Aquí hay vida porque hay poder popular

Hoy se inaugura la 3era edición de la Feria del Libro de Caracas en esta hermosa Plaza de los Museos en homenaje a los 445 años de fundación de la Ciudad Capital. Damos nuestro agradecimiento a la Alcaldía de Caracas en nombre de su alcalde Jorge Rodríguez, a Fundarte en nombre de su Presidente Freddy Ñáñez y al Gobierno del Distrito Capital en nombre de la camarada Jacqueline Farías.

El 19 de julio de 2012 el Concejo del Municipio Bolivariano Libertador y la Comisión Permanente de Educación y Cultura celebraron la quinta entrega del Premio Municipal al Pensamiento Político Gustavo Machado. La ceremonia se llevó a cabo en el salón de sesiones del Concejo Municipal. Fue presidida por Simón Pereira, presidente de la Comisión Permanente de Educación y Cultura, y la diputada María León como oradora de orden. Entre los galardonados debemos mencionar tres profesores de nuestra Casa de los Saberes, la Universidad Bolivariana de Venezuela: Humberto Gómez García, en la Mención en Conmemoración a los 20 años del 4 de febrero de 1992, por su obra Hugo Chávez, del 4 de Febrero a la V República; Pedro Pablo Linarez, en la Mención Mejor Ensayo del Pensamiento Político, por su obra La insurrección armada en Venezuela; y José Gregorio Linares, en la Mención Mejor Monografía o Publicación sobre el Pensamiento Político Venezolano, por su obra Nuestra América: pasado comunitario-porvenir socialista. Estas dos últimas fueron editadas y publicadas por la Dirección General de Promoción y Divulgación de Saberes de la UBV.

Y sobre esta última obra que bautizaremos en la mañana de este 27 de julio en la que el rostro verdadero de Bolívar alcanza apenas 3 días de visibilidad, hablaré un poco, ya que soy testigo directo de su gestación, pero no perderé la oportunidad de hablar del gusto por la lectura. José Gregorio Linares se plantea reivindicar el pasado comunitario de Nuestra América, el nombre que le da a nuestra identidad ideogeohistórica a ese espacio entre Rio Bravo y la Patagonia incluyendo el Caribe. Para ello Linares nos habla de la experiencia de los pueblos originarios, el aporte comunitario y emancipador de nuestros antepasados africanos, y las distintas utopías basadas en la justicia que se han materializado en el continente. Dice Linares “La idea es que vayamos lanzando una cuerda que nos permita aproximarnos a estas realidades y darle vida a esos sueños. Se trata, sencillamente, de explorar en el luminoso pasado de nuestros pueblos las fuentes del porvenir que deseamos. Ninguna cultura ni ningún aprendizaje mueren de todo, como han pretendido los enemigos de la humanidad. En los proyectos de socialismo que hoy en día nos planteamos en tierras suramericanas, centroamericanas y caribeñas no sólo están las cenizas del pasado sino sus nutrientes. Estamos aprendiendo que para marchar hacia adelante debemos mirar, también, hacia atrás; llevar al porvenir lo que nunca ha estado perdido”.

Y lo que nunca ha estado perdido, pero sí escondido e invisibilizado por quienes ostentan la hegemonía, es lo que la revolución bolivariana ha llamado poder popular. El verbo poder cuando se conjuga en primera persona del plural adquiere una dimensión tremendamente humana, se ilumina, se magnetiza y su imán acoge a mujeres, indígenas, negras, negros, adolescentes, niñas y niños en situación de calle, indigentes, libre pensadores, creyentes de dioses inculcados o propios, no creyentes, discapacitadas, discapacitados, ancianas, ancianos, orates, trabajadoras domésticas, motorizados, etc. En pocas palabras, cuando el verbo poder se conjuga en primera persona del plural se transforma en socialista, es decir, en poder popular: poder popular para la educación, poder popular para la educación universitaria, poder popular para la cultura, en fin, poder para el pueblo.

La lectura da poder al pueblo porque gracias a la lectura crecimos con aquellas dos historias, una que comienza “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda”. Y otra que está dedicada a todas las niñas y niños de Latinoamérica y el mundo que se van a la cama con hambre y a las ancianas y ancianos que se van a la muerte con hambre: “A León Werth. Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona mayor. Tengo una seria excusa: esta persona mayor es el mejor amigo que tengo en el mundo. Pero tengo otra excusa: esta persona mayor es capaz de comprenderlo todo, incluso los libros para niños. Tengo una tercera excusa todavía: esta persona mayor vive en Francia, donde pasa hambre y frío. Tiene, por consiguiente, una gran necesidad de ser consolada. Si no fueran suficientes todas esas razones, quiero entonces dedicar este libro al niño que fue hace tiempo esta persona mayor. Todas las personas mayores antes han sido niños. (Pero pocas de ellas lo recuerdan). Corrijo, por consiguiente, mi dedicatoria: A León Werth, cuando era niño”.

¿Cómo olvidar en una feria del libro otros inicios de novelas famosas? como por ejemplo, “El gato negro” de Edgar Allan Poe “No espero ni remotamente que se conceda el menor crédito a la extraña, aunque familiar historia que voy a relatar. Sería verdaderamente insensato esperarlo cuando mis mismos sentidos rechazan su propio testimonio. No obstante, yo no estoy loco, y ciertamente no sueño. Pero, por si muero mañana, quiero aliviar hoy mi alma. Me propongo presentar ante el mundo, clara, sucintamente y sin comentarios, una serie de sencillos sucesos domésticos. Por sus consecuencias, estos sucesos me han torturado, me han anonadado. Con todo, sólo trataré de aclararlos”. O “En la oscuridad” de Anton Chejov “Una mosca de mediano tamaño se metió en la nariz del consejero suplente Gaguin. Aunque se hubiera metido allí por curiosidad, por atolondramiento o a causa de la oscuridad, lo cierto es que la nariz no toleró la presencia de un cuerpo extraño y dio muestras de estornudar. Gaguin estornudó tan ruidosamente y tan fuerte que la cama se estremeció y los resortes, alarmados, gimieron”. O “El contertulio” de Miguel de Unamuno “Más de veinte años hacía que faltaba Redondo de su patria, es decir, de la tertulia en que transcurrieron las mejores horas, las únicas que de veras vivió, de su juventud larga. Porque para Redondo, la patria no era ni la nación, ni la región, ni la provincia, ni aun la ciudad en que había nacido, criádose y vivido; la patria era para Redondo aquel par de mesitas de mármol blanco del café de la Unión, en la rinconera del fondo de la izquierda, según se entra, en torno a las cuales se había reunido día a día, durante más de veinte años, con sus amigos, para pasar en revista y crítica todo lo divino y lo humano y aun algo más”. O “La excavación” de Augusto Roa Bastos “El primer desprendimiento de tierra se produjo a unos tres metros, a sus espaldas. No le pareció al principio nada alarmante. Sería solamente una veta blanda del terreno de arriba. Las tinieblas apenas se pusieron un poco más densas en el angosto agujero por el que únicamente arrastrándose sobre el vientre un hombre podía avanzar o retroceder. No podía detenerse ahora. Siguió avanzando con el plato de hojalata que le servía de perforador. La creciente humedad que iba impregnando la tosca dura lo alentaba. La barranca ya no estaría lejos; a lo sumo, unos cuatro o cinco metros, lo que representaba unos veinticinco días más de trabajo hasta el boquete liberador sobre el río”. O el cuento “A la deriva” de Horacio Quiroga “El hombre pisó algo blanduzco, y en seguida sintió la mordedura en el pie. Saltó adelante, y al volverse con un juramento vio una yaracacusú que, arrollada sobre sí misma, esperaba otro ataque”. O el ensayo “El laberinto de la soledad” de Octavio Paz “A todos, en algún momento, se nos ha revelado nuestra existencia como algo particular, intransferible y precioso. Casi siempre esta revelación se sitúa en la adolescencia. El descubrimiento de nosotros mismos se manifiesta como un sabernos solos; entre el mundo y nosotros se abre una impalpable, transparente muralla: la de nuestra conciencia. Es cierto que apenas nacemos nos sentimos solos; pero niños y adultos pueden trascender su soledad y olvidarse de sí mismos a través de juego o trabajo. En cambio, el adolescente, vacilante entre la infancia y la juventud, queda suspenso un instante ante la infinita riqueza del mundo. El adolescente se asombra de ser. Y al pasmo sucede la reflexión: inclinado sobre el río de su conciencia se pregunta si ese rostro que aflora lentamente del fondo, deformado por el agua, es el suyo. La singularidad de ser — pura sensación en el niño— se transforma en problema y pregunta, en conciencia interrogante”

La lectura da poder al pueblo porque gracias a la lectura nos imaginamos en un bongo remontando el Arauca mientras bordea las barracas de la margen derecha; gracias a la lectura nos convertimos en un submarino para espiar el silencio del mar; gracias a la lectura vertemos la rabia y somos, por un instante, un Barazarte disparando contra los pichones del águila que han azotado la patria; gracias a la lectura deliramos sobre el Chimborazo; inventamos o erramos; gracias a la lectura asistimos a la boda de nuestra Ifigenia en el erebo; gracias a la lectura nos percatamos y conocemos la ciencia humana de Francisco Tamayo en el verbo de Omar Hurtado Rayugsen; gracias a la lectura revisamos las memorias de un venezolano decadente; gracias a la lectura cenamos con el niño Jesús y con Panchito Mandefuá.

La lectura da poder al pueblo porque gracias a la lectura nos enteramos que Honorio murió y que ha resucitado en este Siglo XXI; gracias a la lectura nos vemos en los confusos espejos del aleph; gracias a la lectura vemos el mundo ancho y ajeno; gracias a la lectura entendemos el tiempo en el que Ledesma, montado en su caballo cual Quijote, defendió a una Dulcinea llamada Venezuela, frente al pirata Damian Preston, allí en la hoy esquina de Monroy.

La lectura da poder al pueblo porque gracias a la lectura entendemos la suerte de todos los Juan Peña que triunfan tocándose sólo el diente roto; gracias a la lectura nos conmovemos al saber que apenas él le amalaba el noema y a ella se le agolpaba el clésimo y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sústalos exasperantes; gracias a la lectura entendemos que geográficamente Venezuela y Colombia pertenecen a la Macondo de Úrsula y presenciamos la segunda oportunidad de mujeres y hombres que no tuvo la estirpe desgraciada del coronel Aureliano Buendía. La lectura da poder al pueblo porque gracias a ella detestamos a la María que un tal Isaacs escribiera mientras apoyaba su pierna sobre la espalda de un esclavo y, definitivamente, gracias a la lectura entendemos mejor nuestro histórico tiempo porque sabemos que las venas de América Latina están cada vez más abiertas y porque, en palabras de José Gregorio Linares, “Estamos convencidos de que Nuestra América es el espacio de la creatividad y la esperanza. Acá se están fraguando arrolladoras fuerzas liberadoras. Entre nuestros pueblos germina radiante una semilla que ha sido abonada con nuestra propia tierra. Somos un árbol de muchas ramas que se nutre de la savia de nuestros saberes originarios y de la cultura de la resistencia. Nuestras revoluciones no son frutos trasplantados de otras latitudes ni se orientan hacia cielos que no son nuestros”. Para los oligarcas “hay un camino”. Nosotros lo conocemos muy bien. Es el camino de la muerte. Ese camino se llamó una vez el Monte Gólgota donde fue crucificado Jesús, también se llamó Vía Appia donde fue asesinado Espartaco. En 1830 se llamó Berruecos, y también San Pedro Alejandrino. En el siglo pasado se llamó Guernica, Auschwitz, Guatemala, El Chorrillo de Panamá, Grenada, La Moneda, Bahía de Cochinos, y en este siglo se llama Puente Llaguno, Masacre de Pando en Bolivia, Honduras, Libia, Siria, Paraguay. Es deber de todos conocer ese único camino. Para nosotros hay otros caminos, muchos y todos rojos rojitos. “Andamos nuestros propios caminos y nuestras huellas dejan un rastro genuino. Nos alumbra el sol del universo que es para todas y todos, pero la fortaleza nos viene de nuestra gente, de la historia propia. Hemos aprendido de nuestra experiencia, con todo lo que ella tiene de tragedia y de lágrimas, pero con todo lo que tiene, también, de heroísmo y ternura”. Muchas gracias.

Prof. Dr. Alí Ramón Rojas Olaya (Ph.D)
Departamento de Matemática y Física
Instituto Pedagógico de Caracas
Universidad Pedagógica Experimental Libertador
Grupo de Investigación y Difusión en Educación Matemática


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Alí Ramón Rojas Olaya


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