Como la masa no está pa` bollo

Herman Escarrá y "la marcha sin retorno"

 Lo de la masa y el bollo nada tiene que ver con la figura del constitucionalista sudoroso. Lo advierto para evitar confusiones y no herir susceptibilidades, menos si uno también le mete al corte.

 En este caso, la masa o las masas votante (s) no están del lado de Escarrá, por lo que no podrá hacer los bollos que le lleven rodando a la Asamblea Nacional. La cosa se le pone más difícil porque no es candidato de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), donde se agrupa casi todo el universo opositor, ni de Ramos Allup, lo que tampoco sería mucho, sino de Opina, que si algo de masa le queda, no alcanza ni para una de esas arepitas del tamaño de una locha que ahora sirven en los restaurantes.

 Antes, amparado en el mismo discurso, de quien de antemano se sabe derrotado, aquel de si no gano la mano esparramo las fichas y mantel y mesa lanzo contra el suelo, fue candidato a diputado y luego a gobernador por Anzoátegui. Ni el mismo recuerda cuántos votos sacó, porque fueron muy pocos y no valió la pena abrir un archivo en parte alguna. Le pareció sensato, y en eso acertado estuvo, anotar las cifras esmirriadas en una panela de hielo. Y el alzamiento que anunció no lo cumplió o lo pospuso para decir lo menos, pues le faltó la masa.

 El abogado y, aunque ahora sea difícil entenderlo, profesor de derecho constitucional, quiere ser como Jalisco, aquel de “si pierde arrebata”. Lo malo es que en cada contienda participa, amenaza y no revienta. Es decir, quiere, ansía, pero no lo hace porque no tiene con qué.

 Ahora mismo, lo que es su costumbre, contra lo que todo el mundo garantiza, incluyendo la gente de la MUD y de manera excepcional Vicente Díaz, rector del Consejo Nacional Electoral (CNE) y militante opositor, dice que este ente tiene un fraude montado y como desde los tiempos del golpe de abril de 2002, anda guindado en una caprichosa y convencional interpretación de los artículos 350 y 333 Constitucional, aplaudida por la oposición y tenida por ésta como parte sustancial de su arsenal de combate.

 En nombre de los suyos asegura, a cuanto quiera oírle, que unos cuantos lo hacen con placer masoquista y hasta esperanza, las máquinas sólo deben dar un resultado; el arrolle de la oposición; en la cresta de la ola entrará él de primerito a la Asamblea Nacional. Si no sucede como vaticina, entonces se habrá consolidado un nuevo fraude y adquiere todo el derecho de tumbar al gobierno. De candidato derrotado se convierte en el gran elector; es decir, en el ciudadano “que investido o no de autoridad tendrá el deber de colaborar con el restablecimiento de su respectiva vigencia”. (Art. 350 Constitucional).

 Dice, cual mesías de nuevo tiempo, que si aquello no se logra “se abrirán caminos distintos” (¿o alamedas?)  que al final “llevarán a la marcha sin retorno”. La expresión sugiere aquella caminata a Miraflores, donde se libraría “la batalla final”. Y se ve al frente de la “gran marcha” popular. Sólo que aparte de su orfandad, olvida, pese su carácter de constitucionalista, que no es así como manda la magna carta misma que se corrijan legalidades como esas por él supuestas.

 El esperado, quien viene ungido por los dioses (¿cuáles? ¿Los mismos de siempre?) y los artículo citados, pondrá las cosas en su sitio. Si las masas, el pueblo, no le siguen, lo que de antemano se sabe, podrá llamar a los militares de acá, quienes tampoco ven en él tipo para llamar a nadie, se saltará de nuevo la constitución y apelará a los gringos regulares y mercenarios, quienes no reúnen la condición de ciudadanos. Ese es el pensamiento del constitucionalista, quien se empeña por golpista, en ignorar la sentencia del TSJ, en base a ponencia de Iván Rincón Urdaneta, que señala salidas, previstas en la constitución misma, como el revocatorio presidencial, radicalmente distintas al insensato e ilegal imaginario del candidato de Opina.

 Eso revela que el espíritu de la derrota prevalece en lado opositor y mantienen sin remilgos ni ocultamientos el plan B.

 Escarrá, deseoso que le tomen en cuenta, no podemos de decir de ocupar espacio, lo revela todo y a confesión de parte...

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