La receta de la derecha para Venezuela

Tras el cuento del “progreso” queda la depresión colectiva. La experiencia venezolana, como en la generalidad de América Latina, es muestra elocuente de esta afirmación. La aplicación del recetario neoliberal, de la ortodoxia de los Chicago’s Boys de la década de los ochenta (en Venezuela fueron bautizados como los IESA’s Boys, en alusión a la institución de San Bernardino), tuvo previamente un fuerte apoyo propagandístico que argumentaba sobre las bondades de las políticas de privatización de los bienes públicos, entre ellos servicios vitales como el de la salud y el educativo. La euforia de entonces encumbró a CAP II, la depresión ante el fiasco adeco empujo al chiripero de Caldera II, con el “delfín” Teodoro Petkoff y “su” “Agenda Venezuela” como poción sanadora; el resultado fue el mismo: ruina generalizada del pueblo venezolano, pérdida de soberanía y los ricos cada vez más ricos. Y todo en nombre del “progreso” y de la “modernización” del país.

Algunos datos servirán para refrescar la memoria. El primero, es que ese mago de la economía y las finanzas, el sr. Petkoff, otrora ministro de planificación de Caldera, con la aplicación de “sus” políticas económicas neoliberales logró colocar la inflación por encima del 100 % ó el PIB en torno al – 4 %; la reforma del “mercado laboral” se zanjó de un plumazo con la eliminación de las prestaciones sociales de los trabajadores, un acuerdo beneficioso para los intereses patronales en menoscabo de la creciente masa laboral precarizada y empobrecida. La joya de “sus” medidas, fue la aceleración del proceso de privatización de PDVSA, la cual iba en el paquete de privatizaciones de otras empresas públicas estratégicas.

Desde entonces han pasado casi dos décadas, duros años para una clase política y económica parasitaria cebada en las funciones de gobierno y de sus prebendas, acostumbraba a medrar a sus anchas por los intersticios del poder en connivencia con agentes transnacionales. En este tiempo algo han aprendido, lo cual no significa cambios en las actitudes y en los propósitos sustantivos. Hoy se presentan ante el país como el “cambio”, los garantes del “progreso”, los del “camino verde que va a la ermita”.

La avalancha mediática sirve de palanca al propósito restaurador implícito en la “oferta de progreso” de la derecha criolla. Sus aspiraciones programáticas marchan en la dirección contraria a la profundización de la democracia cuyo énfasis ha sido el fortalecimiento del poder popular, la participación organizada del pueblo y la reinversión de los beneficios de las empresas públicas para favorecer la consolidación de una sociedad saludable, educada, solidaria, con trabajo y viviendas dignas, que se traduce en la construcción de una política integral de seguridad social; en fin, se trata de revertir los ejes constituyentes de la política del buen vivir, finalidad suprema de la gesta revolucionaria venezolana en atención al mandato constitucional y en obediencia a la voluntad del pueblo soberano.

La pretensión restauradora de la derecha apunta hacia la implementación, en un hipotético futuro gobierno, de un agresivo plan de privatizaciones de las principales empresas públicas del país (PDVSA, CANTV, CORPOELEC, entre otras), rescatadas por el Gobierno Bolivariano y puestas al servicio de los grandes objetivos de transformación del país. Se trata de darle continuidad conocidas recetas neoliberales cuyo objetivo es convertir lo público en bien transable, en mercancía, que controlarían para su beneficio sus amiguetes criollos y las transnacionales, financistas de la campaña electoral de la derecha venezolana. Con ello darían una estocada mortal a las políticas económicas y sociales emprendidas por la revolución, con el empeño titánico del comandante Chávez, que han permitido avanzar en la superación de las agudas condiciones de pobreza en las que nos dejó la impronta neoliberal adeco – copeyana en los estertores de la IV República, ahora asumidas como la “gran promesa” por los “progresistas” de la MUD. En el ámbito político, se persigue revertir las incipientes relaciones de participación y organización popular derivadas de la constitución de los consejos comunales y de las comunas. A los neoliberales no les gusta la participación popular, menos la organización del pueblo, apuestan por sus ONG’s.

Los medios de difusión bajo el control de la derecha resultan fundamentales para imponer este fraude programático; éstos trabajan en una doble dirección: por una parte, borrar (o descalificar) de la memoria colectiva cualquier atisbo del desastre neoliberal, precedente a la Revolución Bolivariana; por la otra, un fuerte despliegue propagandístico para convencer a las mayorías sobre la “promesa del progreso neoliberal”. La derecha y su MUD saben de la magnitud de la gesta revolucionaria del pueblo venezolano y de su líder, del rumbo definido hacia una sociedad democrática, justa y solidaria, que no es otra cosa, que el socialismo.

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