¡Qué extraño sortilegio!

¿Por qué la MUD muere de amor por Diosdado?

La muerte, que no ausencia, del presidente Chávez, no apaciguará los ánimos de la derecha. Porque es sencillo que las clases dominantes perdieron privilegios, e individualidades infinitas, la oportunidad de seguir recibiendo migajas por prestar servicios inimaginables e indignos.

Ya mismo, letrados e iletrados han comenzado la prédica insustancial, a falta de mejores ideas e intenciones, que a Maduro no le corresponde asumir de presidente provisional, sino a Diosdado, o mejor al Presidente de la AN. Es como un galimatías jurídico, por no saber qué decir, y al mismo tiempo para crear incertidumbres y dar plataforma a cierta clientela ganada para la desestabilización. Pensar que con ello intentan generar división en el frente chavista, sería subestimar en demasía al adversario.

La derecha es ambigua en todo. Tiene sus planes A y B; uno y otro los desarrollan al mismo tiempo aunque tropiecen. Se trata de satisfacer a unas tendencias, cofradías, mafias u otras. No importa que nada les funcione a la larga. Prevalece que todos se sientan contentos, no se vayan, no se cansen; quizás, ante la imposibilidad de derrotar al chavismo, esperan algo inesperado, azaroso, esotérico, un fenómeno telúrico, que venga en su ayuda y sea “su resuelve”. Se lo jugaron todo para que Chávez se fuese. “Muerto el perro se acabó la rabia”, pensaban en su simpleza. Chávez ahora no está aquí, pero lo que dejó por él es tan profundo, denso y además perdurable, que rápidamente se percataron otra vez, que la terca realidad, no es como ellos obcecados y estrechos la imaginan.

Por eso, atendiendo sugerencias de los gringos, que no son tan inteligentes como generalmente se cree y si le meten a lo torpe con ganas, repiten cualquier argucia, hasta infantil, para poner en movimiento los manitas blancas y los gustosos de arrastrar cadenas.

La sentencia del TSJ, aunque a la derecha no le guste, es fuente de derecho y ella sustentó que hay continuidad administrativa, aunque no hubiese juramento, por “causa sobrevenida”. Siendo así, Maduro fue el Vicepresidente Ejecutivo de la República Bolivariana de Venezuela, quien al concretarse la falta absoluta presidencial, dentro “de los primeros cuatro años” de gobierno, asume la presidencia provisional de la república. Lo anterior, está claramente establecido en el artículo 233 constitucional y, como suelo decir, a menos que uno sea escaso, no se necesita ser “constitucionalista” para entender asunto tan sencillo.

La idea que el asumir la presidencia le corresponde al Presidente de la AN, en este caso Diosdado Cabello, supone ignorar lo dictaminado por la Sala Constitucional del TSJ y aceptar como válido lo que se cuece en los insalubres laboratorios de la MUD. Es también una nada sutil y menos inteligente jugada, destinada a descalificar los Poderes Públicos. Nada menos que posicionar la idea que el TSJ no tiene validez ni prestancia. Como un preparar las condiciones, para dadas otras condiciones nada fáciles para ellos, asaltar la legalidad.

¿Cómo entender que la oposición orgánica defienda el ascenso al solio presidencial de Cabello, quién le inspira un odio muy particular, exponiéndose a generar conflicto y confusión innecesarios? Justo por esto. Se trata de una burda jugada que conduzca a violaciones verdaderas de los principios constitucionales, contrariar lo juzgado y legalizar cualquier aventura o justificar la intervención extranjera en nuestro país.

La oposición sabe que la “espada de Bolívar camina por América Latina” y ahora mismo, la enorme sombra de Hugo Chávez cubre a Venezuela y ya las cuentas de los próximos comicios están sacadas.

Sabemos bien que a algunos sólo se les ocurre llevar la contraria por no tener otra cosa que decir. Pero también, otros impulsan la idea de desconocer la condición presidencial de Maduro y el extraño “deseo” que se incorpore Cabello, insertos en el juego “a lo que salga”. ¡Qué venga alguna vaina extraña, hasta un meteorito, que les saque las castañas del fuego!

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