¿Qué significa ser profesional de la Comunicación Social?

En las escuelas donde se forman los colegas, se pregunta por lo general al aprendiz en el transcurso de la carrera, el significado de ser comunicadores sociales, es lamentable decir que la mayoría responde: “ser comunicador social es tener la capacidad para redactar, para hablar en radio y hacer producción audiovisual… para ser periodista es necesario tener buena imagen para estar en la televisión y por demás tener suficiente dinero para acceder a la tecnología cosa que si los medios se abarrotan de profesionales el comunicador podrá montar su propia productora… entre otras respuestas - la cual justifico más no critico - ya que es aún obvio el desconocimiento del significado propio de ser especialistas en ésta área.

¿Qué significa ser Profesional de la Comunicación Social? Humanamente ser profesional de la comunicación social implica una profunda relación con las personas, involucrarse y conocer la estructura psicológica, económica y cultural en las diversas clases sociales, es decir, conocer el significado del público masivo al que deben su rol laboral. Asimismo, el profesional en el área debe tener un sentido de identidad nacional con el objetivo de producir mensajes, que destaquen y conserven los valores culturales y principios del ciudadano con su patria. Por otra parte, la dirección de la investigación debe orientarse hacia los intereses del colectivo que conforma la estructura comunal que a su vez constituye la sociedad y no avocarse a los intereses de modas y personalistas. Lo expuesto se resume en el saber nacional, el saber hacer, el saber creer, el saber valorar, el saber ético y el saber simbolizar.

En este sentido, el significado que se le ha otorgado al oficio de la comunicación social según el diagnóstico del autor, presenta deficiencia congénita en el campo académico que deben ser corregidos con el objetivo de alcanzar un nivel de conciencia encaminado a un sentimiento de responsabilidad social. He aquí el principio deontológico del comunicador social, en el cual, la función de la ética en el ejercicio periodístico debe centrarse en el razonamiento del desempeño individual contribuyendo a través de la palabra para reforzar los criterios personales y el respeto por los ajenos.

Por ello, es imprescindible que la labor periodística sea concebida en base a la realidad, ya que no solo se trabaja para si mismos, tampoco para convertirse en líderes de opinión, ni para hacer que otros repitan lo que el profesional diga, sino para contribuir a que las personas formen sus propias ideas de lo que sucede en el mundo.

Continuamente, cabe destacar la segunda interrogante ¿Cuál es nuestro fundamento ético? Es oportuno expresar que los códigos de ética por los que se rige el profesional no sólo son reglamentos de trabajo, pues también son una serie de normas que se inculcan al profesional con el objetivo de formar en el mismo un estado de conciencia propio al bien social. En tanto, es curioso que los códigos de ética tienen por principio: la defensa de la libertad de expresión y la responsabilidad del periodista ante el público... pero de un modo incongruente terminan los profesionales por representar a los intereses de la empresa, respondiendo a una conducta narcisista más que a la convicción de prestar un servicio.

En este sentido, nuestro fundamento ético o como bien diría el autor “vocación” es servir - con tal honestidad escrita - al servicio de buena educación, buena formación e información al colectivo. De modo que los fundamentos éticos no valen en sí mismos, pues solo tienen valor cuando la formulación y aceptación se disponen a conformar su comportamiento, es decir, cuando se asume la convicción personal que lo escrito es la mejor manera de ejercer la profunda y compleja tarea de comunicar a las sociedades. Por ende, la referencia a la ética no sólo es retórica, como lo expresó un colega en días pasados al leer los artículos que publica esta servidora, pues lo que acá se plantea es necesario para el adecuado proceder del comunicador social y en general todo aquel que se prepara en cualquier área profesional.

Por su parte, está demás decir que el camino del comunicador social es intrínseco y siniestro, ya que su actividad no se desarrolla en un campo neutral, pues, existen intereses y diversas presiones que pretenden por lo general dar énfasis a las leyes del mercado, al beneficio propio y a la agresividad competitiva. Sin embargo, colegas se debe tener presente que el perceptor es un ser humano y por lo tanto, es necesario hacer valer las exigencias netamente humanas por encima de aquellos intereses que son bien sabidos por muchos que ejercen e incluso por varios estudiantes de la carrera que han expuesto a viva voz este factor que quebranta el rol de la comunicación.

Otro aspecto relevante en el fundamento ético al que nos debemos, es que la información debe corresponder con la verdad y la objetividad, y este punto no es novedad alguna, ya que se ha discutido y puesto en la mesa redonda en cantidad de ocasiones, incluso no cabría en estas páginas la cantidad de autores que en el mundo han analizado este dilemático tema.

Pero se mencionará a Porfirio Barroso, escritor del libro “Deberes del Periodista” (1992) quien de un modo muy acertado expuso: “Entendemos al servicio de la verdad y objetividad como emisión de una información de forma falseada, interesada o manipulada, y consideramos que la verdad y objetividad son tan necesaria para la información periodística que sin ellas la comunicación deja de ser información para constituirse en propaganda o manipulación” (p.78).

Lo antes expuesto, abarca parte de la problemática que se debate actualmente en nuestro país, donde profesionales del gremio difieren unos con otros, entre los que defendemos estas teorías y los que defienden la teoría de una praxis mercantilista en el quehacer periodístico. Sin embargo, es ineludible que el comunicador social asuma más allá de ser un protagonista importante en el devenir social, corresponda a la sensibilidad de conciencia profesional apegado a la verdad que influye sobre el colectivo y no la verdad (falsa) que diseña la política editorial del medio (impreso o audiovisual), a la honestidad y la responsabilidad, ya que es consabido la enorme tarea que tenemos a través del verbo de informar y orientar a la sociedad.

Y la gran pregunta para cerrar con broche de oro es ¿Para quienes nos formamos? Comprendiendo lo antes planteado, quizás sea un demás esbozar esta pregunta. Sin embargo, es indispensable decir que nos formamos para la gente que nos lee, que nos ve y que nos escucha, quienes integran lo que llaman las nuevas teorías sociedad de masas. Nos formamos para seres humanos que creen, sienten y en su mayoría padecen de los sistemas políticos, económicos y sociales impuestos.

Nos formamos para servir y defender las causas de los débiles que también son la mayoría, de un modo más explícito, nos formamos para niños, jóvenes, adultos y ancianos sin que sea relevante la condición social (A, B, C, D o E) dividido así por los poderes comunicacionales, es decir, nos preparamos en el área para formar e informar sin exclusión; nos capacitamos para las madres, padres e hijos, para los negros y los blancos.

Nos capacitamos igualmente para judíos, católicos, cristianos, evangélicos, budistas, santeros, entre otros sin excomulgar a las personas por sus creencias religiosas. Para las personas que políticamente se identifican con la izquierda o la derecha, los republicanos o los demócratas, en nuestro país los rojitos, los azulitos o los “ninis” conceptualmente denominados idiotas (concibiendo el significado real de esta palabra). En síntesis, colegas nos formamos para servir profesionalmente al ser humano con sensibilidad, ciertamente la tarea es compleja entendiendo que también somos parte de esa humanidad y que poseemos una estructura ideológica con la que nos identificamos, pero ante eso debe prevalecer la dilemática objetividad para escuchar y respetar todos los ángulos que hacen este mundo tan ininteligible.

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