Sociedad del conocimiento

Los profundos cambios de la ciencia en el siglo XX han originado una tercera revolución industrial: la de las nuevas tecnologías, que son fundamentalmente intelectuales. Esa revolución ha ido acompañada de un nuevo avance de la mundialización y ha sentado las bases de una economía del conocimiento, en la que éste desempeña un papel fundamental en el desarrollo y las transformaciones sociales.

Hay que señalar que información no es lo mismo que conocimiento. La sociedad de la información en gestación sólo cobrará su pleno sentido si propicia el surgimiento de sociedades del conocimiento pluralistas y participativas, que sepan integrar en vez de excluir.

¿Será el siglo XXI testigo del auge de sociedades en las que se comparta el conocimiento? En las sociedades caracterizadas por el aprendizaje no tendría que haber exclusiones porque el conocimiento es un bien común al que todos deben tener acceso.

El conocimiento tiene dos características notables: su no rivalidad y -una vez que ha expirado el plazo de protección garantizado por el derecho de propiedad intelectual- su no exclusividad.

La primera de estas características ilustra una propiedad del saber que ya puso de relieve el político y filósofo estadunidense Thomas Jefferson: el hecho de que una persona haga uso de un conocimiento no impide que otra lo utilice también. La segunda característica significa que toda persona puede utilizar libremente un conocimiento de dominio público.

Sabemos que el desarrollo de sociedades en las que se aprovechen compartidamente los conocimientos es la vía que nos permitirá luchar eficazmente contra la pobreza, prevenir graves peligros para la salud, reducir las terribles pérdidas humanas ocasionadas por los maremotos y huracanes, y promover un desarrollo sostenible.

Sin embargo, hay obstáculos que se oponen a las sociedades del conocimiento compartido:

- La brecha digital. Hoy en día, el hecho de no estar conectado a la red supone verse privado del acceso a múltiples conocimientos. Si bien es cierto que el número de internautas aumenta sin cesar y asciende ya a la cifra de mil millones, hay todavía en el mundo 2 mil millones de personas privadas de electricidad y 75% de la población del planeta no tiene acceso, o muy poco, a los medios de telecomunicación básicos.

- La brecha cognitiva, mucho más honda y antigua, que no sólo traza una divisoria profunda entre los países del hemisferio norte y los del sur, sino también dentro de cada sociedad.

- La concentración del conocimiento y de las inversiones importantes en los campos de la ciencia y la educación. Unas y otras se agrupan en áreas geográficas reducidas, agravando la fuga de cerebros de los países del hemisferio sur hacia los del norte, entre los países del norte y también entre los países del sur.

- El agravamiento de disparidades sociales, nacionales, urbanas, familiares, sociales y culturales que afectan a muchos países, así como la persistencia de las desigualdades entre los sexos. La proporción de niñas y jóvenes del mundo sin escolarizar se eleva a 29% y las mujeres están insuficientemente representadas en el ámbito científico.

Para superar estos obstáculos, las naciones van a tener que invertir en educación, investigación, fomento de la información y desarrollo de "sociedades del aprendizaje". Aquellos que no inviertan suficientemente en conocimiento, en educación y ciencia de calidad, pondrán en peligro su futuro.

¿Podrán los países del sur crear sociedades del conocimiento? ¿No son éstas un lujo exclusivo de las naciones del norte? Bien se podría responder con las palabras de Abraham Lincoln: "Si creen que el conocimiento es caro, piensen cuánto puede costar la ignorancia".

Director general de la UNESCO

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