Propiedad Intelectual

Gobiernos que no gobiernan: depredación global contra Latinoamérica

La crisis del capitalismo global desatada contra los sectores trabajadores del Mundo está develando el entramado de control y dominación implementado desde los centros de poder que pauperizan grandes masas poblacionales -tanto en los países centrales como periféricos- en donde la guerra económica parece apuntar a la devastación de las clases medias y bajas lanzado zarpazos de apropiación de la renta y patrimonio en manos de personas físicas, pequeñas empresas y comercios: un capitalismo depredador en su peor fase.

La propiedad intelectual es uno de los terrenos donde los gobiernos de países latinoamericanos parecen estar perdiendo la batalla de ideas en un mundo globalizado por las guerras e invasiones militares y económicas, comerciales y culturales-mediáticas. En este sentido, la batalla por el control de la propiedad intelectual -que acompañara el proceso político y económico liberal y neoliberal de los 200 años de la maquinaria industrial capitalista- continúa siendo ganada por el poder concentrado global y se libra en escenarios difusos y oscuros.

La mayor parte de los países y gobiernos han optado por evadir la confrontación con el monstruo del Norte para evitar nuevos frentes de tormenta a su ya tormentosa realidad colonizada por Monsanto, Pfizer, General Motors, British Petroleum, Cargill, Exxon, Carrefour, Shell, Wall Mart, Syngenta, Glaxo, Texaco, Astra-Zéneca, Hulliburton, Telefónica, ITT, CNN, Barclays, BBC, Moody’s o cualquier otro integrante de grupos de la economía que tienen sus conexiones metabólicas locales en América latina y EL Caribe. Los gobiernos han elegido dormir con el enemigo antes que enfrentarlo implementando políticas que, en apariencia progresistas, son continuidad de un proceso económico capitalista con ropaje social.

La perversidad de los sistemas burgueses radica en que los gobiernos regidos por Constituciones liberales y neoliberales van a elecciones pero el poder económico de estas empresas gobiernan todos los días sin acto eleccionario alguno, socavando iniciativas que intenten modificar el “fiel” de una balanza de dos platillos demasiado inclinada para igualar sus cargas. Una lucha asimétrica con armamento oculto de contundente impacto en la vida de los ciudadanos y ciudadanas del Sur.

El mayor logro del sistema capitalista en sus comienzos fue robar a los trabajadores e inventores sus creaciones para luego protegerlas de posibles amenazas de quienes se sintieron despojados de sus bienes intelectuales, que comenzaban a crear valor a partir del trabajo. El capitalismo daba así el salto cualitativo mediante el cual los patronos fueron creando monopolios exclusivos y simultáneamente excluyendo a sus competidores más cercanos.

Esta maniobra fue fraguada mediante leyes de propiedad intelectual necesarias para blindar el desarrollo del capitalismo y fue de esta forma que la normativa de patentes introducida desde la constitución francesa y diseminada luego por la Europa y la América, aunque con pequeñas variantes de forma por motivos culturales. Décadas más tarde se las ya creadas empresas se agruparían para elaborar a finales del siglo XIX, el primer tratado internacional de propiedad industrial: el Convenio de París sería el comienzo de la trasnacionalización del comercio y la industria mediante las marcas y las patentes. A este le seguiría el Convenio de Berna para las creaciones de autor y 100 años después el nefasto acuerdo TRIPS-ADPIC que daría un duro golpe a las economías de países en desarrollo, monopolizando las fuerzas productivas de la nueva “economía del conocimiento”.

La arquitectura económica y legal fue conformando entonces un desarrollo bajo premisas liberales que impulsaron las dos primeras revoluciones industriales capitalistas concentro recursos y conocimiento pero acabando en guerras intestinas intra-imperiales (fascistas) con un saldo millonario en muertes de seres humanos.

La 3ra revolución (científico-tecnológica) impulsada en la postguerra fue la palanca sobre la que pivoteó el poder global que dominó la escena mundial con adelantos tecnológicos protegidos con las patentes, inclinando la balanza a su favor y castigando a las economías menos avanzadas del planeta, erigiéndose una nueva fase del capitalismo de conglomerados internacionales incrustados por regiones y países con cobertura legal, gubernamental y diplomática: el Capitalismo Global.

Así, las empresas globales se han apoderado de las principales industrias y sojuzgan al resto de las empresas locales y los gobiernos capitalistas “humanizados” mediante el empleo de estrategias de laboratorio de marketing, maniobras desestabilizadoras, chantajes, espionaje, sobornos, conspiraciones, utilizando los medios masivos audiovisuales para presentar otro escenario de una realidad fabricada artificialmente que controla a las poblaciones de ciudadanos-clientes.

De esta forma, el dominio sobre todos los procesos de producción, industrialización, distribución y comercialización de granos, medicinas, alimentos elaborados, bebidas, productos para la salud e higiene, automóviles, ropa, tecnología de comunicación y esparcimiento y cultura fueron acaparados por las empresas del capitalismo global valiéndose de las leyes de autores, las patentes y las marcas.

En realidad, se mantiene un control casi total de las empresas internacionalizadas sobre los principales presupuestos de Estados nacionales cuyos gobiernos compran sus bienes, directa o indirectamente, a los mismos conglomerados que declaman combatir pero a los que alimenta por compras directas o por entrega del control de los mecanismos de comercio, financieros e industriales donde la propiedad intelectual juega un papel esencial para la reproducción del metabolismo del capital depredador al que algunos President@s quieren domar pero del que continúan siendo rehenes.

Los propios Estados nacionales en América Latina y El Caribe suministran el alimento a las fuerzas del capital analizando mercantilmente los factores endógenos causantes de sus propios males: fuga capitales (Argentina y Venezuela), aumento del precio de los alimentos mediante utilización de marcas (en Venezuela, Argentina, Ecuador, Perú, Chile; Colombia), aumento del precio de medicamentos sensibles a través de las patentes (laboratorios de EE UU productores de medicinas anti-SIDA en Brasil o Argentina), barrera de transferencia de tecnología (caso de EE UU contra Venezuela o Cuba), bloqueo de bienes exportables de valor agregado (el caso de EE UU contra una marca de ron cubano) y muchos casos más de utilización de leyes nacionales o acuerdos internacionales para evitar el desarrollo.

Todos los mecanismos de control y dominación forman parte de un único poder global metabólico destructor de las economías, las familias y las personas: una guerra mundial no declarada que amenaza la existencia humana en la Tierra y que emplean a la propiedad intelectual como arma destructiva.

(*) Lic. en Ciencias Económicas

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