Ramos Allup y la Asamblea adeco-burguesa reconocen la bancarrota contrarrevolucionaria

El momento es histórico. A las revoluciones progresistas en marcha le hace falta el látigo de las contrarrevoluciones, siempre derechistas, siempre oligárquicas, siempre en contra de los intereses de los pueblos, siempre pro imperialistas.

No ha sido, es ni será diferente la reacción contra la revolución bolivariana venezolana. Ante todo porque el chavismo que la sostiene es la decision de las fuerzas populares de avanzar hacia la revolución socialista. Así con nombre y apellido. Eso hace la Revolución incombustible. Eso significa una lucha de clases a muerte, que nadie tenga miedo. Porque lo que ha puesto en juego la revolución bolivariana es la máxima Socialismo o Barbarie. Y esa antinomia, esa contraposición entre la vida y la muerte, entre humanidad y odios, entre democracia y capitalismo tiene en Venezuela importancia universal.

Aplastar la revolución venezolana por cualquier medio es la tarea número uno de las oligarquías latinoamericanas y del imperialismo yanqui. Si los revolucionarios bolivarianos pierden de vista la dimension continental, mundial e histórica de este reto estarán irremediablemnte perdidos, puesto que las fuerzas contrarrevolucionarias no perdonan el más mínimo traspiés en esta magnífica lucha por la redención del pueblo venezolano y latinoamericano.

La lucha de clases desencadenada por la revolución bolivariana ha tenido el éxito menos esperado. Que la burguesía y las oligarquías lograran amedrentar al pueblo y después de tantos intentos fallidos de golpes de estado político y económico y crímenes de lesa humanidad, se tomaran mediante las urnas en frenética guerra económica y mediática la Asamblea Nacional.

La Asamblea adeco-burguesa es la última oportunidad de la reacción derechista oligárquica de legitimarse derrumbando el Gobierno bolivariano, hoy dirigido por el cro. N. Maduro -mañana por otro u otros cros. de probada estirpe revolucionaria y socialista ante el pueblo –, y a la propia revolución socialista en marcha. La revolución los ha puesto contra la pared. Han tomado el poder legislativo en el ámbito de la democracia parlamentaria burguesa aún institucionalizada para demostrar que no están en condiciones de derrotar la Revolución. En apenas par de meses de tomada la Asamblea Nacional demuestran al pueblo de qué materia inmoral, anti democrática y anti social está hecha la burguesía y la oligarquía venezolana, y cuáles son sus verdaderos intereses de clase.

El pueblo venezolano no ha de cesar en la toma de las calles y las plazas, en mantener un grito alto, en quitarse horas de sueño y descanso para asegurar con su lucha el sueño, la prosperidad y la paz de las generacione actuales y venideras. Porque se ha reactivado en la region la contrarrevolución del poder del capital, de las oligarquías locales y los intereses transnacionales del Norte revuelto y brutal – como lo definiera J. Martí habiendo vivido en lucha política en las entrañas del monstruo.

Un desenfrenado golpe de estado legislativo contra los derechos sociales, politicos y económicos instaurados por la Revolución bolivariana desnuda a la Asamblea adeco-burguesa y pone de relieve su impotencia política ante el pueblo. Creían haber alcanzado el cielo, y lo que han hecho es convertir la AN en su propio ataúd. En cada sesión y cada arrebato contrarrevolucionario y anti popular le ponen un clavo más a la tapia que los lapida. Con sus propias manos le dan el tiro de gracia al puntofijismo que intentaban reinstaurar. Las fuerzas del mal se ahogan en sus propias excrecencias.

Ramos Allup y Cia. están sencillamente acorralados, porque saben que la derrota de su Asamblea los condena al golpismo activo y la violencia contrarrevolucionaria, esa que buscará la revuelta que justifique la intervención yanqui en el país que enarbola y deja a sus sucesores el Presidente Barack H. Obama. Un camino desatinado para la burguesía, en él arriesgan su propia existencia como clase y grupos de poder en Venezuela. Porque en 2002 el pueblo espontáneamente con el instinto de conservación amenazado bajó de los cerros y paró en seco la contrarrevolución genocida. Hoy ese pueblo tiene en sus hombros 17 años de empoderamiento humano revolucionario. No será fácil derrotarlo en ese campo de batalla.

Esta es la coyuntura revolucionaria que las fuerzas populares y políticas bolivarianas no pueden hoy subestimar. Menos aún la avanzada de izquierda. La radicalización de la revolución socialista democrática no tiene marcha atrás. La lucha es por la superación del capitalismo, que es decir por la vida, un nuevo paradigma de progreso y libertad.

 

 


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Roberto Cobas Avivar

Economista, activista político y social

 rcavivar@gmail.com

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