Con la viga en el ojo

Quienes respaldamos este proceso de construcción revolucionaria tenemos buen tiempo denunciando y demostrando las múltiples maneras en que el candidato Capriles intenta copiar el discurso y los modos del presidente Chávez. Analistas y humoristas han abundado en el tema hasta la saciedad, concluyendo que disfrazarse de Chávez es la única alternativa que tiene la derecha para tratar de confundir a un electorado cada vez más consciente y maduro.

Estas afirmaciones fortalecen la moral de la militancia, que asume que el trabajo de todos los días por la construcción del Poder Popular con miras a la implantación del Estado Comunal comienza a dar frutos. Nuestra gente con toda razón se siente coprotagonista de ese salto cualitativo tan importante para la irreversibilidad de la Revolución.

En este contexto no podemos menos que llamar la atención sobre el hecho de que los funcionarios y comunicadores que se han referido al tema de las cartas desechadas por el candidato de la derecha durante un acto proselitista en el Zulia, han señalado que el presidente Chávez y su gobierno asumirán la responsabilidad de atender las peticiones reflejadas en esas cartas para demostrar su compromiso con el pueblo humilde de ese Estado. Visto así pareciera que la revolución estaría dispuesta a incurrir en acciones políticas que reproducen la lógica socialdemócrata para ganarse un puñado de votos, contrariando los principios más elementales de la democracia participativa y protagónica.

¿Por qué los muchachos del Sistema de Medios no les preguntaron a esos ciudadanos si estaban organizados en Consejos Comunales? ¿Por qué no preguntar si han intentado articularse con las instituciones públicas para participar en la resolución de sus problemas? ¿Cómo no consultar si tienen alguna iniciativa o proyecto productivo que requiera de asesoría o financiamiento público? ¿O indagar por qué piden una asignación económica en lugar de un empleo productivo?

¿Será capaz el señor Arias Cárdenas de aparecerse en ese barrio con un camión de ladrillos y planchas de latón para ganarse la indulgencia de esas personas? ¿Cómo no cuestionar esa lógica según la cual una mujer le da su voto al primero que “se baje de la mula”?

Si nos vamos a disfrazar de adecos en lugar de llevarle dignidad y educación política al pueblo del Zulia, vendría bien revisarnos a la luz de aquella frase recogida por Mateo el evangelista, en que se nos invita a mirar la viga en el ojo propio antes que la brizna en el ajeno.

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