Sobre el 7 de octubre y lo que hay que considerar para el futuro de la revolución bolivariana

El velo se ha rasgado, ya hemos visto la luz y se nos quiere volver a las tinieblas; se han roto las cadenas, ya hemos sido libres y nuestros enemigos pretenden de nuevo esclavizarnos. (Carta de Jamaica, 1815)

Sobre el 7 de octubre y lo que hay que considerar para el futuro de la revolucón bolivariana

Espero no repetir percepciones que puedan ser muy evidentes para un pueblo que analiza el avance de la revolución que experimenta.

Me resulta preocupante que luego de 14 años de un presidente en ejercicio, con una obra y medios para difundirla, que no es un presidente cualquiera sino un líder de suramérica y ejemplo mundial de dignidad, soberanía, coherenca, justicia, moral, amor, empatía, no tenga una victoria épica frente a un candidato que representa el pasado que nadie debería añorar, con financiamiento por parte de operadores nacionales e internacionales que tienen intereses contrarios a aquellos de la Nación, con una agenda oculta revelada semanas antes de las elecciones, con un electorado unido a través de un sentimiento de -en el mejor de los casos- aversión hacia Chávez; es hechos contra decepciones, es discurso contra zoquetadas, sinceridad contra mentiras y deshonestidad, es el amor contra el odio... y la ventaja es solamente del 11%, cuando en el 2006 con un “mejor” candidato opositor, la ventaja fue del 26%.

Las cifras con 97,65% del escrutinio son: Hugo Chávez con 8.062.056 y 55,14%, y Henrique Capriles con 6.468.450 para un 44,24%; una abstención del 19.28% y casi 15 millones de votos. En el año 2006, Hugo Chávez obtiene el 62,84% y Manuel Rosales el 36,9%.

Es para que esos 6,5 millones estén alegres y nosotros analizando qué es lo que se está haciendo tan mal que disminuyó la brecha; hay cosas que están pasando factura, y con servicio e IVA bien expresados: Gestiones regionales, municipales, burocratismo, displicencia en la atención de los funcionarios públicos, Metro de Caracas, Corpoelec, salud, delincuencia, poca difusión de la obra social, descontento general, poder popular no muy consolidado, y muy importante: la poca o nula acción del Gobierno Nacional ante las acciones desestabilizadoras de la oposición, la creación y replicación de matrices de opinión, y todo por caer en el chantaje de la oposición de dejarla hacer lo que sea para no ser acusados de que no hay libertad de expresión y que hay presos políticos. El Gobierno debería dejar de mostrarse ante la oposición como la oposición que casi con miedo señala lo que hace un gobierno opresor, ya que además la oposición se comporta con la soberbia y el descaro de quien fuera gobierno.

Gran parte de la culpa de que la brecha disminuyó la tiene el Gobierno pero otra también la tiene la oposición a través de los medios de comunicación que han inoculado odio en todos los sectores por razones que muchas veces quien odia no las conoce pero empatiza con ellas. Que esos medios de comunicación como Globovisión y algunos medios impresos sigan esa línea de la mentira y el odio también es responsabilidad del Gobierno, por omisión, así que yo espero que en este nuevo período se produzcan ciertos cambios en favor de profundizar la revolución.

¿Quiénes son esos 6,5 millones?

Dentro del voto opositor hay de todo; hay quien legítimamente adversa al Presidente por razones ideológicas sin que medie una manipulación externa, hay quienes son de derecha y un Presidente como este no los tiene a ellos como el centro de la atención de su política, no favorece sus intereses de clase ni reproduce la separación de clases que ellos por estar arriba quieren que siga existiendo; ese sector es más fácil de entender y no merece más que aceptar que mientras vivamos en un capitalismo mundial, hay que lidiar con los que tradicionalmente han ostentado el poder y los recursos. Pero no todos esos 6,5 millones son esa burguesía, de hecho la mayoría no lo son, entonces es tarea de la revolución entender qué está pasando allí.

El sector medio es más complicado. A pesar de verse beneficiado por el Gobierno Bolivariano lo adversa con más odio que la burguesía, más vehemencia, más irracionalidad. No todo el que vive en El Cafetal en Caracas vive de una renta o tiene una empresa que se ve perjudicada con el Gobierno de Chávez, pero sin embargo ahí está el mayor odio; ahí es donde más ha podido penetrar el discurso mentiroso de los medios privados, aún habiendo tenido este sector bastante acceso a la educación, volviendo insensata a gente con bastante educación formal, con quienes no hay punto de encuentro en una discusión ni siquiera en base a hechos.

También en las clases más populares hay un respaldo -a veces asombrosamente grande- al candidato de la derecha, quien en un eventual gobierno no las beneficiaría sino las empobrecería más, pero aparentemente se ha podido engañar a una parte del país con que el capitalismo genera empleo, se centra en la persona y no en el capital, da oportunidades a todos, se preocupa por su bienestar y hay más igualdad, democracia y libertad. Eso es preocupante; en un mundo en el que para donde se mire hay injusticias, hambre, guerras y problemas sociales, y todo bajo el capitalismo pero acá después de 14 años de un proyecto distinto se quiera volver al capitalismo más de libre mercado en la figura de un candidato cuyo nombre, discurso ni actuación previa importe, sólo importa que es quien adversa a Chávez; pudo haber sido cualquiera de los 4 que obtuvieron menos del 0,5%, o inclusive Yongo o un chavista que haya traicionado a la revolución; nada importa sino que reciba el apoyo de los medios y lo abandere la derecha y su dinero para la propaganda.

¿Y si el candidato de la derecha hubiese sido de alguna forma “mejor” que Capriles? Simplemente que no fuera tan cantinflérico al hablar y que tuviera más arraigo popular, dando esas características por no decir nombres. Sin duda hubiera conseguido algunos votos más; no sabemos cuántos...

Hay 6,5 millones de personas que prefieren a un candidato sin discurso político, que habla en incoherencias (por lo menos durante la campaña), que imita al otro candidato, que se presenta en el estado Amazonas mimetizado de indígena, que hace recorridos expresos por ciudades cuyos nombres confunde, que tiene una agenda oculta, que participó en un delito internacional como penetrar en una embajada, que organizó el allanamiento de la casa y la detención de un ministro en ejercicio; pero al recordarle a muchos de ellos esos hechos no les importa, no los creen (como si no lo hubieran visto ya) o les parece que todo eso está justificado. Ellos prefieren a cualquiera como Presidente en lugar de Chávez y muchos ni siquiera están claros de que eso les está pasando; creen que Capriles es su líder confundiendo el odio a Chávez con un amor a Capriles. Todo esto hay que atenderlo a tiempo.

Consecuencias

Si no se ponen los correctivos necesarios en el 2019 habrá desgaste del liderazgo del Presidente Chávez, cosa que no veo aún sino nada más descontento. Perdería la revolución después de 20 años de obras para volver la derecha a gobernar porque Chávez no pierde contra un candidato de izquierda mejor que él sino contra uno de derecha como Henrique Capriles o quien venga; sólo puede ser peor que ese escenario uno donde la oposición active un referendo revocatorio a la mitad de este nuevo período, pero hasta ahora la oposición ha mostrado no tener visión de futuro más allá de generar matrices de opinión que duran una semana, así que nos podemos dar el lujo de discutir esto por medios públicos bolivarianos ya que hasta allá no llegará la idea o no será llevada a cabo.

Es mucho más fácil perder un revocatorio que una elección presidencial; el trabajo que tendría que hacer el próximo comando de campaña en un eventual referendo revocatorio sería colosal respecto al del Comando Carabobo; no dejemos que se plantee esa posibilidad.

Lo bueno

No todo lo veo como malo, de hecho más de 8 millones de votos es realmente significativo, aunque señalé lo que puede estar no bien detrás de esa cifra.

Otras cosas sí las veo sin duda como buenas. La disminución de la brecha refuerza la imagen del Chávez-falible que se vislumbró por primera vez con el resultado electoral de la Reforma y que se reforzó un poco más por la terrible enfermedad que sufrió el Presidente el año pasado; se cae un poco la imagen del Chávez como líder mesiánico que ha surgido naturalmente por sus características personales y la altura de su liderazgo moral.

Ya Chávez no es invencible -considero yo-, y es importante que quede establecido para que quienes no hayan ido a votar por creer que igual ganaría, quienes no se inscribieron en el Registro Electoral pero que de alguna forma simpatizan con el Presidente, quienes hicieron un voto de castigo por algún descontento vean la posibilidad real de un Gobierno donde Chávez no sea el Presidente.

Otra cosa buena es que no hubo guarimbas ni dijeron que hubo fraude salvo algunos desquiciados en la Plaza Altamira de Caracas, de forma privada, por las redes sociales pero con poco alcance. El candidato Capriles al final se portó dignamente y dio dos discursos que nada tenían que ver con lo que proyectaba de él durante la campaña, que parecía que fuera para alejar a sus simpatizantes. La gente se calmó y no hubo violencia pero no hay que confiarse; el imperialismo trabaja sin descanso hasta acabar con la izquierda internacional, y acá han sido poco eficientes -hasta ahora- en términos de resultados por la magnitud de Chávez como líder, pero sí han sido constantes y seguirán siéndolo.

Si el resultado hubiese sido contrario estarían pidiendo la renuncia del Presidente Chávez por considerarlo ilegítimo desde el mismo domingo 7 de octubre; empezaría la concreción desatada de ese odio y fascismo en hechos como guarimbas, atentados, llamadas, amedrentamientos, venganza en general; ya lo demostraron el 2002, así que con Chávez en el poder y con la oposición que haya aceptado los resultados se garantiza la paz.

La histórica participación es una ganancia extraordinaria; que el CNE no haya permitido observación internacional también es una ganancia para nuestra soberanía. Ya el sistema electoral está refrendado como el más seguro del mundo. No hace falta que sigan observándonos desde afuera porque no nos interesa convencer a nadie que no esté aún convencido de la transparencia de nuestro sistema electoral. También todos los opositores que confiaban en el CNE si daba a Capriles como el ganador parece que va a tener que confiar en el CNE siempre, y ya lo están haciendo, cosa que está muy bien.

¡El CNE es orgullo nacional!, y
¡Chávez se queda!

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