La estructura de nuestro Comercio Exterior; ojo con las señales derivadas de sus análisis

Este proceso revolucionario, como no puede darse el lujo de fracasar, está obligado a no descuidar ningún frente. Liderazgo, experiencia y gente, la tenemos en grado suficiente como para evitar situaciones que, por no preverlas, anticiparlas, interpretarlas y transformarlas a tiempo, puedan afectar o dar al traste con los grandes objetivos estratégicos de la revolución bolivariana.

El PDES 2001-07, ya apuntaba a la necesaria transformación productiva y estructural de nuestra economía y a su diversificación. Por supuesto, una economía al servicio del ser humano, que se caracterice por su solidez, con altos índices de crecimiento con fines “redistributivos” y sociales basados en la equidad y la democratización de condiciones de acceso y “desmarginación”.

Economía que se sustente en la complementariedad de las cadenas productivas, que impulse y propicie creativamente nuevas formas de producción y de propiedad de las unidades productivas; que transforme materias primas y genere valor agregado, que garantice la soberanía alimentaria y el pleno desarrollo de nuestras potencialidades turísticas; el apuntalamiento de nuestra fortaleza energética, pesquera, minera y sobretodo, una economía, insistimos en ello, centrada en el ser humano y la preservación del ambiente.

Una economía productiva, que elimine la agricultura de puertos, el comercio especulativo y mafioso o la ganancia fácil a costa de los intereses de las mayorías; que asegure el desarrollo de nuestras infraestructuras, la generación de vivienda, de bienes y servicios esenciales para la vida cotidiana; una economía que por su fortaleza intrínseca, sitúe a Venezuela en el lugar que nos corresponde en esta etapa histórica en que la proyección internacional del país nos da una dimensión hasta hace poco impensable. En fin, una economía socialista y moderna, que nos haga dueños de nuestro propio destino.

Es a través del comercio exterior que, en buena medida, se proyecta externamente una economía. Lo que producimos y vendemos; lo que compramos fuera de nuestras fronteras, está todo directamente vinculado a la naturaleza y tamaño de la economía.

El comercio exterior apalanca nuestro vínculos externos, genera empleo productivo en nuestro país y con aquellos que comerciamos, impulsa y motoriza importantes vertientes de la integración y la complementariedad (partiendo que la integración, como concepto, es un estadio mucho más holístico y abarcador que el comercio).

Vemos, por ejemplo, como el comercio de nuestro país con países como Cuba o Argentina, han pasado de cero, a mover cifras que superan los US $ 1.000 millones de dólares. El comercio exterior no es neoliberalimo.

Ser un país con peso específico en el “concierto” internacional de naciones, y convertirnos en potencia emergente requiere, a juro, que no descuidemos la temática económica, ni la naturaleza de nuestro comercio exterior.

El Presidente Chávez, en sus muy didácticas intervenciones públicas insiste siempre sobre la importancia del uso e interpretación correcta que debemos darle a los números, las cifras, las matemáticas, las estadísticas, como instrumentos de medición científica.

¿Qué señales nos está dando la actual estructura del nuestro comercio exterior venezolano, a la luz de dichas mediciones?.

Esbozaré sólo algunos puntos en este artículo, pero el tema da para mucho por todo lo que involucra y su complejidad. Habrá que seguir abordando el asunto, profundizando el análisis, el diagnóstico y sobretodo, sacar conclusiones que permitan ejecutar políticas transformadoras, renovadoras, que superen el actual estado de cosas.

Insisto en que debemos ver al comercio exterior (su concepto y su impacto) como un importante -aunque obviamente no el único- instrumento de desarrollo socioeconómico y de política exterior; no lo sobredimensionemos tampoco y lo veamos como un fin en sí mismo, pero si reivindiquemos su importancia socioeconómica y política. Deslindémonos (deslastrémonos), más bien, de quienes demonizan su concepto y soslayan su impacto, solo por que entienden de manera errónea que el comercio exterior es un instrumento neoliberal.

Al revisar (redondeando cifras) las estadísticas, años 2005 y 2006, de nuestro comercio exterior, observamos que Venezuela exporta anualmente bienes y servicios al mundo por US $ 60.000 millones (monto impactado por los altos precios petroleros) e importa del mundo aproximadamente la mitad de lo que exporta, es decir, unos US $ 30.000 millones.

Tenemos una balanza comercial positiva, superavitaria y que cubre sobradamente nuestras necesidades de importación; pero, si vemos más a fondo, descubriremos vulnerabilidades y debilidades que no debemos, para nada, desatender.

Del total exportado, casi el 90% es petróleo y derivados y el 10% restante, unos US $ 8.000 millones, corresponde a bienes no petroleros. Nuestra economía no logra aun apuntar hacia la necesaria diversificación productiva, pues sigue siendo monoexportadora, altamente dependiente y vulnerable.

Tenemos que ser cada vez más potencia energética, claro que sí, pero también (y no es excluyente) debemos procurar contar con una cesta de bienes y servicios distintos del petróleo en nuestras ventas externas, que equiparen, incluso como meta a lograr, los montos en divisas generados por el petróleo y sus derivados. Lograr una meta como esa tendrá beneficios impresionantes desde todo punto de vista. El quid está en qué hacer y cómo hacer para lograrlo en un tiempo determinado (el mas corto posible).

El sector no petrolero venezolano apenas exporta unos US $ 8.000 millones, del total de US $ 60.000 millones que vende anualmente el país en el exterior, pero es el sector privado el gran importador y demandante de divisas, alrededor de US $ 24.000 millones al año. Solo se cubre por esta vía un tercio de nuestros requerimientos en divisas para importar.

Otra meta a fijarnos: que el aparato productivo nacional distinto del petrolero se inserte internacionalmente y genere ingresos en divisas, equivalente a las necesidades de importación de nuestra economía. Que cubra los tres tercios en lugar del tercio actual. Ello, sin descuidar el abastecimiento interno sino por la vía de mayor productividad y economías de escala, más inversiones para incrementar la capacidad de producción nacional de bienes y servicios, incluyendo los turísticos.

Con el cumplimiento de una meta así, liberaríamos los ingresos petroleros generados por PDVSA -que actualmente cubren buena parte de las importaciones del sector privado nacional-, para atender aspectos sustantivos del desarrollo nacional y el pago de la deuda social, y los agentes económicos serían entonces los generadores de las divisas que requieren para sus importaciones. ¿qué hacer para lograr la meta? ¿cómo hacerlo?...hay que trabajarlo. Se requerirá de voluntad política, políticas específicas, seguimiento, coordinación y gradualidad.

Otro aspecto observado al analizar la estructura de nuestro comercio exterior, es el peso abrumador de las materias primas y bienes intermedios en los bienes exportados y la poca captación de divisas producto del turismo internacional; no estamos exportando bienes procesados con valor agregado y eso es otro aspecto clave a remediar con políticas públicas y el concurso de los actores económicos.

El análisis de nuestra estructura de comercio exterior -y ustedes saquen sus propias conclusiones- arroja también otra realidad a superar: dos terceras partes de nuestras exportaciones y más de la mitad de nuestras importaciones tienen por origen y destino únicamente tres países en el mundo. Esos tres países son: Estados Unidos, México y Colombia. ¡Dios!.

La política exterior bolivariana viene dando avances para diversificar también nuestras relaciones comerciales con otros países cercanos geográficamente hablando y hermanos y no tan cercanos (China, Rusia, Irán, UE, etc,). Opino, en ese sentido y solo como un elemento más, que el volver a restablecer (cumpliendo además con el mandato expresado en dos de las estrategias del equilibrio económico e internacional del PDES 2001-2007) el Programa de la Red de agregadurías comerciales en el exterior -que fue un aporte del MRE y sus aliados MILCO y BANCOEX en su momento-, aportaría mucho a la necesidad de ampliar el horizonte de nuestras relaciones comerciales internacionales.

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