Massimo Gaggi y la masacre di Piazza Fontana

El periodista Massimo Gaggi, corresponsal del Corriere della Sera en Nueva York, no había nacido el 12 de diciembre de 1969 cuando una bomba mató a 19 personas e hirió a 88 en la Banca Nazionale dell'Agricoltura en la Piazza Fontana de Milano. El atentado, atribuido desde el primer día a los anarquistas por el comisario Luigi Calabresi de la “Questura Política” de Milano, fue ejecutado por neofascistas dirigidos por los servicios secretos italianos utilizando explosivos aportados por la inteligencia naval estadounidense adscrita a una base Nato del norte de Italia.

La noche del 15 de diciembre, tres días después de la masacre de Piazza Fontana la policía milanesa asesina al ferroviario anarquista y pacifista Giuseppe Pinelli. Detenido a sabiendas de su inocencia, es lanzado desde un cuarto piso por Calabresi o sus hombres. Su cuerpo presentaba señales de haber sido salvajemente torturado. Calabresi, que habría estado involucrado en el asesinato por encargo del famoso bandido Giuliano, pasó a convertirse para la izquierda y los demócratas en general en el icono mismo del policía torturador y alineado con el fascismo rampante. En 1972 Calabresi fue ajusticiado a tiros por miembros de Lotta Continua, uno de los grupos de extrema izquierda más activos durante los llamados Años de Plomo.

DE CALABRESI A GAGGI

Con tantos años de diferencia ¿Dónde está la relación entre la masacre de Piazza Fontana, aquel comisario y este periodista?  Está en la infamia general que manchó para siempre al periodismo político italiano cuando a principios de los 70 el situacionista Gianfranco Sanguinetti publicó, con el pseudónimo Censor, su libro “Relatorio verídico sobre las últimas posibilidades de salvar al capitalismo en Italia”, haciéndose pasar por un miembro de la más rancia oligarquía que comentaba como cosa sabida, la responsabilidad del Estado italiano en el famoso atentado. Ni uno solo de los periodistas políticos de la época (de derecha o de izquierda) mostró alguna indignación ante tan gravísima afirmación… ocupados como estaban en alabar al misterioso y poderoso oligarca en quien veían a un futuro empleador…

“ET IN ARCADIA EGO”

“Et in Arcadia ego” se traduce literalmente por también yo en la Arcadia (estoy). Y cuando la Arcadia es New York y los colegas son los mismos que montan matrices como las armas de destrucción masiva en Irak, el genocidio (inexistente) de Gadafi y las “atrocidades” del gobierno sirio, nos topamos con la infamia particular y bien contemporánea de Massimo Gaggi quien, por inclinación, interés (o inclinación hacia el interés) se une la jauría que llama “dictadura” a Venezuela, el país que más elecciones ha celebrado en los últimos 10 años, y donde las elecciones han sido las más supervisadas por observadores internacionales en la historia de la democracia como sistema político. Claro, “et in Nueva York ego”, el cavaliere mínimo Massimo Gaggi comulga con la teoría del Department of State según la cual para ser demócrata no basta ser elegido democráticamente: hay que gobernar a gusto de Washington, como Pinochet o la monarquías saudita de quienes nadie nunca habló mal en New York.

MILAGRO

A mediados de los años noventa un cura, un tal Innocenti, empezó a promover la causa de la beatificación del asesino y torturador Luigi Calabresi quien, al parecer, era gran rezador. La iniciativa ha recibido todas las bendiciones vaticanas, al haber obtenido el "nihil obstat" concedido por el cardenal Camillo Ruini, presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, que además ha designado a Innocenti postulador oficial de la causa. Por cierto, la viuda de Calabresi, Gemma Capra, declaró sentirse "estupefacta" al saber de la propuesta de beatificación su difunto esposo.

El postulador Innocenti ha de probar que Calabresi murió como mártir de la fe cristiana, víctima de los “rojos” y también que mediante su "intercesión" se ha producido al menos un milagro…

Tengo para mí que el milagro de Calabresi se produjo: y es que un periodista tan insípido como Gaggi (léanlo en Google y lo confirmarán) sea corresponsal de cualquier cosa en cualquier lado y, además, calumnie a quien no le hizo daño y piense que su infamia quedará moralmente impune. Porque si pensamos en todos los horrores que una guerra puede traer sobre Venezuela y sobre la inmensa colonia italiana que aquí vive, entenderemos la relación existente entre la masacre de Piazza Fontana, el comisario Calabresi y Massimo Gaggi.

¿Absurdo? No tanto como beatificar a un asesino o escribir que Chávez es un dictador. 

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