Catarsis

La tragedia como género teatral fue creada por los griegos a modo de una serie de circunstancias que exploraban lo intrínsecamente humano, en la pugna entre los hombres por el poder, capaz de generar piedad o terror entre los espectadores, en un proceso sensitivo interior que lograba la elevación del alma, haciendo que ésta se purificara de sus pasiones al confrontar las miseria humanas, una catarsis que liberaba a los espectadores de su propia indigencia espiritual, al observar en el escenario al espíritu humano abierto, mostrando sus carencias y virtudes.

Los últimos días han traído para nuestro país duras pruebas, episodios que exigen de cada hombre y cada mujer, la solidaridad como ese sentimiento imprescindible en momentos pesarosos. Capítulos adversos que al mismo tiempo piden sensatez y responsabilidad en la acción y la palabra, más aún de aquellos actores que tienen una figuración pública notable.

Los últimos días han sido también una puesta en escena del panorama político venezolano, que dibuja ante nuestros ojos un paisaje de la calidad humana de los actores políticos venezolanos, y en esta categoría quizá debamos incluir a los medios de comunicación y empresas privadas de difusión masiva. En este teatro los intereses emergen, solapando a la bondad y al equilibrio que debe imperar en este tipo de tránsitos.

¿Cree la oposición venezolana que buscando entre los escombros de la adversidad, encontrará la aceptación popular? Delatan su verdadera esencia inescrupulosa y egoísta, al querer hacer ver ante la opinión pública que los sucesos lamentables ocurridos en nuestro país, son una cadena de eventos que anuncian un colapso de las estructuras gubernamentales, y que además son causa de una gestión ineficiente. En su actuar hipócrita descubren su afán por aumentar la tragedia, como si ello significara un camino seguro a la obtención de la victoria en las futuras elecciones presidenciales, además revelan la consciencia de fracaso que los arropa, y en consecuencia el desespero que los embarga. Esperanzados de que sucesos como el de la refinería de Amuay, el colapso del puente de Cúpira, e incluso las lluvias que afectaron al país, sean la palanca de impulso que le dé un giro a las tendencias electorales, utilizan todo su poder mediático para nutrirse miserablemente de la desdicha, en lugar de influir en la población estimulando la calma y la sindéresis. La oposición ha creído encontrar en la tragedia un instrumento político, pero han encontrado sin saberlo, el escenario donde muestran su degradación moral y espiritual.

Quizá sea este el gran teatro que nos permite a los venezolanos liberarnos de las pasiones, hacer catarsis al visualizar la miseria de aquellos que añoran volver al poder, y para lograr tal objetivo no escatiman en navegar por el mar de sus ruindades.

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