Propuestas "socialistas" desde el antichavismo o los fantasmas de Pompeyo

La historia de las relaciones de Estados Unidos con los países del planeta, refleja hechos que parecieran repetirse. Decimos “pareciera”, por respeto a la circunstancia que cada uno de ellos tuvo sus causas, motivos, procederes específicos, que siendo así, son diferentes. Pero no cuesta mucho encontrar marcadas similitudes y en el fondo, motivos de la misma naturaleza. Porque por encima de todo, están los intereses materiales de la metrópoli, de sus clases dominantes y las que en cada país intervenido sirven de enlace. Hoy frente el deterioro del planeta y consecuente escasez de recursos, los intereses egoístas de las potencias se acrecientan.

De esa historia uno ha aprendido que EEUU y los amos del capital, de cualquier parte del mundo, no han tenido reparos en apoyar, contra todo razonamiento, dictaduras en los países de la periferia, siempre que éstas actúen en correspondencia con los intereses de ellos. Tumban gobiernos, por ejemplo ahora mismo, por tomar ejemplos vivos, en el medio oriente, alegando violación de principios democráticos pero sustentan paralelamente regímenes primitivos en la misma área. Hicieron una cruel guerra a Libia, asesinaron a Gadafi y hoy en día promueven el terrorismo y la invasión en Siria, mediante el envío de cientos de mercenarios.

Regímenes arbitrarios y personalistas como el de Arabia Saudita gozan de la abierta simpatía gringa, sin que allí se guarden las más mínimas formalidades frente a los derechos civiles y humanos y el gobernante sólo obedece a “los designios de Dios”. La mujer nada vale y la voluntad del gobernante es la determinante frente a cualquier asunto o discrepancia. ¿El secreto? Que el régimen Saudí baila al son que EEUU toque y sobre todo en materia petrolera, representa en el negocio y en la OPEP, el interés de los grandes consorcios de aquel país.

Ha habido y habrá siempre momentos en que la diplomacia gringa se indispone contra una dictadura. Cuando ésta, aunque le haya servido por mucho tiempo y con cuidadosa fidelidad, entre en crisis y muestre evidente síntomas de caer por el empuje popular. En casos como éstos, interviene para aplicar aquello que el Conde Salinas o “El Gato Pardo”, en la novela del mismo nombre, definía como un gesto de cambio “para que nada cambie”. Es decir, liderar el proceso de desmontaje del gobierno dictatorial para asegurarse que el nuevo continúe a su servicio. Abundan los ejemplos. Pero es suficiente con citar el caso venezolano, cuando la caída de Marcos Pérez Jiménez. José Manuel Zelaya, es el ejemplo opuesto. Se le tumba, con la injerencia nada disimulada de EEUU, por el simple hecho, o nimiedades, de incorporarse al ALBA a Petrocaribe y manifestarse amistoso con el presidente de Venezuela

En la Venezuela de hoy, con la presidencia democrática, sistemáticamente relegitimada de Hugo Chávez, la política norteamericana es particularmente agresiva, tanto que ha intentado e intenta reiteradamente derrocarla, al ver fracasados sus intentos de derrotarle electoralmente. Uno de los indicadores fundamentales de la causa de esa actitud es la política petrolera venezolana de defensa de los precios y eliminación de todas las prebendas que en la IV república se le dieron a los consorcios petroleros de ese país y de Europa. Por supuesto, hay otros abundantes factores, como la política internacional venezolana que rompió los estrechos moldes que antes la ahogaban, además de abrirse hacia América Latina y el Caribe, propiciando la ansiada idea bolivariana de la unidad, también lo hace con respecto a países como China, Rusia, Irán, etc. Lo de Cuba no creo lo sea tanto, porque ya antes el país antillano había entrado en relaciones cercanas con distintos gobiernos, tanto que Fidel Castro llegó a convertirse en invitado estrella a todo acto de toma de posesión presidencial, sin que aquello incomodase al Departamento de Estado. Pero Chávez además se convirtió en una especie de “ejemplo pernicioso”, polo de atracción de gobiernos progresistas y, sobre todo, de las masas populares del continente caribeño, centro y sur americano.

Chávez, para completar, comenzó a hablar de socialismo; de construir una sociedad de iguales, donde algún día prevalezcan relaciones de producción más humanas y solidarias. Lo que, como meta de un proyecto de la gente en el gobierno, es algo que un presunto revolucionario no puede ignorar, evadir ni restarle importancia. Tanto es así, que desde el norte de México a la Patagonia, volvió a resurgir la consigna “alerta que camina…..” y a aquel socialismo “muerto”, como a Lázaro, le puso de nuevo a andar. Es posible que alguien diga que el socialismo de Chávez es un fraude, pero lo sustancial es que la idea de una nueva y mejor sociedad, de una socialista, la hizo “reconcebir” como posible. Pero también, se ha encargado que la repartición de la renta petrolera alcance a los pobres y excluídos de antes. Programas como Gran Misión Vivienda, Barrio Adentro, las relativas al sistema educativo, por sólo nombrar algunas, caracterizan el humanismo y principio de justicia que distinguen al gobierno.

Son cosas como las pocas señaladas, con respecto al gobierno de Chávez, que explican la conducta impaciente, agresiva y conspirativa de los Estados Unidos. Por supuesto, no podemos olvidar que el inmenso apoyo popular del cual goza el presidente, también carcome a sus enemigos.

Siendo así, y eso es harto difícil refutarlo con adjetivaciones; diciendo simplistamente que aquí sólo hay un gobierno militarista, cual Pompeyo Márquez, ¿cómo entender que haya quiénes definiéndose de izquierda, revolucionarios y hasta socialistas, aniden en la MUD? ¿Cómo entender que alguien partidario de cambiar la sociedad venezolana por una justa abrace la candidatura de Capriles?

Si hemos dado un paso importante, tener un gobierno que llama a construir el socialismo, organizar al pueblo, empoderarlo, crear organizaciones populares con ese fin, pese a todas las deficiencias que puedan anotársele, ¿por qué dar un paso atrás y enrolarse en la MUD para tumbar o deshacerse del gobierno que adelanta esa tarea; volver a empezar en condiciones adversas con los enemigos históricos y primordiales, como las clases dominantes en lo interno, sus partidos y el imperialismo en el poder?

Tal proyecto, o manera de concebir la ruta hacia el socialismo, cuesta entenderlo, sino como una argucia o maniobra inconfesable para plegarse a la derecha u cubrirse con un inexistente ropaje de dignidad.

Para nadie es un secreto que en seno del amplísimo espectro o universo que respalda a Chávez, proliferan distintas maneras de pensar y abordar la tarea socialista. Se discrepa abiertamente acerca del concepto de partido y la relación qué debe prevalecer entre éste y el gobierno; ritmo del proceso; forma de organizar y operar las estructuras sociales de base como las Comunas y los Consejos Comunales Hay diferencias de distinta naturaleza y en muchas cosas. Esa diversidad es inocultable, aunque es verdad que el liderazgo muy sustancial y sólido del presidente sirve de contención y punto de equilibrio. Pero ella no es causa, ni motivo valedero, para quienes discrepan hasta de aspectos importantes con Chávez mismo, nieguen lo existente, lo sustantivo, el camino recorrido, las conquistas y opten para echar todo eso por la borda para volver al principio. Además es sano y pertinente la existencia de esas discrepancias, pues ellas motorizan la lucha y nacen justamente para que la marcha nunca se detenga.

Ahora cuando se acerca el 23 de enero, como todos los años desde 1998, algunos individuos como Pompeyo Márquez y otros más, aprovechan para establecer un paralelismo insustentable entre Pérez Jiménez y Chávez, la Venezuela de 1958 con la de ahora, con el simplismo del militarismo, de paso inexistente, porque la formalidad no es lo sustancial, no hace al hombre ni determina hechos, menos lo aparente, saltando todo lo demás; no es más que un sueño senil lleno de fantasmas, en el mejor de los casos. Es una evocación absurda que, cual hoja de parra, se utiliza para cubrir de solemnidad las vergüenzas.


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