Teodoro espera muerte de Chávez antes de la víspera

En estado de desesperación se la juegan a la necrofilia

Teodoro, intenta animar a los suyos, inventando que a Chávez, la parca le ronda. Estaría viviendo de ñapa. Acaba de decir el dueño de Tal Cual, y además los necrofìlicos le repiten, que Chávez está boqueando y su propuesta electoral es un engaño; no por su programa, sus propósitos, porque que en eso no pueden, tanto que Capriles finge asumirlo y el fervor popular que rodea al barinés “es roca impenetrable”. El engaño según el “catire”, consiste que sabiendo pronto morirá, estaría llamando a votar por otro, quien habrá de sustituirle. Si se revisa el artículo 233 constitucional que rige el tema, se concluirá que aparte de intentar crear un estado de consternación ante la inminente derrota de su candidato, ofrece una falsa interpretación de esa disposición legal. Es decir, el exmasista miente por partida doble. Una mentira nefasta, demasiado asquerosa, puerca, inhumana y otra de carácter constitucional para crear cizaña.

Pero al mismo tiempo, vuelven sobre aquello que parecía olvidado, bautizado como G-4.

El G-4 no es un explosivo, ni un grupo de comando terrorista, sino la fábula necrofìlica puesta a rodar por la oposición y los medios a sus servicios, acerca de la presunta muerte, dada como un hecho, o un proceso ya irreversible, del presidente Chávez. No obstante, es digno de observar como escogieron un nombre que sugiere misterio y hasta una tenebrosa policía secreta fascista. Lo que revela el espíritu vengativo, revanchista, paupérrimo, además de violento que “adorna” a los contrarios a la revolución bolivariana.

Los periodistas, la prensa toda, los medios informativos de oposición, daban como un hecho que Chávez estaba muerto o por morir. Pero lo que es más triste, en última instancia, por si acaso, rogaban a Dios que eso sucediese. Ahora mismo, en los umbrales de la reelección del presidente, Teodoro Petkoff, vuelve con el mismo tema. Sólo les falta hacer una vigilia y un falso acto religioso para el cual podrían invitar con honores al cura Porras.

El G-4 según ellos, lo componían Adam Chávez, Diosdado Cabello, Elías Jaua y Nicolás Maduro. Hicieron correr la voz que estaban compitiendo por sustituir al muerto. Y lo que es peor, entre ellos la pugna era a cuchillos. Estaban en el velorio, alrededor del muerto o moribundo y por debajo de cuerda, de la urna o cama hospitalaria, mutuamente se punzaban el vientre.

Periodistas y medios opositores, sustituyeron a las empresas encuestadoras, esas mismas que anuncian el triunfo del “muerto”, e hicieron “sondeos, encuestas”, para medir las preferencias del electorado, entre aquellos cuatro. Es decir, los componentes del G-4. Fueron unos cuantos diarios, emisoras de radio y televisión, nacionales y regionales que se ocuparon de aquella cosa tan fea y nauseabunda.

Se dice coloquialmente que tanto va el cántaro al agua hasta que se rompe. Eso pensaron los dirigentes opositores, los gringos y sus medios informativos, con sus periodistas, hasta locutores y se dedicaron a aquel macabro juego con doble intención. La primera tiene que ver con el viejo refrán; tanto desear la muerte del presidente podía servir para que se les cumpliesen sus deseos. La segunda, introducir discordias y generar odio entre aquellos compañeros y hasta hermanos de Chávez.

Recuerdo como los periodistas ponían empeño y gozo en preguntar sobre aquella presunta disputa y acerca de las preferencias de la gente entre los cuatro. El gozo de todos, dueños de medios y simples asalariados, que por serlo no deberían prestarse para esas cosas tan inmundas, consistía en ver a Chávez en mortaja y a los del G-4, entresacándose las vísceras.

“¡Ah qué maravilla! ¡Qué placer, pensar que el arañero no se presentará a elecciones el 7-0, porque estará bajo tierra y entonces a los suyos les daremos un revolcón!”

Falta ahorita poco más de una semana para el día de las elecciones. El tipo muerto no lo está. No lo estuvo y los cubanos no tuvieron que resucitarlo y menos nos mandaron un clon. Tampoco “estaba de parranda”, como cantó Rolando Laserie, porque hasta es abstemio; recargaba las pilas, se deshacía de unos males, que quizás le cayeron por mal de ojo puro y volvió, volvió, volvió, como en abril del 2002, porque el tipo está cruzao. Para completar la vaina, todas las encuestas, hasta la de Luis Vicente León, con toda la mala intención que tiene, como aquellos que deseaban que de Cuba no volviese en pie, dicen que ganará, dando muestras de vitalidad y “cagado de la risa”.

El G-4 aparece como siempre amalgamado alrededor del tipo, que opositores conocidos, dueños de medios informativos, periodistas, empresarios, curas, sobre todo en la alta jerarquía, pecadores, entre todos más de uno que se hace el pendejo o el desentendido, quieren todavía que muera antes de la víspera.

A última hora, a falta de una tragedia, un tsunami, como gustaría a Teodoro y la derecha toda, se vuelve con el aquelarre necrofìlico, para intentar cambiar “los designios de Dios, que son los del pueblo” y que anuncian las encuestas.

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