Ya se cumplen 26
años desde que la Comisión Internacional de Estudio sobre los Problemas
de la Comunicación presentó ante la XXI Conferencia General de la
UNESCO, reunida en Belgrado, el trabajo más riguroso y polémico de la
historia de la comunicación, el llamado Informe McBride. La Comisión,
presidida por el irlandés Sean McBride, único caso de alguien
galardonado con el Premio Nobel de la Paz y el Premio Lenin.
La
UNESCO pretendía demostrar y legitimar las denuncias formuladas por el
Movimiento de Países No Alineados en Argel, en 1973 cuando subrayaba
que "La acción del imperialismo no se ha limitado a los dominios
político y económico, sino que comprende igualmente los dominios
cultural y social, imponiendo así una dominación ideológica extraña a
los pueblos en vías de desarrollo".
En
correspondencia con esa afirmación, los No Alineados exigieron, a
partir de ese momento, avanzar hacia la concreción de un Nuevo Orden
Económico Internacional (NOEI), fundamental para la edificación de un
Nuevo Orden Internacional de la información y la Comunicación (NOIIC).
El
informe fue aceptado por consenso en la Conferencia General de la
UNESCO, en Belgrado, pero durante el proceso de gestación del mismo, la
UNESCO fue escenario de fuertes tensiones entre países partidarios y
detractores por intentar promover políticas nacionales de comunicación,
que finalizó con la salida de los Estados Unidos y el Reino Unido de la
UNESCO.
El
Informe McBride, al dar cuenta de la desigualdad en el acceso a los
bienes culturales por parte de los países del Tercer Mundo, advertía
que los países en desarrollo, que tienen las tres cuartas partes de la
población mundial, sólo disponen de la mitad de los periódicos del
total mundial, que ocho países o territorios de Africa y tres países
árabes no tienen ni un solo diario, que un gran número de países no
tenían televisión y en otros ésta estaba limitada a centros urbanos, y
que n los países en desarrollo apenas tenían el 5% de la capacidad de
computadora del mundo.
Asimismo
marcaba cinco aspectos: la unidireccionalidad de la comunicación, la
concentración vertical y horizontal, la trasnacionalización, la
alineación informativa y la democratización de la misma. En la
actualidad esta realidad que se describió hace 26 años sigue existiendo
con las mismas características en el terreno comunicativo nacional e
internacional. Para transformar la verticalidad de la comunicación, es
necesario acelerar la participación creciente de un mayor número de
personas en las actividades de comunicación, para facilitar el progreso
de las tendencias a la democratización de todo el proceso de
comunicación y una expansión de las corrientes de información
pluridireccionales, procedentes de una multitud de fuentes: hacia
arriba, hacia abajo y horizontalmente .
Ya
hace más de cinco lustros el informe señalaba la necesidad de tomar
medidas jurídicas eficaces para: a) limitar la concentración y la
monopolización; b) conseguir que las empresas transnacionales acaten
los criterios y las condiciones especificas definidos en la legislación
y en la política de desarrollo nacionales; c) invertir la tendencia a
la reducción del número de responsables cuando esta aumentando la
eficacia de la comunicación y la dimensión del público; d) reducir la
influencia de la publicidad sobre la redacción y los programas de
radiodifusión; y e) perfeccionar los modelos que permiten fortalecer la
independencia y la autonomía de los órganos de información en materia
de gestión y de política de redacción, independientemente que sean
privados o públicos .
En
cuanto a la trasnacionalización señalaba que ésta ha afectado
prácticamente a todo el sector de la comunicación, de forma que la
producción, los servicios y los mercados periféricos son controlados
mayoritariamente por los centros hegemónicos .
Los
derechos humanos no puede existir sin la libertad de palabra, de
prensa, de información, y de reunión. La transformación de esas
libertades en un derecho individual o colectivo más amplio a comunicar
es un principio evolutivo en el proceso de democratización .
Datos
actuales demuestran que la desigualdad cultural amplió su brecha a
niveles no previstos en el riguroso Informe, ya que El 87 por ciento de
las ganancias obtenidas en la producción de bienes culturales, se las
reparten EE.UU. (55%), la Unión Europea (25) y Japón (15%). El exiguo
13 por ciento restante se reparte entre el resto de los países del
mundo (América Latina participa de un 5%.
De
los 550 millones de computadoras que hay en el mundo, poco más de la
mitad están en Estados Unidos, Japón, Alemania, Inglaterra y Francia.
Algo más de dos tercios del total mundial de usuarios de Internet -320
millones- corresponden a esos mismos cinco países. Y del total mundial
de "internautas" el 57% está en Estados Unidos, mientras que en
Latinoamérica está sólo el 1%.
Con
el rescate de los postulados básicos que promovió el Informe MacBride
se debe replantear la construcción de un nuevo orden mundial de la
información que equilibre los enormes desajustes comunicativos y
culturales
Entre la dictadura mediática y la democracia
Sin
dudas, el tema de los medios de comunicación tiene que ver con el
futuro de nuestras democracias. Hoy en día, en todo el mundo en
desarrollo, la dictadura mediática quiere suplantar a la dictadura
militar. Son los grandes grupos económicos que usan a los medios y
deciden quien tiene o no la palabra, quien es el protagonista y el
antagonista. El que más vocifera contra los cambios de nuestras
sociedades, contra los cambios de modelo económico, social, político,
contra las transformaciones culturales, es quien logra más pantalla,
mientras las grandes mayorías siguen afónicas, sin voz ni imagen.
Lo
cierto es que aún no hemos asumido que el discurso comercial
-bombardeado a través de información, publicidad y cultura de masas o
recreación, con un mismo envase, disfrazado de realidad o de hechos
naturales- es también un discurso ideológico, agresivo, limitante de
nuestra libertad de ciudadano.
Tener
una televisora nueva en América Latina puede no ser más que un saludo a
la bandera. Porque una nueva televisión sin contenidos nuevos, no
servirá absolutamente para nada.
Pese
a los enormes progresos realizados por la humanidad en el ámbito del
conocimiento y la tecnología, la mayoría de las personas siguen
viviendo en condiciones desastrosas. La desigual distribución de las
Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) y la falta de acceso a
la información que tiene una gran parte de la población mundial,
fenómenos que suelen denominarse brecha digital, son de hecho una
expresión de nuevas asimetrías en el conjunto de brechas sociales
existentes.
Estas
asimetrías incluyen las brechas entre el Norte y el Sur, los ricos y
los pobres, los hombres y las mujeres, las poblaciones urbanas y
rurales, aquellos que tienen acceso a la información y aquellos que
carecen del mismo.
Combatir todas las formas de discriminación, exclusión y aislamiento que padecen los diferentes grupos y
comunidades
marginadas y vulnerables exige algo más que el simple despliegue de
tecnologías. Exige cambios estructurales de nuestras propias sociedades
para volverlas más democráticas, equitativas, justas.
Nuestra
total participación en las sociedades de la información y la
comunicación requiere que rechacemos en un nivel fundamental la
promoción de las TIC para el desarrollo orientado al mercado y basado
únicamente en la búsqueda de rédito económico.
Las
sociedades del Sur sabemos bien de la necesidad de adoptar decisiones
tecnológicas con el fin de atender a necesidades humanas esenciales y
no sólo para enriquecer a las empresas o hacer posible el control
antidemocrático de los gobiernos.
La
erradicación de la pobreza y el combate de las desigualdades deben ser
prioridades de la humanidad, pero sobre todo para aquellos que vivimos
en el Sur. Para ello debe permitirse a las personas que viven en
extrema pobreza, contribuir con sus experiencias y conocimientos para
un diálogo que involucre a todas las partes. Asimismo, es importante
mejorar el acceso local a la información relevante en un contexto
específico, impulsar la formación en TIC y asignar recursos financieros.
Se
trata de retomar el paradigma de la solidaridad. En tanto la humanidad
es una e indivisible, urge que los pueblos cultiven un sentido profundo
de responsabilidad por el destino del planeta y el bienestar de toda la
familia humana, siendo asimismo necesario que las personas y
comunidades, así como los gobiernos, desarrollen una conciencia global
y un sentido de ciudadanía mundial.
El acceso, la participación
El
acceso a la información y a los medios de información, en tanto bienes
públicos y globales, debe ser participativo, universal, inclusivo y
democrático. Debe eliminarse cualquier desigualdad de acceso en
términos de brecha Norte/Sur, así como de desigualdad entre las
naciones desarrolladas y menos desarrolladas. Los obstáculos que hay
que superar son de naturaleza económica, educativa, técnica, política,
social, étnica y de edad, y en todas ellas van incorporadas
desigualdades de género que deben atacarse específicamente. Casi nada.
Las
tecnologías de la información centradas en las personas pueden
facilitar la erradicación de enfermedades y epidemias y contribuir a
que las personas tengan comida, abrigo, libertad y paz. De la misma
forma pueden contribuir a los esfuerzos para alfabetizar, educar e
investigar pues solo pueblos informados y educados pueden acceder y
participar eficazmente en las sociedades del conocimiento.
Pero
los puntos de mayor polémica han sido siempre sobre el papel de los
medios de comunicación en la sociedad de la información, la gobernanza
de Internet, los derechos de propiedad intelectual, la llamada
"seguridad de la información" y el financiamiento para el desarrollo de
las TIC.
Los
impactos sociales de la tecnología no son neutros como sostienen los
defensores de las visiones tecnológico-mercantiles, por lo que se hace
importante elegir las mejores opciones técnicas que beneficien a la
sociedad en su conjunto, cuidando que estas se conciban y apliquen de
manera participativa, para impedir o reducir al mínimo sus impactos
negativos.
Las
principales áreas de preocupación de la sociedad civil son la justicia
social y el desarrollo sostenible centrado en el ser humano, la
universalidad, la interrelación y la interdependencia de todos los
derechos humanos -civiles, políticos, económicos, sociales y
culturales-, incluidos el derecho al desarrollo y los derechos
lingüísticos, y la cultura, el conocimiento y el dominio público.
La
diversidad cultural y lingüística implica tener la capacidad de
expresarse, en su propio idioma, en todo momento, por cualquier medio,
incluidos los medios de comunicación tradicionales y las TIC, que bien
pueden utilizarse para reducir brechas culturales y lingüísticas, en
lugar de agudizarlas, como lo vienen haciendo cuando refuerzan el
predominio de los idiomas basados en el alfabeto latino (sobre todo el
inglés), marginando idiomas locales, regionales y minoritarios.
La
privatización del conocimiento amenaza con restringir la disponibilidad
de los conocimientos de dominio público. En lugar de ampliar y
favorecer la divulgación de los conocimientos mundiales, los últimos
avances tecnológicos están privatizando cada vez más la información, en
tanto que la participación del sector privado en la investigación
científica ha fomentado la creación de patentes y la privatización de
los conocimientos científicos que han dejado de ser de dominio público.
En el caso de los pueblos indígenas, se han registrado muchos intentos
de comercializar y explotar conocimientos indígenas tradicionales sin
consultar a las comunidades, que son las legítimas propietarias de
dicho conocimiento.
La
libertad de expresión y la libertad de los medios de comunicación
desempeñan una función fundamental en la producción, recopilación y
distribución de contenido diverso que integre a todos los ciudadanos y
que permita la participación activa de éstos, y son la esencia de
cualquier modelo de sociedad de la información y la comunicación.
Las
consideraciones –o excusas- en materia de seguridad no deben menoscabar
la libertad de expresión y de los medios de comunicación. El pluralismo
y la diversidad de los medios deben garantizarse mediante una
legislación adecuada. Los medios comunitarios gestionados por las
comunidades y basados en la sociedad civil, tienen una función especial
que desempeñar a la hora de posibilitar el acceso y la participación de
todos y todas, en particular de las comunidades más pobres y
marginadas, en las sociedades de la información y la comunicación. Es
absolutamente fundamental la existencia de un marco jurídico y
reglamentario que proteja y promueva los medios de comunicación
comunitarios y a su vez garantice el acceso de los grupos más
vulnerables a la información y la comunicación.
Las nuevas tecnologías
La
digitalización del sonido, la imagen y la data, y su transmisión a
través de Internet marcan esta revolución que conjuga el teléfono con
los medios masivos, el poder de procesamiento y la digitalización de la
información. El espíritu libertario que la impregnó, incubado al amparo
de las universidades, forjó la comunidad de hackers y creó al software
libre. Filosofía y tecnología crecieron al amparo y en paralelo con la
red, nutriéndola en el proceso que está causando una fuerte reacción.
Hoy,
el impacto de las nuevas tecnologías cambia radicalmente la relación de
las ideas y el conocimiento con el soporte de distribución. Hoy la
información digitalizada es incontable y ubicua, y su costo marginal de
reproducción y distribución es nulo. Una vez creada y digitalizada, una
obra intelectual puede ser copiada, distribuida, accedida y disfrutada
por millones de personas al mismo tiempo sin que se note diferencia
entre el original y las copias, sin que siquiera haya un costo marginal
derivado de este disfrute.
Entonces,
pareciera anacrónico imponer restricciones a la difusión de la
Información, ya que sin costo de distribución desaparece el motivo
principal de sostén del sistema de copyright. Una sociedad donde la
Información esté cerrada y se constituya en capital, no puede ser
transparente.
En
una sociedad donde el conocimiento es propiedad privada, las
desigualdades educativas se profundizan, incrementan y cada persona
tiene acceso solamente a lo que puede pagar: esa es la base de una
sociedad capitalista, injusta y desigual. La educación, ¿es un derecho
o un servicio comercial?
El
signo más relevante en nuestros países es el de la concentración y la
trasnacionalización de la economía en general y de las industrias
culturales en particular. Fusiones, asociaciones y todo género de
alianzas entre las grandes relaciones de propiedad y de poder a escala
mundial, con incidencia directa en las industrias locales, el control
de los mercados, el empleo, las tecnologías de producción y
comercialización y el diseño de la programación y los contenidos
producidos.
Un
trabajo de Unesco-Cerlalc sostenía recientemente que "del mismo modo
que la biodiversidad, es decir, la inmensa variedad de formas de vida
desarrolladas durante millones de años, es indispensable para la
supervivencia de los ecosistemas naturales, los ecosistemas culturales,
compuestos por un complejo mosaico de culturas necesitan de la
diversidad para preservar su valioso patrimonio en beneficio de las
generaciones futuras".
La
diversidad cultural se construye a partir de la memoria y el hábitat de
los distintos grupos sociales, comunidades o naciones, así como los
autores y creadores que desde lo individual los representan.
La
globalización y la trasnacionalización, en cambio, suponen una
hegemonía o una dominación económica, a la par que cultural, que
amenaza dicha diversidad.
Se
sabe que la importancia de la industria audiovisual no radica solamente
en los miles de millones de dólares que moviliza la producción y la
comercialización de películas y programas y televisivos –que para EEUU
representa más de 50 mil millones de dólares al año- sino también las
posibilidades que tiene el mismo lenguaje audiovisual para inducir al
disfrute de una comedia, un videoclip o una película de efectos
especiales, junto a la incentivación del consumo de muchos otros
productos, además de las ideas y valores que subyacen en las imágenes y
el sonido.
Hollywood
no sólo vende películas sino sistemas de vida, razón por la que merece
una importancia estratégica para la política de Washington y para
quienes controlan la economía estadounidense. Un ejemplo actual es el
terrorismo mediático lanzado sobre todo el mundo, a lo que podría
agregarse que cuando los grandes estudios necesitan del respaldo
político del Estado, también son rápidamente complacidas.
Debemos
tener en claro que hemos sido entrenados para pensar que comunicación
alternativa significa comunicación marginal. Pero hoy debemos cambiar
estos paradigmas y asumir que la única forma de plantearse la batalla
de las ideas, es con una estrategia comunicacional masiva, que sea
realmente alternativa al bombardeo constante, hegemónico, que nos llega
desde el Norte.
Los
medios comunitarios son un paso en la dirección de la democratización,
pero por sí mismos no son suficientes. Podemos tener centenares de
medios comunitarios, pero si el 93% de la audiencia está controlada por
una estructura monopólica de los medios corporativos, comerciales, será
poco lo que habremos avanzado en la dirección de la democratización.
Medios alternativos, masivos
Esta
América Latina -que bastante ha cambiado en el último lustro- está
pariendo nuevas formas de integración, superando los modelos meramente
económico-comerciales. Y dentro de todas esas cosas que creíamos
imposibles hace apenas cinco años, surge un proyecto de integración
comunicacional: La Nueva Televisión del Sur, más conocida como Telesur.
Telesur
es, sin dudas, un proyecto político y estratégico. Después de décadas
de progresivo vaciamiento –y privatización- de los Estados nacionales,
éstos, impulsados por colectivos cada vez más maduros políticamente,
recobraron su papel para impulsar la construcción de un medio de
comunicación audiovisual hemisférico, con la misión de difundir una
versión real de la diversidad social y cultural de América Latina y el
Caribe, para ofrecerla al mundo.
El
objetivo es el desarrollo y la puesta en funcionamiento de una
estrategia comunicacional televisiva hemisférica de alcance mundial que
impulse y consolide los procesos de cambio y la integración regional,
como herramienta de la batalla de las ideas contra el proceso
hegemónico de globalización.
Telesur
es una herramienta para coadyuvar a la integración
latinoamericano-caribeña y a la vez la alternativa a la hegemonía
comunicacional, al pensamiento y la imagen únicas.
No
se trata solo de una herramienta, sino de retomar, recobrar la palabra
que había sido secuestrada durante más de tres décadas por dictadores,
políticos corruptos y genuflexos ante el gran capital, y los eternos
"expertos" que convalidaron el saqueo de nuestras naciones y quisieron
convencernos de que con la entrega y la globalización todo iba a ir
mejor. Gracias a ellos, una enorme parte de los latinoamericanos hoy
están excluidos de la educación, de la atención sanitaria, de la simple
vida ciudadana: son invisibles a las estadísticas y millones de ellos
ni siquiera tienen documentación.
Desde
hace décadas (la mayoría de) nuestros intelectuales y académicos habían
hecho mutis por el foro, se refugiaron en puestos académicos o
burocráticos, en parcelas de investigación, y dejaron la cosa pública
en manos y, sobre todo en boca, de políticos y "expertos" que
impusieron su potencial de ser los únicos profesionales de la palabra
con derechos a dar visiones y versiones de la realidad. O mejor dicho,
de una realidad acomodada a los intereses de los poderosos.
Hoy
se quiere reducir la realidad a la actualidad de los noticieros de
televisión, que cada día se van pareciendo más a las telenovelas. Es
que tratan de desprendernos de nuestra historia, quieren borrar
nuestras huellas para que no sepamos de dónde venimos. Si no sabemos de
dónde venimos no sabremos a dónde ir, ni vamos a enterarnos de cuál es
nuestro otro destino posible. Se vende la actualidad como si fuera un
destino y es un destino armado, decía, al modo de una telenovela.
El
futuro hay que imaginarlo. El fin de la historia nos condenó a padecer
el futuro como una repetición del presente. Y nosotros nos oponemos a
que la mera idea de que los latinoamericanos vayamos a ser meras
sombras de cuerpos ajenos. Aquí la historia no terminó: recién está
comenzando.
Estamos
convencidos de que no hay ninguna forma de cambiar la realidad si no
comenzamos a verla como es, porque para poder transformarla hay que
empezar por asumirla. Ese es el problema mayor que tenemos los
latinoamericanos: hemos estado ciegos de nosotros mismos. Eduardo
Galeano dice que durante 513 años hemos sido entrenados para vernos con
otros ojos, con ojos de extranjeros.
Hoy
comenzamos a vernos con nuestros propios ojos, cansados de que nos
expliquen quiénes somos, cómo somos, qué debemos hacer. Desde el Norte
nos ven en blanco y negro –sobre todo en negro: solo aparecemos en las
noticias si nos ocurre una desgracia- y, en realidad, somos un
continente en technicolor. Comenzamos a vernos con nuestros propios
ojos, a reconocernos, para poder integrarnos.
Se
trata de recobrar la palabra, de recuperar la memoria, las tradiciones,
nuestros propios conocimientos ancestrales. Es hora de despertar con
esta nueva alborada. Es hora de mirarnos al espejo y pasar del eterno
diagnóstico inmovilizador a la acción. Hay quienes dicen que otro mundo
es posible. Nosotros, desde el Sur, hace muchos años que sabemos que
otro mundo no es posible sino necesario, imprescindible, y que debemos
construirlo todos los días, y todos juntos, unidos. La política de
dominación y expoliación, ha sido, por 513 años, la de dividirnos. Y
estamos convencidos que no podemos coadyuvar a este proceso de
integración regional que avanza impulsado por nuestros estados y
también por los movimientos sociales que impulsan la unidad, si no nos
conocemos entre nosotros.
La
cultura contemporánea empuja a la gente a la soledad y a la violencia.
Hoy ser niño en una ciudad latinoamericana es muy difícil, porque el
que no es preso de la necesidad está preso del miedo. Hay 15 millones
de niños abandonados en nuestras ciudades, obligados a sobrevivir, al
delito, que es, según Eduardo Galeano, la única forma de iniciativa
privada que les está permitida. De cada tres niños que nacen en nuestra
región, uno muere antes de los cinco años y la mayoría de los que
sobreviven están condenados a ser delincuentes de seis, siete o 10
años, a morir de bala o de droga. Y los otros niños están presos del
miedo en sus casas, por una televisión que los atrapa en su
imposibilidad de hacer, por el miedo de nacer, a vivir, a cambiar, a
caminar con las propias piernas. Esta televisión que forma
consumidores, te amaestra para la parálisis y después te venden las
muletas.
Sabemos
que desde el Norte, nos bombardean con una gran cantidad de
información-basura que solo sirve para desinformarnos y sentirnos
dependientes . Sabemos de Chechenia, pero no conocemos siquiera nuestro
reflejo y muchos menos a nuestros vecinos.
No
creemos en la esperanza a medida, dogmática. Creemos en la esperanza
viva, en la vida. Por eso Telesur: un canal para tender nuevos puentes,
para construir espacios de integración, de encuentro, de afectos. Es un
lugar para descubrirnos, querernos y reinventarnos a través de una
lente propia, escapando de los estereotipos que nos han enmarcado las
miradas de otros. Con un lenguaje propio, con una identidad visual que
nos permita mirarnos desde una perspectiva diferente: la nuestra.
Frente
al intento de imponer un pensamiento, un mensaje, una imagen únicos,
Telesur surge en plural, reivindicando el nosotros, el sueño colectivo
de una América.
Lo
grave es tener la verdad y compartirla apenas con uno mismo. La
información que nos llega está contaminada con una serie de medias
verdades demostrables factualmente, tergiversación, manipulación.
Telesur
es una estructura de alcance mundial y alta calidad para la transmisión
de contenidos progresistas, para ofrecer las realidades del continente
de forma inmediata, veraz, creíble, balanceada, contextualizada, que
favorezca matrices de opinión favorables a la integración de nuestros
pueblos, de difundir perspectivos diversas y plurales en torno a los
grandes temas y preocupaciones que afectan a los colectivos, para el
fomento del debate y la conciencia crítica ciudadana.
Se
trata de promover la diversidad cultural a fin de fortalecer la memoria
histórica y la identidad colectiva de nuestros pueblos, de fomentar la
participación protagónica, organización y articulación de los pueblos
mediante la creación de espacios para la difusión de las voces de
nuestras organizaciones sociales. Se trata de democratizar la
producción de contenidos para garantizar esa diversidad y pluralidad.
Hay
quienes se "preocupan" por la independencia política y editorial de
Telesur. Incluso, la Cámara de Representantes de Estados Unidos dio a
conocer una resolución –antes incluso que hubiera programación de
Telesur en el aire- descalificando al canal latinoamericano. Lo mismo
que vienen haciendo en diversos países de nuestra región los grupos
oligopólicos, coincidentemente dueños también de los medios comerciales
de comunicación social.
Pero
eso era obvio y esperable: comenzamos a desalambrar los latifundios
mediáticos latinoamericanos en el camino de la democratización del
espectro televisivo en nuestra región. Era obvio y esperable: después
de 513 años se está terminando la afonía de las mayorías, y aquellos
que nunca tuvieron voz ni imagen hoy las comienzan a tener.
Sabíamos
que otro tipo de comunicación era necesario, imprescindible, urgente.
Pero muchos dudaban de que fuera posible. Hoy Telesur es, precisamente,
la demostración de la factibilidad de un medio alternativo al mensaje
hegemónico del Norte. Masivo y no marginal. Por ello la meta debe ser
crear muchos telesures, en el camino de la democratización del espectro
televisivo, en la necesidad de afianzar nuestras democracias y hacerlas
más justas, equitativas, participativas, diversas y plurales.
Democracias con todos y para todos, con ciudadanos informados y con
conciencia crítica.
strategia
comunicacional masiva, que sea realmente alternativa al bombardeo
constante, hegemónico, que nos llega desde el Norte.
Los
medios comunitarios son un paso en la dirección de la democratización,
pero por sí mismos no son suficientes. Podemos tener centenares de
medios comunitarios, pero si el 93% de la audiencia está controlada por
una estructura monopólica de los medios corporativos, comerciales, será
poco lo que habremos avanzado en la dirección de la democratización.
Medios alternativos, masivos
Esta
América Latina -que bastante ha cambiado en el último lustro- está
pariendo nuevas formas de integración, superando los modelos meramente
económico-comerciales. Y dentro de todas esas cosas que creíamos
imposibles hace apenas cinco años, surge un proyecto de integración
comunicacional: La Nueva Televisión del Sur, más conocida como Telesur.
Telesur
es, sin dudas, un proyecto político y estratégico. Después de décadas
de progresivo vaciamiento –y privatización- de los Estados nacionales,
éstos, impulsados por colectivos cada vez más maduros políticamente,
recobraron su papel para impulsar la construcción de un medio de
comunicación audiovisual hemisférico, con la misión de difundir una
versión real de la diversidad social y cultural de América Latina y el
Caribe, para ofrecerla al mundo.
El
objetivo es el desarrollo y la puesta en funcionamiento de una
estrategia comunicacional televisiva hemisférica de alcance mundial que
impulse y consolide los procesos de cambio y la integración regional,
como herramienta de la batalla de las ideas contra el proceso
hegemónico de globalización.
Telesur
es una herramienta para coadyuvar a la integración
latinoamericano-caribeña y a la vez la alternativa a la hegemonía
comunicacional, al pensamiento y la imagen únicas.
No
se trata solo de una herramienta, sino de retomar, recobrar la palabra
que había sido secuestrada durante más de tres décadas por dictadores,
políticos corruptos y genuflexos ante el gran capital, y los eternos
"expertos" que convalidaron el saqueo de nuestras naciones y quisieron
convencernos de que con la entrega y la globalización todo iba a ir
mejor. Gracias a ellos, una enorme parte de los latinoamericanos hoy
están excluidos de la educación, de la atención sanitaria, de la simple
vida ciudadana: son invisibles a las estadísticas y millones de ellos
ni siquiera tienen documentación.
Desde
hace décadas (la mayoría de) nuestros intelectuales y académicos habían
hecho mutis por el foro, se refugiaron en puestos académicos o
burocráticos, en parcelas de investigación, y dejaron la cosa pública
en manos y, sobre todo en boca, de políticos y "expertos" que
impusieron su potencial de ser los únicos profesionales de la palabra
con derechos a dar visiones y versiones de la realidad. O mejor dicho,
de una realidad acomodada a los intereses de los poderosos.
Hoy
se quiere reducir la realidad a la actualidad de los noticieros de
televisión, que cada día se van pareciendo más a las telenovelas. Es
que tratan de desprendernos de nuestra historia, quieren borrar
nuestras huellas para que no sepamos de dónde venimos. Si no sabemos de
dónde venimos no sabremos a dónde ir, ni vamos a enterarnos de cuál es
nuestro otro destino posible. Se vende la actualidad como si fuera un
destino y es un destino armado, decía, al modo de una telenovela.
El
futuro hay que imaginarlo. El fin de la historia nos condenó a padecer
el futuro como una repetición del presente. Y nosotros nos oponemos a
que la mera idea de que los latinoamericanos vayamos a ser meras
sombras de cuerpos ajenos. Aquí la historia no terminó: recién está
comenzando.
Estamos
convencidos de que no hay ninguna forma de cambiar la realidad si no
comenzamos a verla como es, porque para poder transformarla hay que
empezar por asumirla. Ese es el problema mayor que tenemos los
latinoamericanos: hemos estado ciegos de nosotros mismos. Eduardo
Galeano dice que durante 513 años hemos sido entrenados para vernos con
otros ojos, con ojos de extranjeros.
Hoy
comenzamos a vernos con nuestros propios ojos, cansados de que nos
expliquen quiénes somos, cómo somos, qué debemos hacer. Desde el Norte
nos ven en blanco y negro –sobre todo en negro: solo aparecemos en las
noticias si nos ocurre una desgracia- y, en realidad, somos un
continente en technicolor. Comenzamos a vernos con nuestros propios
ojos, a reconocernos, para poder integrarnos.
Se
trata de recobrar la palabra, de recuperar la memoria, las tradiciones,
nuestros propios conocimientos ancestrales. Es hora de despertar con
esta nueva alborada. Es hora de mirarnos al espejo y pasar del eterno
diagnóstico inmovilizador a la acción. Hay quienes dicen que otro mundo
es posible. Nosotros, desde el Sur, hace muchos años que sabemos que
otro mundo no es posible sino necesario, imprescindible, y que debemos
construirlo todos los días, y todos juntos, unidos. La política de
dominación y expoliación, ha sido, por 513 años, la de dividirnos. Y
estamos convencidos que no podemos coadyuvar a este proceso de
integración regional que avanza impulsado por nuestros estados y
también por los movimientos sociales que impulsan la unidad, si no nos
conocemos entre nosotros.
La
cultura contemporánea empuja a la gente a la soledad y a la violencia.
Hoy ser niño en una ciudad latinoamericana es muy difícil, porque el
que no es preso de la necesidad está preso del miedo. Hay 15 millones
de niños abandonados en nuestras ciudades, obligados a sobrevivir, al
delito, que es, según Eduardo Galeano, la única forma de iniciativa
privada que les está permitida. De cada tres niños que nacen en nuestra
región, uno muere antes de los cinco años y la mayoría de los que
sobreviven están condenados a ser delincuentes de seis, siete o 10
años, a morir de bala o de droga. Y los otros niños están presos del
miedo en sus casas, por una televisión que los atrapa en su
imposibilidad de hacer, por el miedo de nacer, a vivir, a cambiar, a
caminar con las propias piernas. Esta televisión que forma
consumidores, te amaestra para la parálisis y después te venden las
muletas.
Sabemos
que desde el Norte, nos bombardean con una gran cantidad de
información-basura que solo sirve para desinformarnos y sentirnos
dependientes . Sabemos de Chechenia, pero no conocemos siquiera nuestro
reflejo y muchos menos a nuestros vecinos.
No
creemos en la esperanza a medida, dogmática. Creemos en la esperanza
viva, en la vida. Por eso Telesur: un canal para tender nuevos puentes,
para construir espacios de integración, de encuentro, de afectos. Es un
lugar para descubrirnos, querernos y reinventarnos a través de una
lente propia, escapando de los estereotipos que nos han enmarcado las
miradas de otros. Con un lenguaje propio, con una identidad visual que
nos permita mirarnos desde una perspectiva diferente: la nuestra.
Frente
al intento de imponer un pensamiento, un mensaje, una imagen únicos,
Telesur surge en plural, reivindicando el nosotros, el sueño colectivo
de una América.
Lo
grave es tener la verdad y compartirla apenas con uno mismo. La
información que nos llega está contaminada con una serie de medias
verdades demostrables factualmente, tergiversación, manipulación.
Telesur
es una estructura de alcance mundial y alta calidad para la transmisión
de contenidos progresistas, para ofrecer las realidades del continente
de forma inmediata, veraz, creíble, balanceada, contextualizada, que
favorezca matrices de opinión favorables a la integración de nuestros
pueblos, de difundir perspectivos diversas y plurales en torno a los
grandes temas y preocupaciones que afectan a los colectivos, para el
fomento del debate y la conciencia crítica ciudadana.
Se
trata de promover la diversidad cultural a fin de fortalecer la memoria
histórica y la identidad colectiva de nuestros pueblos, de fomentar la
participación protagónica, organización y articulación de los pueblos
mediante la creación de espacios para la difusión de las voces de
nuestras organizaciones sociales. Se trata de democratizar la
producción de contenidos para garantizar esa diversidad y pluralidad.
Hay
quienes se "preocupan" por la independencia política y editorial de
Telesur. Incluso, la Cámara de Representantes de Estados Unidos dio a
conocer una resolución –antes incluso que hubiera programación de
Telesur en el aire- descalificando al canal latinoamericano. Lo mismo
que vienen haciendo en diversos países de nuestra región los grupos
oligopólicos, coincidentemente dueños también de los medios comerciales
de comunicación social.
Pero
eso era obvio y esperable: comenzamos a desalambrar los latifundios
mediáticos latinoamericanos en el camino de la democratización del
espectro televisivo en nuestra región. Era obvio y esperable: después
de 513 años se está terminando la afonía de las mayorías, y aquellos
que nunca tuvieron voz ni imagen hoy las comienzan a tener.
Sabíamos
que otro tipo de comunicación era necesario, imprescindible, urgente.
Pero muchos dudaban de que fuera posible. Hoy Telesur es, precisamente,
la demostración de la factibilidad de un medio alternativo al mensaje
hegemónico del Norte. Masivo y no marginal. Por ello la meta debe ser
crear muchos telesures, en el camino de la democratización del espectro
televisivo, en la necesidad de afianzar nuestras democracias y hacerlas
más justas, equitativas, participativas, diversas y plurales.
Democracias con todos y para todos, con ciudadanos informados y con
conciencia crítica.