De la editorial de los medios de comunicación y lo no dicho

"Soldados, vais a completar la obra más grande que el cielo ha podido encargar a los  
hombres, la de salvar al mundo entero de la esclavitud" 
Simón Bolívar

‎   Que tanta verdad hay en la frase del presidente del Ecuador, Rafael Correa, cuando afirmó en el Centro de Estudios para América Latina y el Caribe (Celac) 2011 que “…La libertad de expresión es la voluntad de los dueños de la imprenta…”. El lenguaje es manejado a convenir, la ley se aplica cuando conviene, y el código de ética es el chiste más burlado en los medios. 

 El periodista es un soldado que defiende intereses. Tiene la capacidad de decidir a quién defender: sí a la empresa o a los pueblos, lamentablemente existe un sistema de valores impuesto mediante teorías económicas, donde los objetivos humanos se reducen a conseguir cosas, y con eso se pretende llegar a la felicidad. Los objetivos son: comprar, adquirir, pertenecer a la jerarquía. Y en la búsqueda de esos objetivos específicos muchas personas traicionan y entregan a su madre, la patria.

     El campo de batalla es lo mediático, allí mueren y nacen soldados (periodistas) que luchan por la conquista de la psiquis de las personas. La industria cultural ha sido el comercio de las transnacionales para atribuir su verdad a los pueblos. Imponen música, videojuegos, editoriales, cine y bailes; saturan con mensajes con el único propósito de imponer la moda. Suprimen la idiosincrasia de los países “bárbaros” por la cultura refinada, es decir, la cultura que genera ganancias para los propietarios. El método para lograr esta empresa es la editorial, línea estratégica de conquista de la psiquis, de adeptos.

     La editorial es la línea por donde va atrincherado el discurso del periodista, sin importar más que imponer su verdad, la verdad del medio. Debe informar, educar o entretener para obtener beneficio. Los medios entendidos como producto, como marcha ciega a obtener riqueza, pretende y logra convertir todo en mercancía: cuerpos de mujeres, información, todo es una mercancía, todo es banalizado para venderlo. La editorial es la sombra del mercado, y a quien no compra lo esconde, lo mata. Nada se dice sin ser seleccionado, jerarquizado, e incluso manipulado hasta más no poder, para lograr el objetivo (meta del medio) por el cual se dice esa información. Las escuelas de periodismo se jactan de hablar de la ética, de la legislación de códigos deontológicos para un trabajo objetivo de la información a emitir, pero no se refieren a objetivo de honradez, sino a objetivo específico, a meta. Pero la buena intención del estudiante, como todo joven que quiere cambiar al mundo (y lo va a hacer) cree que la universidad se refiere (objetivos) a honestidad.

    Si la editorial no deja que el periodista, el trabajador diga lo que piensa, lo que siente, lo que analiza, entonces cómo pretende hablar de libertad de expresión si son ellos mismos (los medios) quienes lo coaccionan a más no poder.

     Un amigo me dijo, que cuando él entregaba su síntesis curricular a un medio de comunicación, es porque él compartía la línea editorial de ese medio; es decir, imagino yo, que cuando no comparta lo que ese medio emite tendrá que renunciar. Eso significa que no existe en los medios de comunicación libertad de expresión para sus trabajadores periodista, muchos menos para el resto del personal.

    La palabra más horrorosa que le pueden decir a un periodista, afirma una buena profesora de la universidad, es palangrista. Es como orinar delante de un santo en medio de la iglesia mientras todos se regocijan. La palabra se refiere a: venderse.

    Eso significa, que los medios que tengan editorial son palangrista, sobre todo si manipulan las informaciones hasta la asquerosidad, para beneficiarse, para el lucro más fascista, sus interese sobre el de los pueblos.   ¿Tenía armas de destrucción masiva Irak? Entonces, ¿Cómo pretender reclamar por la libertad de expresión quien la mata?, ¿libertad de expresión de quién y para qué, existe o ah existido realmente?. La libertad de expresión es apagar la tv. Hay que vernos en las plazas y notificarnos los hechos. El internet es lo más cercano de libertad de expresión, pero, hay empresas que venden y comprar palabras, hay mensajes que los gobiernos suprimen, y además, es un instrumento ideológico de la globalización, de la mano invisible.

    El aparato coercitivo ideológico del capitalismo es tal, que te encadena a su ideal de valores y, logra que el golpeado por la coacción de la moda defienda con tal vehemencia de ignorancia, que la lucha de clases ha pasado a ser luchas de pugnas dentro de las clases, más qué entre las clases. Pues un negro golpea a otro negro diciendo que es un negro ignorante porque exige sus derechos, al igual que un trabajador a otro trabajador.

     Los medios de comunicación crearon leyes, código de éticas, difunden libros y mensajes sobre la supuesta responsabilidad social y servicio público. Una noticia es del éxito de la cadena capitalista y otra es sobre los muertos del fin de semana, y después, se anuncia que tal artista de Hollywood es gay. Los hechos noticiosos son una mercancía. Es decir, los medios de comunicación les vale madre lo que necesites, lo que buscas, a ellos sólo les importa vender. Los medios entretienen mientras los submarinos bombardean al vecino país, mientras millones de trabajadores son explotados sin ser escuchados.

La doble moral. Los periodistas se rasgan las vestiduras por la inseguridad, al mismo tiempo que promocionan las nuevas cervezas, y su hipocresía es tanta que dicen que la venta de cervezas es por la libertad. Se quejan de la inseguridad al mismo tiempo que la difunden y la impulsan. El capitalismo mercantilizó todo. Y nacieron nuevos oficios: el sicariato, el modelaje, la venta de noticias, el matrimonio como negocio, la mentira, el embarazo como negocio. La televisión es un objeto que nos convierte en objetos, y todos los objetos  se compran y se venden.

          Jairo Prieto. 

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NOTA: Hace años un ministro cubano me preguntó de forma discreta y confidencial, cómo debía hacer su gobierno para que el diario El País informara con veracidad de la realidad cubana. Yo le dije que eso era muy sencillo de conseguir. Bastaba con que privatizaran su servicio telefónico y se lo dieran a Telefónica, su sistema eléctrico a Endesa o Iberdrola, la gestión de sus pensiones, sus servicios de seguros y financieros al BBVA o al Banco de Santander, los libros de texto de sus colegios de Santillana y los de Alfaguara sin coste alguna en la importación y facilidades para la distribución. En esa línea, y verán qué amables comenzarían a ser las informaciones y editoriales del diario El País. Esa política es la que tenía Argentina en el año 2000. Sufrió una crisis formidable que dejó a los ciudadanos en la indigencia, pero El País nunca criticó las políticas de aquellos gobiernos. Parece que ha sido Ollanta Humala quien escuchó mis irónicas recomendaciones.
Autor: Pascual Serrano

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