De Jaime Bayly a Teodoro Petkoff

“Cuentos grotescos” del bando opositor

José Rafael Pocaterra, escribió “Cuentos Grotescos”, con lo que dio un aporte importante a la narrativa corta venezolana. La que, como veremos, se ha enriquecido extraordinariamente. ¡Lo grotesco es lo de moda!

Comencemos con Luis Vicente León, de Datanàlisis, quien desató en mí un recuerdo abundante, un tsunami cuentìstico de lo grotesco, cuando le dijo al bando opositor:

“Si se empeñan en seguir repitiendo que hubo un fraude en octubre, les voy a contar un cuentico.”

El cuentico al cual hizo mención, es que si se refocilan difundiendo la idea que perdieron por fraude, saldrían peor en las elecciones regionales. Piensa que esa actitud les desestimula a ellos, los dirigente y, por supuesto a sus votantes.

¿Cómo esperar que los votantes acudan en masa si piensan que les espera un fraude?

Así con sensatez y preocupación, razonó el encuestador de Datanàlisis, al instante de armar su “cacho”, como llamaban en Cumana los cuentos cotidianos de la tradición oral.

Ha dicho eso, porque en la oposición, no piensan en ese cuentico que podría “echarles” León y se inventa, cada uno, su propia historia o mejor “cuento grotesco”.

Capriles, más comedido, porque el mismo 7-0 en la noche reconoció la derrota, ha dicho que encontró “triquiñuelas” en mesas de votación de Miranda. Una mentirilla inocente, pero al fin un cuento, para satisfacer a quienes Ramos Allup, llamó “sus locos”, refiriéndose a Primero Justicia.

Leopoldo López, ha contado su historia. Nada original, lúcida ni tampoco nueva. Otros la contaron primero y pusieron más cuidado al elaborar la historia. En todo caso, vale decir ahora, no se puede pedir peras al olmo, ni cuentos para celebrar a quien vive de patuque en patuque. Por eso aquí no nos detendremos.

“Aquí hubo un fraude espantoso y vulgar”.

Este cuento lo contó María Corina Machado, en plena sesión de la Asamblea Nacional.

“El gobierno secuestró la red oficial de medios y la usó a favor de su candidatura.”

Es la esencia del cuento. Dejó de lado, que la red privada, que alcanza el 80 por ciento del universo de usuarios, estuvo al lado de Capriles y “como un solo hombre” está con la derecha, esa a la cual pertenece María.

Por eso, Luis Vicente León, no desearía contarles otro cuentico distractivo como el que ya les contó.

“Si los indecisos y quienes dicen no sé o no contestan, votan todos por Capriles, éste reduce la brecha y hasta podría ganar.”

Así contó y cantó León, cuando presentó el último informe, antes del 7-0 de su encuestadora, para estimular a Capriles y sus partidarios. Ellos todos, se comieron el cuento y creyeron que le ganarían a Chávez.

Aunque es bueno contar que, Interlaces de Schemel, Gis XXI de Jesse Chacón y Datanàlis, en sus pronósticos estuvieron cerca de lo que dijeron las máquinas.

Pero hay otro cuento que ya casi hemos olvidado por ese viejo defecto nacional, que permite que esas vainas nos vuelvan a pasar. Varianzas y por los menos otra encuestadora más, acertaron al revés. Después de cobrar al paganini la cuenta por el trabajo hecho, dijeron:

“Capriles ganará de arrase”.

Para respaldar lo dicho, contaron que sus cifras a éste daban ganador con la diferencia con que le ganó Chávez. Eso dijeron y corrieron a esconderse de quien pagó la factura. En diciembre, con su cara lavada, cuatro o cinco días antes de las elecciones, volverán a aparecer y encontrarán quienes les crean su cuento. Menos mal que estaríamos en navidad y cercano al dìa del “Niño Jesùs”, sobre quien cuenta uno de los cuentos de Pocaterra.

Los cuentos subieron de tono dramático. Jaime Bayly, el payasito peruano, metido en baile ajeno, contó a sus televidentes una historia insólita:

“Unos cubanos, mandados por Fidel – se le olvidó que ellos en Miami a éste daban por muerto y enterrado – interceptaron la línea de transmisión de datos del CNE y cambiaron en el camino los resultados.”

Cuento de mala factura porque no supo qué hacer con los técnicos del CNE en los centros y mesas de votación, testigos opositores, Vicente Díaz, siempre “moscatel” en su trinchera y hasta observadores internaciones. A todos ellos, los hizo pasar el peruanito como unos solemnes pendejos, “comedores de cuentos”.

Por eso María Corina, más sensata, seria, seriota con cara de sonrisa reprimida, de prosapia, ignoró lo que dijo el payasito y contó una historia más compleja.

Como quien entra a un concurso de cuentos, acudieron muchos a dejar constancia de su aporte y talento. Teodoro Petkoff, primero y Roger Noriega después - éste aparentemente asesorado por un médico que adivina a lo lejos, allá en Miami, quien habrá de morirse en lo inmediato-, coincidieron en afirmar:

“Chávez se está muriendo”.

Los dos parecieran haber bebido en la misma copa, como decir en la fuente, aquella del ritmo caribeño que tanto cantó nuestro Cheo García con la Billos:

-“Camilo se está muriendo, vamo a gozà.”

Lo malo de este cuento es que choca con la idea de María y sus albaceas, según la cual, “Chávez debe irse ya”.

Si se ponen a esperar que Chávez muera, éste por decirlo en el cristalino y cándido lenguaje del beisbol, podría robarles el home y continuar hasta el 2025.

“Pónganse de acuerdo caballeros”, digo yo recordando el cuento de Luis Vicente León, “porque si no, podría suceder lo de mi propio cuento. Chávez, feliz en el 2025, llegando a home de pie.”

Para terminar, échenme un cuento ¿Noriega, Petkoff y María, no juegan para el mismo equipo?

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