El Poder Popular

Nunca imaginaron los antiguos griegos que lo que ellos llamaron Democracia tendría tantas variantes, según la concepción que de ésta tuviera cada dirigente o partido político. Afirmaban Hipias, Pisístrato e incluso Solón, encumbrados sabios de la época, que si el pueblo era realmente soberano, lo lógico era que tuviese la autoridad correspondiente sobre la ciudad; que fuese el pueblo el que debatiese las políticas, que las votase, que las pusiera en funcionamiento sin importar la clase social o la riqueza de sus miembros. Es decir que el “demos” (pueblo) fuese envestido del poder, el “kratos”. Así fue que Atenas se convirtió en una “demokratia”, conocida por nosotros como democracia. El poder en manos del pueblo.

Parece ser que de aquel modelo griego se derivaron muchos sistemas políticos que nada tienen que ver con lo aplicado por el Clístenes, quien fue el primer gobernante en valerse de la democracia (508 a. C), para enfrentar a la oligarquía dirigida por Iságoras. Esto me viene a la mente pensando en la democracia de los EEUU, donde la elección de un senador cuesta más de cien millones de dólares y la de un presidente sobrepasa los miles de millones de dólares. No cabe duda, tales elecciones no podrían llevarse a cabo sin los financiamientos de los empresarios y ejecutivos de las grandes corporaciones económicas. Dudo, que sea el pueblo de a pie el que tengan inherencia en esta gestas electoreras. Seguramente, las decisiones y las leyes que aprueben el congreso y las que tome el presidente de la república serán beneficiosas para aquellos que costearon la campaña. Estamos en presencia una extraña democracia, donde el poder no reside en el pueblo sino en los grandes consorcios financieros, representados dignamente en el congreso. Es la llamada democracia representativa y dolarizada.

Otras extrañas democracias son las monarquías parlamentarias, donde existe un rey o reina, que no es elegido(a) por el pueblo, sino cuyo cargo es hereditario y escogido entre una familia aristocrática. Por lo general, el futuro soberano o soberana nunca ha trabajado, ni se ha desempeñado en ninguna profesión u oficio. Una vez que sea elegido como soberano continuará en una vagancia eterna. Ciertamente, existe una cámara alta y una baja, pero sus miembros, por lo general, provienen de encumbradas familias. Una democracia muy exclusiva, donde el pueblo no se ve en ninguna parte, ni en retrato.

En Venezuela hasta hace catorce años también gozábamos de una democracia muy especial, donde una presidente gobernaba sin las garantías constitucionales, que la tortura y los desaparecidos de los líderes de izquierda formaba parte de la tradición ante la mirada impasible de los diputados y senadores que representaban al pueblo en sus escaños. Era tal el desparpajo, que los senadores y diputados adecos y copeyanos se reunían a escondidas y en la madrugada para retirarles la inmunidad parlamentaria a los diputados y senadores opositores para mandarlos a prisión. Era la llamada democracia representativa y alternativa de la cuarta república, donde nunca se discutía una ley y mucho menos, se aplicaba alguna disposición con la participación el respaldo del pueblo soberano. Además, las leyes discutidas con fervor eran para complacer a sus amos del norte y a nuestros burgueses de alpargatas.

Con frecuencia notamos cierto nerviosismo a los líderes de la derecha cuando nuestro comandante Hugo se refiere a las comunas, pensando en otorgarle el poder al pueblo, tal como lo establece la constitución. Ante tal posibilidad arremeten contra todo lo que huela a pueblo, dado que lo asocian con el castro-comunismo. En una de mis lecturas fui sorprendido al fijar mis ojos en un párrafo el cual me siento obligado a copiarlo (sic):

“Pero acaso el mayor milagro es el de haber podido resistir todas las elocuentes tentaciones de la grandeza. No se ha dejado arrastrar ni hacia el centralismo ni hacia el poderío excesivo del Estado. Siguen siendo limitadas y pocas las atribuciones de los poderes federales. La soberanía reside efectivamente en el pueblo de cada pequeño cantón. Algunos de ellos conservan, como una reliquia admirable, sus viejos sistemas de democracia directa por medio del cual los ciudadanos se reúnen periódicamente en la plaza pública de la ciudad y aprueban y rechazan, a brazo alzado, las leyes y propuestas de las autoridades del cantón. Es una dimensión que les ha permitido realizar el milagro”.

Como ven el anterior parágrafo no lo tomé de las “Reflexiones de Fidel” y tampoco de alguna arenga de Blanca, Maduro, Diosdado o Aristóbulo. Tampoco el párrafo describe a Cuba, Nicaragua o Bolivia. No, el trozo nunca lo escribió un comunero de la alguna comuna socialista. Aunque no lo crean, estimados lectores (no lo va a creer María Corina), lo mencionado pertenece a una obra escrita por el doctor Arturo Uslar Pietri, titulada “El Globo de Colores”, de Monte Ávila Editores (1975), páginas 308 y 309. El libro relata las crónicas de un viaje realizado por el docto venezolano alrededor del mundo y ni pensar el país, nada comunista ni mucho menos chavista. El ínclito personaje se refiere a la ecuánime Suiza, el país de los helvéticos, la misma, cuyos soldados resguardan la vida del Papa. Para María Corina esos suizos deben ser una decepción.

¿A qué le tiene miedo la oligarquía? que en verdad en poder resida en el pueblo, tal como lo concibe la democracia y tal como lo establece nuestra Constitución. Parece que para los aristócratas pedigüeños es preferible delegar las funciones de legislador en sus subalternos en funciones de diputados, quienes les aseguren leyes complacientes y riquezas a granel.

Las comunas no son unas mesnadas que andarán corriendo por las calles de Altamira, Los Palos Grandes, Lagunita, Cerro Verde…con un puñal en la boca y una ametralladora en hombro para saciar su sed de sangre. No señores de la oligarquía, las comunas es el pueblo legislador, es el pueblo productor capaz de dirigir y trabajar en una fábrica, es el pueblo en las universidades, es el pueblo campesino dispuesto a sembrar y criar sin la presencia de un patrón explotador.

Los partidos tradicionales, incluyendo PJ (puro joder) que nació dinosaurio, tienen temor de perder privilegios y estos se llama “dinero”. Ciertamente señores alcaldes y gobernadores, tampoco se tiene poder sin dinero y las comunas están en capacidad de administrar un patrimonio para llevar a cabo un proyecto que beneficie la comunidad. Estimados líderes desvencijados, como ven, nuestra Venezuela es otra.

No está planteada la desaparición de gobernadores y alcaldes, pero es bueno recordar que estas instituciones oficiales datan, al igual que los cabildos, de la época monárquica, a pesar de que ustedes afirman que son líderes modernos. A manera de ejemplo, el estado de Texas tiene una superficie de 696.241 kilómetros cuadrados, casi el territorio venezolano y tiene un solo gobernador. No se asusten, todavía ustedes no se desvanecerán, pero tenga la certeza que sólo hay una sola institución que perdurará por la eternidad, esa es el pueblo. Y por esta razón mi comandante Hugo lo está preparando para que en Venezuela reine una verdadera democracia. Igualmente que las presidenciales, en las regionales la oligarquía alpargatuda tampoco volverá.


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