto en ese
organismo y cinco meses después pasó a formar parte del comité de
dirección de VeriChip, donde fue recibido con dinero y stock options, llegando a afirmar
en una entrevista televisiva que no le importaría ser implantado (algo
que, a día de hoy, continúa sin realizar). Al ser interrogado más tarde
al respecto, Thompson, ex-gobernador de Wisconsin y que hasta hace poco
aspiraba a ser designado candidato republicano para las elecciones
norteamericanas de 2008, respondió que ni siquiera conocía la
existencia de VeriChip mientras estuvo en su cargo oficial en el HHS...
Otro importante organismo regulador de la profesión médica (AMA, American Medical Association), que dio su visto bueno
-con reservas- al uso de chips RFID en humanos, asegura no haber
conocido hasta ahora la existencia de los estudios que relacionan el
cáncer con los implantes en animales.
Se calcula que unos 2.000 humanos (y obviamente millones de animales
domésticos) han sido implantados con microchips RFID, llegando incluso
a recomendarse su aplicación a niños, enfermos, empleados e inmigrantes. Existe también quien
se lo implantó por puro esnobismo o estupidez. Ahora, su única
esperanza radica en que los irrefutables hallazgos realizados en
animales de laboratorio (tumores en torno al propio chip,
para que no queden dudas sobre la etiología) no pueden sin más
extrapolarse a los seres humanos. Sin embargo, importantes oncólogos
norteamericanos afirman que tras conocer dichos estudios de ningún modo
permitirían que ellos mismos o sus familiares fueran implantados.
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