La campaña de Capriles

Los análisis hechos en el propio terreno de la campaña electoral desnudan las verdades y muestran la realidad que respira la patria. Así, con el pecho henchido y con la mirada firme en las llanuras del 7 de octubre, el pueblo venezolano siente el galopar de la victoria revolucionaria. A medida que se avanza hacia esa gran meta, los latidos del corazón se aceleran porque el triunfo será de tal magnitud, que les costará muchos años a la derecha volver a reagruparse.

No lo estoy planteando como hipótesis sino como una aproximación a la verdad que impera en el ambiente electoral que vivimos. No se trata de exaltar la efervescencia, sino destacar que gracias a una estrategia de alta política y de planificación certera en los escenarios de la campaña, el candidato de la patria factura una preferencia sólida de los electores habilitados para votar en los próximos comicios presidenciales, donde va ocurrir lo que tiene que ocurrir: la victoria del comandante Hugo Chávez y la derrota consumada de Capriles.

Esa es una realidad que no se puede ignorar ni mucho menos intentar tapar con un dedo. Las irrealidades vienen siempre acompañadas con alucinaciones, muchas veces forzadas o inducidas y otras impulsadas por la cortizol, esa hormona toxina que envenena el cuerpo y el alma de rencor, odio y resentimiento. Precisamente, eso es lo que ha venido ocurriendo al interior de la MUD, especie de cofradía, donde el aire que se respira es de depresión, desanimo, desesperación y desolación. Esas conductas generadas a partir del presentimiento de la derrota, a su vez inciden fundamentalmente en el ánimo de los partidos AD y Copei, que tienen una flojera moral y hasta espiritual de hacer campaña por su candidato.

No se trata de una estrategia propia de la campaña ni mucho menos un ensayo. No, simple y llanamente esos dos partidos escurrieron el bulto, cuando se dieron cuenta que el tal camino sólo era polvo y así no llegarían al horizonte del poder. Igualmente, individualidades poco a poco se fueron apartando y hoy vemos a un Capriles solitario, sin referentes, sin símbolo y sin bandera política. Aunado a eso el vocabulario del candidato de la derecha es tan confuso como impreciso su pensamiento; no tiene siquiera el recurso de su propio espíritu y en él no hay ofensiva ni defensiva, sino mucha ingenuidad, que se convierte prácticamente en una involución de la cultura política en ese sector minoritario que lo acompaña.

Tal vez, esa sea la razón oculta para que desde la misma MUD poco a poco lo hayan ido dejando solo. No es que lo dejaron a mitad de camino, sino desde el mismo momento que ganó las primarias, comenzó el éxodo de la nostalgia. Apuraditos se fueron apartando y enfilando estrategias hacia otros escenarios de tipo electoral, pero no el de las presidenciales. A tiempo se dieron cuenta que agarrase de ese autobús que pistonea, significaba quedarse varado en la carretera del olvido y muy alejado del poder.

La campaña de Capriles es una pobre campaña, sin brújula, sin entusiasmo, sin discursos. Ojalá que esta derrota eminente que le espera al candidato de la derecha acabe con la política de golosinas que desde hace años viene practicando la oposición venezolana.

Politólogo

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