¿Quiénes son los bandidos?

Leyendo al revés el discurso de Capriles ¡Para bachaco chivo!

La conducta que sugiere este título la comenzamos a desarrollar desde carajitos, cuando en nuestra bucólica Cumaná, asistíamos a las noches domingueras de cine, bien fuese el “Pichincha”, “Paramount” o “La Glaciere”, las tres salas, llamémoslas así para evitar mayores explicaciones, que en la pequeña ciudad competían.

Dejar de presenciar aquellas películas de “indios y vaqueros”, como solíamos llamarles, pocos decíamos “Cow Boy`s”, aún cuando se referían generalmente a la cruel conquista del oeste norteamericano, era renunciar a muchas cosas. No estar entre los amigos, donde estarían todos, perder la oportunidad de abrir un debate posterior en grupo para clarificar a los nuestros que de allí saliesen “envenados”, a un momento más de diversión y socialización.

Claro está, la cultura dominante y las películas mismas, presentaban aquel genocidio para expropiar a los primigenios habitantes, peor que el español en la conquista de nuestros territorios, era presentado como “acción necesaria” para el progreso. Nada distinto a lo que ahora dice la diplomacia gringa de sus tropelías habituales en el mundo.

Justamente por esas inevitables e irrenunciables circunstancias, aprendimos a leer al revés diarios, mensajes radiales, de la escuela del cine propaganda del gobierno. Por supuesto, debo reconocer que tuvimos maestros y profesores quienes, pese la rígida vigilancia oficial del pèrezjimenismo, encontraban formas inteligentes de hacer que interpretásemos sus señales de humo. En los textos oficiales o permitidos, siempre encontraban espacios para que llegásemos a las conclusiones que el gobierno negaba con su práctica y discurso oficiales. Aquella X Conferencia de la OEA, realizada en Caracas a toda pompa, donde Jhon Foster Dulles, entonces Jefe de la Diplomacia gringa, vino a preparar el derrocamiento del gobierno democrático y progresista de Jacobo Arbenz, leyendo las noticias al revés supimos de las malas intenciones gringas y la alcahuetería predominante entre los integrantes de la OEA, empezando por el anfitrión Marcos Pèrez Jimènez.

Todo lo que hiciesen las hordas militares, ricos propietarios ávidos de apoderarse de las mejores tierras, hasta de “vaqueros inocentes” y mercenarios, esos mismos que ahora llaman contratistas, como para cubrirles con un manto de decencia, contra la población indígena, presentada èsta como “agresora y opuesta a la civilización y progreso”, lo leíamos al contrario. Aquellos eran éstos y éstos aquellos. Los navajos, pieles rojas, como allí se les llamaba, quienes hacían todo lo malo que en la película transcurría, uno les veía con rostro, vestimenta y gestualizaciòn de soldados, “vaqueros” y mercenarios. De esa manera, salíamos contentos y hasta conciliados con la exhibición fílmica y dispuestos a ordenar el pensamiento de los compañeros que fuesen confundidos. De esa manera todo quedaba claro, pues al final sabíamos bien quienes defendían sus tierras, su cultura, su familia y quienes eran invasores y crueles. Por eso, entre otros, supimos que Gerónimo y Cochise, no eran bandidos sino héroes.

Esa manera de pensar nos sirve todavía como brújula que nos guía en medio de la nubosidad y falta de información. Puede ser que uno no sepa nada de lo que sucede ahora en un país al cual apenas acaba de oír se le nombra en una noticia; pero si ésta agrega que los gringos le invadieron porque allí no había democracia, hay que poner en duda todo. Puede haber algo de verdad en lo de falta de democracia y respeto a los derechos de la gente, pero seguro que la invasión no tiene nada que ver con eso. Debe haber otra cosa que uno descubre sin jorungar mucho y sin mayor esfuerzo. Ahora mismo, países árabes donde sus gobernantes hacen de dueños de la riqueza del pueblo y la ley la ponen ellos, actúan como gobernantes, propietarios y el Estado mismo, son usados por EEUU para invadir a Siria, bajo la excusa que en este país no hay libertad. La clave es simple; libertad, justicia y democracia en cualquier país del mundo son valores que a gobiernos estadounidenses traen sin cuidado; lo que importa es que sus intereses, negocios y ventajas materiales estén garantizados. Lo demás es lastre.

Para Estados Unidos, los patriotas latinoamericanos de la época de la independencia, empezando por Bolívar, no eran sino bandoleros. Pillos, cuatreros y asesinos fueron los patriotas revolucionarios mexicanos como Doroteo Arango o “Pancho Villa” y Emiliano Zapata.

El mismo calificativo aplicaron a Sandino, Farabundo Martí y hasta paradójicamente admitieron que Anastasio Somoza era un hijo de puta, pero su buen hijo de puta.

La sentencia definitiva es que hay que oír y leer cuanto uno pueda; pero es pertinente poner esas cosas dudosas, provenientes del bando habituado a manipular, en cuarentena y, hasta de una vez, leerlas al revés.

El discurso de Capriles, en el cual se esmera en imitar a Chàvez, léalo al revés y tendrá la versión del documento neoliberal que oculta.

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