La comunicación alternativa como espacio vital de las comunidades

      El fenómeno de la comunicación social como hecho humano, evoca un sinfín de imágenes convencionales, y, generalmente, estas vienen representadas por medios de difusión astutamente manejados por poderosos consorcios económicos internacionales, que incluyen casas editoriales, diarios y revistas, canales de televisión, emisoras radiales, espacios cibernéticos, y otros.

      Este sistema de transmisión vertical trae consigo todo el poderío mediático que busca propagar y profundizar un modo de vida supuestamente “moderno”; “fashion”; “cool”; el cual, a fuerza de “entretenimiento” y más “entretenimiento” vacio, y en incontables ocasiones decadente; apenas da tiempo a los usuarios y usuarias de los medios a establecer un diálogo crítico que introduzca elementos a la conciencia colectiva. A esta arremetida comunicacional se le ha denominado Industria Cultural (IC).

      El concepto de IC fue considerado por primera vez por Walter Benjamin, quien argüía que las obras de arte perdían valor e importancia debido a la reproducción industrial de las que eran objeto. Los teóricos de la Escuela de Frankfurt adoptan el término a partir del análisis de los medios de comunicación. Adorno no consideraba a los medios como expresión de cultura y sí como productos de la IC para incentivar la no-reflexión sobre los contenidos planteados y utilizados para manipular a las personas. 

¿Quién nos defiende?

      Nosotros mismos. Nadie más. Ante un despliegue inhumano y bestial a través de mecanismos de persuasión, que busca separar cada vez más a las comunidades de su propia cultura, deben estas de forma organizada luchar con las armas democráticas: La Constitución y las leyes.

      Para Armand Mattelart, la comunicación alternativa surge como un modelo de intervención ante esa problemática social, que estimule y genere la conciencia crítica; conciencia esta que deben asumir las comunidades para contrarrestar la influencia de los medios masivos.

     Manifiesta Mattelart que “lo que hacen las radios comunitarias, las redes de comunicación en la web y otras experiencias alternativas, es brindar un verdadero servicio público a la sociedad”.  “Es necesaria la toma de conciencia sobre el papel de los medios de comunicación y observarlos con un juicio crítico”. “La sociedad debe reflexionar sobre el nexo entre los medios y la gente”, sostiene Mattelart. 

      Es oportuno acercarse a una conceptualización de “alternativa”. Esta calificación significa “lo otro” o “lo distinto”.  Este modelo viene dado de forma horizontal y ofrece espacios para las sanas prácticas comunitarias en materia comunicacional.

     Estos mensajes deben estar dirigidos a elevar los estándares de vida; lograr que las comunidades tengan voz para la denuncia y para las soluciones de sus problemas. También fomentar las relaciones sociales así como dar continuidad a las tradiciones y a la cultura popular.

     Deben verse reflejados todos los temas y grupos sociales, para sustentar el carácter democrático de la comunicación. Podría citarse el ejemplo de la comunidad homosexual y sus derechos, escasamente tratado en los medios masivos y que toca a un importante sector de la población; la violencia doméstica, a pesar de los esfuerzos por controlarla; las nuevas tribus urbanas y sus estilos de vida; el problema ambiental, entre otros que surgen con la misma dinámica social.

     Con mucha preocupación se observa en los medios masivos la inexistencia de programas o reportajes de salud que traten sobre el flagelo del Sida, por ejemplo. Es preocupante porque, por un lado, los medios erotizan a la sociedad con mensajes subliminales y por otro la abandonan a las consecuencias de esas emisiones. La familia y la escuela deben intervenir sin pérdida de tiempo.

Los involucrados

     Es importante resaltar que estos productos comunicativos deben ser el resultado de la participación de todos en las decisiones sobre los diferentes tópicos a tratar, su importancia, pertinencia y en la elaboración de la programación del medio de prensa, así como el estilo a desarrollar, el cual debe diferenciarse de los modelos impuestos por los grupos hegemónicos.

     Mario Kaplún sostiene que la comunicación social es democrática, cuando está basada en el diálogo, la horizontalidad, la bidireccionalidad y está al servicio de las mayorías. Contrario a la comunicación dominadora o tradicional, que es vertical, unidireccionalidad, monopólica y al servicio de minorías poderosas. Sebastián Hacher dice que el poder de los medios alternativos reside en llegar a donde los medios tradicionales no llegan: La realidad.  

Diversidad de formatos

     Para la implementación de esta “otra comunicación” existen diversidad de soportes que van desde el cine militante, graffiti, radios comunitarias, canciones, panfletos, murales, videos populares, megáfonos, representaciones teatrales, y otros.

     El encargado de Medios Alternativos y Comunitarios del Ministerio del Poder Popular para las Comunicaciones, Rukelman Soto, a propósito del evento sobre Comunicación Comunitaria llevado a cabo recientemente en el estado Yaracuy, dijo: “Se hizo énfasis en la necesidad de los noticieros de barrio, comunitarios, populares; énfasis en la necesidad de producir nuevos contenidos, ya sea a través de micros y, sobre todo, de intercambiarlos”, puntualizó el funcionario.

     La comunicación alternativa se yergue como un poderoso bastión a favor de las sociedades contemporáneas, tantas veces manipuladas por mensajes-órdenes sin que estas lleguen a percatarse del verdadero propósito: que las personas respondan positivamente a un proceso de marketing sutilmente elaborado, creando necesidades donde no existen y hacerles sentir que son sus decisiones personales.

     Entonces, ¿Te animas a agregar elementos a la conciencia colectiva? 

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