Pompeyo, Teodoro y su corte horrorizan con anticomunismo

Horror al comunismo como la cautiva de Cumaná

 Los malones de la pampa secuestraron a María y su marido; esto en el poema argentino de Esteban Echeverría. En “La cautiva”, así se llama la obra literaria, el personaje principal, María, se defendió como pudo y hasta rescató su amado. No obstante, por lo trágico de aquellas aventuras ambos fallecieron.

 Esta triste historia de la literatura clásica hispanoamericana que conocimos en la escuela secundaria, nos sirvió para titular un trabajo años atrás, cuando en Cumaná, por una disputa entre dos editores, se conoció de la vida de Hortensia, a quien llamé “La cautiva de Cumaná”.

 Hortensia llegó a la ciudad del Manzanares muy jovencita. No la conocí, pero los reportes posteriores a su rescate, hablaron de una muchacha muy bella de cuando se vino de Ciudad Bolívar, donde nació y creció.

 Casi cuarenta años pasó encerrada en una casa solitaria por “temor a los comunistas”, como ella misma dijese. La vivienda era de Fernandito Inserni, con quien Hortensia tuvo una relación cercana desde que llegó a Cumaná. O quizás por eso se vino de las riberas del padre Orinoco.

 Inserni, fue un conocido gallero, propietario de una carnicería y posiblemente otros negocios; aficionado a vehículos lujosos, de los cuales tuvo varios, don Juan y miembro de una agrupación católica que entonces allá en el pueblo llamaban de “los hijos de Maria” y, por supuesto, militante de la Democracia Cristiana. Nunca faltaba en la corte que cargaba los santos en las procesiones y al Sepulcro cada jueves santo. Era pues el señor comerciante, jugador, conocido mujeriego y santón. Un sincretismo nada extraño que ahora pareciera florecer.

 De pronto los editores de un diario cumanés, denunciaron que una dama, más derrumbada por las privaciones que los años, se hallaba secuestrada en una casa en ruinas. Cuando se corrió la voz sobre el asunto de la extraña mujer, a quien se veía a través de las derruidas paredes, en harapos, larga y desordenada cabellera y en general rasgos de abandono, la generosidad cumanesa se estremeció.

 Al día siguiente de su rescate, después de haber estado tantos años aislada, recibiendo una asistencia elemental e inhumana y sin contacto casi con la gente, a los periodistas y su hermana Concha, llegada de Bolívar y a quien no veía desde que entró en cautiverio, dijo Hortensia:

 “Concha, mi miedo era a los comunistas”, “eso me lo dijo Fernandito”. Después de decir aquello a la hermana a quien se aferraba con temor, le interrogó:

 “¿No me van a matar?”

 La versión periodística de entonces, fue que Hortensia “aceptó la metiesen en cautiverio” para evitar que los comunistas la matasen. Eso fue, según comentó “la cautiva de Cumaná”, lo que le dijo Fernandito, no precisamente el “Católico”, pero católico como éste; no “hermoso” como aquel; éste al contrario era bajito, regordete, poco agraciado, pero si Don Juan. Tampoco fue el de Cumaná el amado de Isabel, la necrofílica de Castilla, sino el presunto carcelero de Hortensia, la venida de Ciudad Bolívar. Todo para que no la matasen los comunistas, quienes a ella aterraban, por magia de Fernandito.

 Por ese entonces cuando Hortensia era cautiva, Pompeyo, Teodoro, Freddy Muñoz y otras figuras del Partido Comunista a Cumaná iban de visita y proselitismo. Allá les recibían llenos de fe y entusiasmo personajes abnegados y generosos, fervorosos creyentes de la revolución proletaria, muchos de los cuales me honraron con su amistad, como Rafael Castro, el bachiller, Federico Rondón y José María Cabello, “el terrible”, entre otros.

 En estos últimos y unos cuantos más, justificaba Hortensia sus temores, inducida por Fernandito, que la querían matar.

 Ese meter miedo con el comunismo, viejo y asqueroso trapo rojo mackartista, agitado ante la mirada inocente de los pueblos hambrientos y ansiosos de libertad y justicia, es la práctica que ejecutan y avalan ahora aquellos que antes fueron comunistas, como Teodoro, Pompeyo, su corte y algunos otros, quienes no habiéndolo sido nunca, con ellos lucharon contra el fascismo, nazismo y las políticas imperiales, por lo que fueron víctimas de la misma descalificación.

 Estos nuevos cazadores de brujas, cosas de la vida, andan apretujados con obispos que ahora evocan a Fernandito, buscando alguna desprevenida e infantil Hortensia.

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