Que se abran cien comunas

Algunas personas cargan un escándalo por la propuesta de crear organizaciones ciudadanas capaces de gestionar parte de la cotidianidad que envuelve diariamente a una comunidad. Se alarman porque se han establecido disposiciones legales que establecen los mecanismos para que opere la transferencia de competencias y actividades de los órganos de gobierno, nacional y municipal, hacia las Comunas y los Consejos Comunales.

Por supuesto, quienes se han enquistado en los aparatos administrativos, más allá de su calor político, no desean que estas transferencias se den, muy al contrario, la boicotean a través del engavetamiento de las disposiciones que los obligan a ella.

De esta manera, la lucha por una democracia participativa toma cuerpo en esta nueva escaramuza del movimiento popular ante el poder constituido. Es la continuación de los esfuerzos que en algún momento desarrollo el movimiento vecinal, impulsado desde la clase media con rasgos de autonomía y de movimiento ciudadano.

Pero hoy, precisamente desde la clase media, parten una serie de ataques hacia los órganos del Poder Popular. La razón hay que ubicarla en su actitud negadora de toda iniciativa que parta del chavismo, no importándole con ello negar lo que fueron las razones que la llevaron a participar en política y en una práctica cuestionadora a lo que en esa materia venían haciendo las maquinarias políticas.

Los Partidos Políticos, principalmente AD y Copei, en tanto fuerzas dominantes, confiscaban los ámbitos de participación que la ciudadanía había conquistado. La mayoría de las asociaciones de vecinos fueron tomadas por activistas políticos con la expresa intención de manipularlas en función de los intereses que les eran propios. De esta manera, las luchas internas dentro de aquellos partidos se trasladaban a las organizaciones ciudadanas. Ni hablar del dominio que sobre estos ejercían los alcaldes, concejales y demás representaciones de los poderes constituidos.

El arribo de Chávez al poder coincidió, además, de contribuir con su derrumbe, con el agotamiento del sistema político que había dominado por espacio de cuarenta años. Se abrió en el país un periodo de turbulencia positiva, en el sentido de la búsqueda de nuevas respuestas, nuevas formulaciones. Pero el proceso que se iniciaba no contaba con el respaldo entusiasta de la mayoría de la clase media; ni siquiera de porciones significativas de ella que organizadamente se hubiesen aproximado con un planteamiento propio respecto al desarrollo de la democracia, aunque justo es decirlo, en el chavismo tampoco existía una propensión a admitir puntos de vista que no encajaran perfectamente en la visión que el líder se había formado del proceso.

Lo cierto es que Chávez conmovió al país con su propuesta de participación, abriendo grandes expectativas entre los sectores populares, mayoritariamente compenetrados con su liderazgo y sus planteamientos. Por efectos de esta relación directa entre líder y pueblo, se inició la formación de los Consejos Comunales. La gente se agrupó atendiendo el llamado del presidente, pasando por encima del MVR y luego del PSUV.

Durante cinco años editamos un quincenario que circulaba en la Parroquia Catia, 23 de Enero, El Junquito y parte de la Pastora. Fuimos testigos de la conformación democrática de muchos Consejos Comunales. Nos consta de su independencia frente al PSUV o cualquier otro partido, lo que no significaba indiferencia en el proceso, puesto que la gran mayoría eran personas que “le cogían línea a Chávez” a través de sus “cadenas“.

Este carácter fue recogido por una investigación realizada desde el Centro Gumilla, dirigido por la Orden de los Jesuitas, publicada en uno de los números de la Revista SIC. En esta investigación se recoge con mucha aproximación lo que había sido la organización del movimiento popular hasta ese momento.

Lamentablemente el carácter autónomo de este movimiento se ha ido perdiendo. Si en sus inicios el PSUV y los órganos de poder constituidos no le habían metido la mano, ahora si lo hacen. De nuevo ha sido confiscado, al igual que en los tiempos de AD y Copei, no por el PSUV , en tanto partido, sino por fracciones de él que utilizan los órganos de ese poder para librar sus escaramuzas internas o por las migajas de poder que se van derivando a nivel local.

Por eso, el temor que están difundiendo respecto a la posible instauración de un Estado Comunal no tienen razones ciertas que lo sustenten. De nuevo el poder constituido se ha apoderado de las organizaciones populares, aquellas que realmente tienen la capacidad de refrescar e impulsar un sistema político que de a poco ha ido cayendo en la modorra de las frases hechas, abandonando la promoción real de una democracia participativa.

Hoy más que nunca: ¡Que se abran cien comunas!


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Iván Gutiérrez


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