Acuerdo FARC-Santos dejó a Capriles-Uribe en la estaca

“Con Uribe me la juego. Representa y es autor de la acción política más eficaz contra la inseguridad.”

Después que Leopoldo López, quien baila apechugado con Capriles, diese aquellas declaraciones que asombró a toda Venezuela, hasta los más recalcitrantes miembros de la MUD, pareció como dar “patente de corso” al paisa para meterse en los asuntos venezolanos, de la manera más desenfadada.

La inseguridad colombiana, donde se desarrolla una guerra desde hace más de sesenta años, el tráfico de drogas afecta al país todo, la represión oficial y la de los paramilitares, apoyados por el ex presidente, cosa que ya no necesita más pruebas, la proliferación de fosas comunes con cadáveres de opositores al gobierno y los llamados “falsos positivos”, constituyen muestras de la falacia de López acerca de eficacia de los procedimientos uribistas.

El ex presidente colombiana, estando al mando en el Palacio de Nariño, desechó toda posibilidad de salida al largo conflicto armado por la vía del diálogo y se empeñó en decir, que llevaría la guerra hasta sus últimas consecuencias, porque era esa la única salida posible para alcanzar la paz. Ahora se lamenta que le “faltó tiempo para invadir a Venezuela”; es decir, por no poder llevar la guerra más de las fronteras de su país.

Justamente, ese concepto es el que Capriles y Leopoldo López han elogiado y pretendido importar a Venezuela.

Lo cierto es que el grave problema del tráfico de drogas, será difícil abordarlo con éxito mientras persista la lucha entre el gobierno, por un lado y la Farc y ELN por el otro. Pero también los hechos, la historia, han demostrado que la guerra entre esos sectores no se acaba con los métodos hasta ahora manejados por ambos bandos. ¿Acaso sesenta años no bastan?

El gobierno colombiano de hoy, como lo ha estado siempre el ex presidente Andrés Pastrana, al parecer se ha convencido que hay otra forma menos dura, más expedita y efectiva para terminar ese conflicto. Por eso, como lo anunció previamente la agencia noticiosa Anncol, mediante la cual la Farc suele informar al mundo, luego el presidente Santos, aunque de manera discreta y comedida y ahora la ex senadora Piedad Córdoba, en la Habana las partes acordaron reunirse en octubre en Oslo y sobre una agenda nada ambiciosa e incómoda. Para más señas, participarán en esas reuniones, además de las partes en pugna, representaciones de los gobiernos noruego, chileno y venezolano. La presencia de estos dos testigos dice mucho y sobre todo de lo absurdo de la actitud de oposición venezolana.

Esta sola iniciativa, que inmediatamente fue respaldada con entusiasmo por el ya mencionado ex presidente Pastrana, Piedad Córdoba, otras figuras significativas de la vida colombiana y según encuestas por la abrumadora mayoría del pueblo de la nación vecina, es un mentís y derrota a las prédicas guerreristas de Uribe, quien tiene otros negocios que serían seriamente afectados por el éxito de esas gestiones pacificadoras; es bueno considerar que la agenda incluye l compromiso de combatir el tráfico de estupefacientes.

Desde el mismo momento que la prensa internacional hizo mención a las conversaciones que se realizaban en La Habana y han resultado exitosas, Uribe comenzó, como le conviene a sus negocios, a presentarlas como negativas y ajenas al interés colombiano, pese la opinión mayoritaria.

Seguirá en eso porque “perro que come manteca mete la lengua en tapara” y para la prosperidad de su negocio es conveniente la guerra. Pensar que Capriles y su combo, por torpes y reaccionarios, quedaron enredados en la trampa y no hay forma de deshacerse de Uribe, capo, destripador y pendenciero.

Pregunta pertinente y reiterada: ¿Por qué es el número 82 en la lista que elaboró la DEA de los traficantes de drogas?

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