¿Ahrens o Arendt? ¡Más perdido que Globovisión!

Los fracasos políticos y los errores comunicacionales de todo tipo, tan frecuentes en Globovisión, han convertido a este partido político en un nuevo paradigma del extravío. Situación ésta que amenaza con desplazar al consabido “Más perdido que el hijo de Lindbergh”. En términos de efectividad, son los reyes en eso de apuntar fuera del perol.

Ahora les ha dado por darle fundamentación teórica a sus dislates políticos. Acabo de ver el programa Grado 33 dedicado a caracterizar el totalitarismo como fenómeno político. Para ello entrevistan a directivos de una organización llamada “Observatorio Ana Ahrens”, escrito de esta manera, de acuerdo al cintillo que anunciaba la intervención de cada uno de los expertos. Creo yo que el nombre al que hacían referencia es al de la teórica política Hannah Arendt; pero, parece que ni Globovisión, ni el presentador, ni quienes montaron el programa, tienen la más remota idea de quién es la investigadora, autora del libro clave del asunto: Los orígenes del totalitarismo. Exculpamos de esto a los entrevistados, porque parece exagerado que no tengan siquiera idea de cómo se escribe el nombre que prestigia la organización de la que forman parte, -¿no sería mejor decir “el nombre que ellos ultrajan”?. Aunque si proyectaron la imagen de poder manipular sus conceptos y teorías -y hacer de ellas lo que les viniera en gana- en función de crear una supuesta plataforma conceptual que descalifique al proceso y gobierno bolivarianos.

El guión subyacente que siguió el programa televisivo es más o menos como sigue: El totalitarismo es el fenómeno político que caracteriza al fascismo y al comunismo soviético. Los rasgos del totalitarismo se reproducen en la sociedad venezolana de nuestros días. Al igual que en aquel, hay un líder carismático, hay una presencia y movilización de las masas, hay, según ellos, una disolución de las instituciones que son sustituidas por la voluntad del líder, hay, según ellos de nuevo, una supresión de la libertad de expresión y se encarcela y asesina a los opositores políticos. Hacen énfasis particular y morboso en su ilusión más preciada: La muerte del líder y la legitimación de su sucesor. Pero, a su vez, de manera contradictoria, hay también un terror animal a que el pensamiento y ejemplo de ese líder se haga carne en los miles y miles de venezolanos anónimos que profundizarían la revolución; avanzando en la liquidación del capitalismo, en la construcción del socialismo y dándole concreción a la hermandad entre los pueblos contra los centros imperialistas. Por supuesto, no deja de trasmitir este programa sus esperanzas y terrores disímiles. De esta manera, encuentran consuelo para sus fracasos: Las masas no están de nuestro lado porque están obnubiladas por el líder y, el proceso para liberarlas, es revelarles su situación de esclavitud.

En su afán propagandístico anticomunista, hacen iguales al nazismo y a la experiencia soviética señalando que la diferencia entre ellos se reduce a que uno perseguía judíos y el otro a opositores políticos. Olvidan que el nazismo no tiene parangón alguno; pues, niega la condición humana a los perseguidos, quienes no tienen posibilidad alguna de evadir la muerte: No hay manera de cambiar de raza. La experiencia soviética, con todos sus horrores y sus fracasos, incluso con la crueldad y la injusticia vergonzosas e indignantes, rescató de la miseria y el hambre a millones de campesinos depauperados e ignorantes, fue el gran muro de contención al nazismo y baluarte para la sobrevivencia de la humanidad. Sin la Unión Soviética, Hitler se hubiese apoderado del mundo. Más aún, sin su presencia en la Guerra Fría, el imperialismo norteamericano hubiese dispuesto del mundo a su antojo: Su capacidad para invadir pueblos, arrebatar sus recursos y someterlos a su voluntad no hubiese conocido límites. Se hubiese convertido en voluntad omnímoda, soberano absoluto, en fascismo.

En cuanto al Grado 33 de hoy, procurando disimular el descaro, la programación se desarrolló en dos fases: La primera, teórica, el programa al que me refiero. La segunda, concreta, un programa sobre los “presos políticos en Venezuela”. Aspiran, así, que la audiencia salga a la calle a combatir el “totalitarismo” gubernamental, comenzando por hacer ellos mismo de fascistas: Desconociendo las instituciones venezolanas y apuntalando el pensamiento único que los caracteriza.

En cuanto al desconocimiento de las instituciones, conocida es la campaña permanente que desde su pantalla impulsa Globovisión contra la Asamblea Nacional, el CNE, la Contraloría General de la República y, hasta contra el Tribunal Supremo de Justicia. Ahora, el Observatorio Hannah Arendt pone el hombro, aportando desde su página web, su propia “observación objetiva y crítica de la realidad venezolana”. Para muestra un botón: en su último documento sigue fielmente, matizado con un lenguaje y formalidades semi-académicas, la línea y la acción políticas trazadas por la oposición: Descalificando a la Asamblea Nacional por asumir el concepto de continuidad administrativa y al Tribunal Supremo de Justicia por interpretarla de acuerdo a la Constitución y las leyes, ejerciendo su función de máximo tribunal de la República; en lugar del “fundamentado” e “imparcial” criterio del Observatorio mencionado.

Las arendtianos invitados al programa dieron una pobrísima imagen de Hanna Arendt. Precisamente si un ejemplo claro legó tan insigne pensadora es su rechazo al maniqueísmo, su creatividad y profundidad en el análisis y, sobre todo, su inmensa capacidad para reconocer y comprender al otro. En contraste, estos señores generalizan con facilidad, simplifican fenómenos sociales complejos mediante caricaturas y, -esto sí es el acabose-, son absolutamente incapaces de comprender la participación democrática y protagónica de grandes masas de venezolanos que habían sido excluidos del bienestar, la cultura y la política a lo largo de gran parte de nuestra historia.

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Rafael Hernández Bolívar


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