Se hacen los wilys

Todo parece indicar por la forma como se está desarrollando la campaña electoral de la oposición que son muchos los dirigentes de los partidos de la Unidad que ya están convencidos de la derrota de Radonski y se hacen los wilys como dicen los maracuchos.

Algunos de ellos han optado por ver los toros desde la barrera sin aparecer mucho al lado del inminente perdedor, quizás con el propósito de ahorrar oxígeno, y sobre todo dinero, para el plan “b” que no es otro que los comicios de alcaldes y gobernadores. Capriles Radonski se debe sentir más solo que Fran Kafka por los vericuetos de Praga.

Los adecos son expertos en sacar el fundillo. Algunos como Pablo Pérez, Ramos Allup, Ledezma y Pérez Viva de vez en cuando declaran a favor del pupilo del imperio, pero, al parecer, con temor de rayarse. Es evidente que algunos de ellos están esperando que ocurra la derrota anunciada para de inmediato concentrarse en las elecciones regionales, en las que pudieran recibir un segundo nocaup.

Tampoco se observan muy activos en la campaña referentes importantes de la oposición como Ismael García, Ramón Guillermo Aveledo o Tedoro Peckof. Así las cosas el partido Primero Justicia con Julio Borges a la cabeza arrastra un bacalao de varias toneladas que cada día es más difícil salvar, entre otras razones, por las torpezas de Radonski y la de sus mismos asesores.

La última que pusieron fue inventar que el personaje es sobrino de El Libertador Simón Bolívar. Una pifia tan grande como la falsificación del documento que supuestamente salió de la Fuerza Armada Nacional. Los tontos de esa forma se la pusieron papita a Hugo Chávez que aprovechó inteligentemente el acto de la develación del rostro digitalizado del padre de la Patria para meter dos ganchos de izquierda al hígado de un oponente que parece llegar sin piernas y entre las cuerdas al 07 de octubre.

Ya los expertos en propaganda de la oposición se olvidaron de la enfermedad del Presidente. Los heraldos de malagüero ya no pronostican en televisión. Mientras tanto, Chávez está cada día más optimista y esperanzador: como un Ulises a escasos kilómetros de besar a Penélope en Ítaca.

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