Guerra de tronos: Capitolio Vs Miraflores

El 5 de enero pasará a la historia como el gran día de la democracia burguesa en el Capitolio. Ese es el punto de referencia ideológico de lo ocurrido ese día nebuloso de nuestro acontecer nacional. Se impuso la perpetuidad de nuestro modelo institucional democrático burgués. Después de 17 años del advenimiento de la izquierda al poder, el hilo constitucional con el estado de la IV República continúa intacto. Podría decirse “aquí no ha pasado nada” en cuanto a la ausencia de una transformación estructural del estado. Seguimos teniendo el mismo estado capitalista, rentista, burocrático y corrupto de la IV República, repotenciado con un poder electoral robusto y poderoso.

Los dos momentos de mayor tensión en aquel día aciago de la Asamblea Nacional fueron en defensa, por parte de la izquierda, de la legalidad burguesa referida al reconocimiento de una sentencia del Tribunal Supremo de Justicia y al Reglamento Interior y de Debates. Estos fueron los primeros escarceos entre la revolución y la contrarrevolución totalmente desconectados del interés popular, del descontento nacional y del sufrimiento de la gente en las colas infrahumanas del capitalismo salvaje. Esto ratifica que en su esencia el Capitolio y Miraflores tienen la misma estrategia política del estado burgués.

Por eso resultó ridícula y efímera la pretensión de cantar victoria, por parte del PSUV, al decir que se había ganado el primer raund cuando en realidad se impuso en el Capitolio la dominación de la derecha nacional e internacional, del capital y del neoliberalismo en nombre de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Nada se gana con ignorar la realidad porque así no puede haber rectificación, socialismo ni revolución sino la repetición de la misma política prepotente plagada de los errores causantes del tremendo descalabro que apunta tenebrosamente hacia Miraflores.

Hasta en el Kindergarten revolucionario se enseña que en la democracia burguesa cuando la derecha vuelve al poder lo primero que hace es desmantelar, destruir, echar para atrás y acabar todo lo hecho por la izquierda en su paso democrático por el gobierno. Miraflores se atrinchera en la defensa de la democracia burguesa y en la vía pacífica electoral que no lo favorecen. Pues entonces cálensela y cumplan con el papel que les destina la historia en esa farsa democrática.

El pueblo que apoya a Miraflores y el que apoya al Capitolio estuvo presente el 5 de enero en respaldo a sus ideales respectivos con la ventaja de la derecha en tener más claridad en sus propósitos dominantes. Por su parte el pueblo de izquierda lleno de mística, pasión y buenas intenciones anda errante por Caracas detrás de la esperanza luminosa de un poder popular que no termina de imponerse atrapado entre las tenazas de la democracia burguesa. Los poderes constituidos en el Capitolio y en Miraflores son la traba mayor para el avance del poder popular autónomo, insurgente, constituyente y paralelo que está frenado por la hegemonía de las instituciones que le cierran el paso o buscan liquidarlo.

Por estos días Caracas huele a pueblo alzado, a justicia popular y a chavistas indignados pero este descontento, de los que no tienen nada que perder, se diluye en los llamados a la paz y a la cordura de la izquierda electoral y de un status quo que impone las reglas del juego de la democracia burguesa aunque el fascismo patee la mesa y puñalee por la espalda a la Constitución Bolivariana.

En esta coyuntura de disputa por el poder entre el Capitolio y Miraflores la derecha plantea, en primer lugar, la posible convocatoria a elecciones para un Referendo Revocatorio, una Constituyente o una Reforma Constitucional en un ambiente electoral que se inclina por la derecha y en segundo lugar la canalla esconde debajo de la manga el zarpazo de la salida fascista. La izquierda electoral por su parte está todavía aturdida, y no es para menos, por la pérdida millonaria de votos pero lo más grave es que sigue confundida. Falta por correr mucha agua debajo de los puentes. Veremos qué pasará.
*Profesor de Filosofía de la Educación jubilado de la UPEL

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Sergio Briceño García

Profesor Universitario de Filosofía de la Educación Jubilado de la UPEL. Autor del Poemario "Porque me da la gana" y de la obra educativa "Utopía Pedagógica del Tercer Milenio". Ex Director Ejecutivo de la Casa de Nuestra América José Martí.

 sergiobricenog@yahoo.com

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