La vida sin Dios: ateos en la Rusia postsoviética

Catedral de Cristo Salvador de Moscú

Catedral de Cristo Salvador de Moscú

Credito: Ria Novosti

30/06/12.-Un autobús lleno de gente con inscripciones en ruso “¿No crees en Dios? No estás solo” circula por las calles de Moscú. Es un autobús virtual en el sitio web de la comunidad de ateos de habla rusa Atheists.org.ru.

Se trata de la campaña internacional “autobús ateo” que se lleva a cabo en Rusia, pero que  fue ideada por Gran Bretaña en 2009 en respuesta a una campaña similar que promovía la fé cristiana.

Todos los intentos de hacer circular un autobús real en Rusia fracasaron, dijo Artem Zhuravski, presidente de la Fundación Sensatez, que promueve el ateísmo y secularismo.

“Queríamos colocar en las calles tableros de publicidad con las inscripciones: “Dios no existe” en respuesta a la propaganda religiosa que tuvo lugar en Rusia en 2009. Pero fue imposible”, dijo Zhuravski. “Esto nos incentivó a crear nuestra fundación”, agregó.

Desgraciadamente, hay una información insuficiente sobre los ateos en el espacio público, aunque un 13% de la población rusa no cree en Dios, unos 18 millones de personas, según los resultados de los últimos sondeos de opinión.

Los representantes de las organizaciones ateas vinculan la ausencia de la respectiva información en los medios informativos de Rusia con una fuerte influencia de la Iglesia Ortodoxa Rusa, una de las mayores instituciones nacionales, cuyos jerarcas hacen todo lo posible para convertir su doctrina en la ideología dominante en el país en sustitución del ateísmo, que era la ideología dominante durante la época soviética.

“Es peligroso ser ateo hoy en día. He oído sobre casos de policías o militares que no creían en Dios y fueron destituidos de sus cargos por ex líderes del Partido Comunista de la URSS”, dijo un ateo convencido, Alexander Nevzórov.

Pero los expertos en religión explican esto por el hecho que la fe ortodoxa se ha convertido en un elemento principal de la identidad nacional de la Rusia postsoviética.

“Algo debe unir a los ciudadanos y a la sociedad en una nación”, dijo Serguei Filátov, experto en religión del Instituto de Estudios Orientales de la Academia de Ciencias de Rusia. “A excepción de la victoria en la Segunda Guerra Mundial y la fe ortodoxa, no hay otras grandes ideas que gocen de apoyo de todo el pueblo ruso”, agregó.

Sin embargo, los ateos representan una gran parte de la sociedad rusa y la creciente influencia de la Iglesia Ortodoxa Rusa sobre la vida política y social provoca una reacción negativa de los ciudadanos, lo que aumenta el número de los adeptos al ateísmo que promueven sus ideas en público con más frecuencia. Así lo afirman los expertos y representantes de la comunidad atea.

“Nos hemos demorado un poco en desplegar nuestras fuerzas para la lucha, como la Unión Soviética en 1941”, dijo Zhuravski. “Necesitamos uno o dos años más”, agregó.

La gente invisible

Según Zhuravski, en Rusia existen al menos doce organizaciones que defienden los derechos de ateos, como la Fundación “Sensatez”, integrada en la Alianza internacional de ateos.

Zhuravski no mencionó el número de miembros de su organización, solo que su actividad solo está orientada a la capital rusa y a la región de Moscú. La página de Facebook de la fundación obtuvo 800 valoraciones positivas.

El público general no sabe nada sobre la mayoría de las organizaciones ateas. Su representante más conocido es Alexander Nevzórov, un famoso periodista controvertido de la época de la Perestroika que dejó de ser presentador de programas de televisión en 1999. Los portavoces de la Iglesia Ortodoxa Rusa, como el jefe del departamento de Vínculos con la Sociedad del Patriarcado de Moscú, el arcipreste Vsévolod Chaplin, y el jefe del departamento de información del Patriarcado de Moscú, Vladímir Legoida, comparecen semanalmente ante los medios de información.

Este desequilibrio entre el porcentaje de la población involucrada y su respectiva representación parece extraño, teniendo en cuenta que, según un sondeo de opinión realizado por la encuestadora Sreda en la primavera de 2011, un 13% de la población rusa no cree en Dios.

Un 5% más de los 1.500 encuestados se mostraron indecisos en expresar su postura, por lo que es posible que pertenezcan a la categoría de agnósticos, según el sondeo con un margen de error no superior al 3,6%.

El sondeo reveló que la cuota de adeptos de la Iglesia Ortodoxa Rusa asciende a un 42%, mientras que la parte restante de los encuestados se dividió en los seguidores de otras religiones tradicionales y los que creen en un ser divino sin pertenecer a una confesión religiosa.

“Hoy en día el ateísmo es invisible, como lo fue la fe ortodoxa en la época de la URSS”, dice Serguei Filátov.

Un péndulo va y viene

Cuando Alexandr Voznitsin, oficial de la Armada rusa, pasó de la fe ortodoxa al judaísmo en 1738, el Senado le condenó a la muerte en la hoguera junto con el judío que le convirtió en su fe.

El cristianismo fue la religión dominante en Rusia durante casi un milenio, la legislación penal protegía su estatus en la época zarista, cuando la apostasía fue considerada como felonía y el ateísmo fue prohibido.

Pero cuando se instaló un nuevo orden en Rusia tras la revolución bolchevique de octubre de 1917, la Iglesia perdió el poder. “Campesinos pobres y trabajadores derribaron las cruces de las iglesias en la década de los veinte”, cuenta Serguei Soloviov, redactor jefe de la revista rusa Squepsis (Escepticismo) que promueve las ideas de anticlericalismo.

Según varios historiadores, la Iglesia en Rusia se asociaba con el imperio zarista, que fue obsoleto y retrógrado, incompatible con el progreso social. Los bolcheviques, para los que la religión fue un enemigo ideológico, hicieron todo lo posible para instigar la clerofobia mediante las promesas de construir una sociedad nueva y mejor y el recrudecimiento de las represiones del clero.

Esto dio lugar al desarrollo del llamado ateísmo militante. Aunque los oficios religiosos no estaban prohibidos en la Rusia soviética en los años veinte y treinta, a los creyentes se los trataba como parias tanto por la sociedad como por el Estado, que tenía a su disposición una de las máquinas de represión más feroces en el mundo, que se utilizaba contra los clérigos y sus seguidores, miles de los que fueron condenados a la cárcel o ejecutados.

La Segunda Guerra Mundial cambió la situación. En 1943, mientras continuaban los combates encarnizados entre las tropas nazis y el Ejército Rojo, los alemanes abrieron miles de Iglesias en los territorios ocupados para asegurarse el apoyo de la población. El líder soviético, Iósif Stalin, dio permiso para reabrir las iglesias, lo que puso fin a las represiones masivas del clero.

Otro cambio tuvo lugar durante el gobierno de Nikita Jruschov, a finales de los cincuenta y principios de los sesenta. A las iglesias que lograron sobrevivir la catástrofe les permitieron continuar celebrando oficios religiosos bajo un control estricto del Gobierno soviético, aunque una abierta manifestación de los sentimientos religiosos podía costar el cargo, como cualquier forma de disidencia.

Inesperadamente, la religión empezó a asociarse con la protesta contra la máquina burocrática opresiva de la URSS. Estaba de moda entre los intelectuales soviéticos tener iconos ortodoxos en casa. Varios disidentes, como por ejemplo Gleb Yakunin, se hicieron clérigos.

La siguiente etapa tuvo lugar durante la Perestroika. Cuando en 1988 el Estado soviético promovió activamente la celebración del 1.000 aniversario de la cristianización de Rusia se puso en evidencia que se habían producido nuevos cambios y el péndulo volvió a inclinarse hacia los adeptos de la religión.

Según los resultados de un estudio de los sentimientos religiosos de los rusos publicado en 2007 por Kimmo Kaariainen, de la Universidad de Helsinki, y Dmitri Furman, del Instituto de Europa de la Academia de Ciencias de Rusia, en 1991 un 24% de los ciudadanos rusos se identificaba como creyentes. En 2005, esta cifra ascendió a un 53%, mientras que un 24% señalaron que no están seguros en sus sentimientos.

Corporación Iglesia

Hay un antiguo edificio en el norte de Moscú donde fue ubicado un hospicio en la época zarista, se abrió un hospital público en la época soviética, y hoy en día, lo alquilan empresas comerciales, incluida una clínica de cirugía plástica.

En 2002, la Iglesia logró restablecer sus derechos de propiedad para este edificio, que le fue confiscado ilegalmente después de la revolución bolchevique de 1917, dijo Serguei Soloviov.

El clericalismo rastrero es uno de los principales objetos de crítica de los ateos rusos, que consideran que el Estado trata de asegurarse un apoyo ideológico de la Iglesia y le dona recursos financieros y derechos de propiedad, lo que convence a muchos clérigos a los que les interesan más las riquezas terrenales que la salvación del alma.

“La Iglesia Ortodoxa Rusa forma parte del aparato ideológico de Estado”, dice Soloviov. “No hay nada sorprendente en que a las autoridades rusas no les gusten las críticas vertidas contra la Iglesia”, agregó.

Durante los últimos años, la alianza entre la Iglesia y el Estado se convirtió en un tema candente. Tanto el presidente de Rusia, Vladímir Putin, como el primer ministro del país, Dmitri Medvédev, manifiestan en público su religiosidad asistiendo a oficios religiosos importantes y apareciendo ante las cámaras. Es difícil encontrar a un ateo en la arena política de Rusia: ni siquiera lo es el líder del Partido Comunista de la Federación Rusa, Guennadi Ziuganov.

Los ateos se quejan también de la introducción del cargo de capellán en el Ejército a cuenta de los contribuyentes rusos, del programa de construcción de 200 (anteriormente 600) iglesias en los suburbios de Moscú, así como de la nueva iniciativa del Gobierno ruso de introducir la educación religiosa en las escuelas, aunque esta asignatura no será obligatoria.

En 2010, el Kremlin dio el visto bueno a la realización de un programa que obligó al Gobierno a devolver a varias confesiones los bienes inmuebles de propiedad estatal confiscados por los bolcheviques, pese que en los edificios correspondientes se ubicaban organizaciones laicas, incluidos hospitales o museos, como por ejemplo en caso del edificio mencionado en el norte de Moscú. La propiedad privada no fue incluida en este programa.

Hoy en día la Iglesia es una de las organizaciones no gubernamentales más ricas, que dispone de activos en varios sectores: bienes inmuebles, bancos, fábricas, editoriales o empresas funerarias cuyo volumen en 2011 se estimó aproximadamente en 1.000 millones de dólares, según los datos de la revista digital Openspace.ru.

La actividad empresarial de la propia Iglesia no es muy transparente. Aunque la Iglesia rechaza categóricamente todas las acusaciones de su participación en operaciones financieras, raramente presenta una información fiable sobre su actividad económica.

La benevolencia del Kremlin hacia la Iglesia no queda sin respuesta. Durante las elecciones presidenciales celebradas en Rusia en marzo pasado el Patriarca Cirilo, máximo jerarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa, apoyó a la candidatura de Vladímir Putin y pidió a los creyentes que no participaran en las manifestaciones de protesta que se celebraron en Moscú.

Los ateos también se quejan de la imposibilidad de manifestar su postura en los medios de información. “En los medios de información federales estaba prohibido criticar a la Iglesia hasta hace poco”, dijo Soloviov. “No estaban interesados o temían de que se les acusara de ofender los sentimientos religiosos de los creyentes”, agregó.

Nevzórov dijo que varios ateos habían perdido su trabajo debido a sus convicciones, pero se negó a citar ejemplos concretos para no causar más daño a las supuestas víctimas.

Digan lo que digan los ateos, la situación en este ámbito es ambigua. Nevzórov dijo en una entrevista a la edición rusa de la revista Rolling Stone que un grupo que hace de lobby en el Kremlin interesado en promover el secularismo por causas ideológicas le había propuesto encabezar un movimiento ateo.

No mencionó nombres, limitándose a decir que hoy en día en este grupo ejercen presión sus opositores, que consideran la religión como una herramienta eficaz de control sobre la sociedad. Pero el equilibrio de las fuerzas puede cambiar en un futuro.

En la Rusia soviética Dios no creía en ti

“Los ateos convincentes son tan raros que creo que sería necesario incluirles en la lista de especies amenazadas”, dice el diácono Andrei Kuraev, una figura popular de la Iglesia Ortodoxa Rusa.

“Al mismo tiempo, el ateísmo no implica obligatoriamente la lucha contra Dios. Siento respecto a varias formas del ateísmo, por ejemplo de Sartre o Camus,” dice Kuraev, un famoso predicador cristiano que obtuvo su primer grado científico en materia de “ateísmo científico”.

Kuraev no está de acuerdo con las declaraciones de los ateos sobre su persecución. Según él, no es más que un intento de centrar la atención del público. “El ateísmo no goza de apoyo del Estado o los medios de información, pero tampoco lo tiene la Iglesia”, señaló Kuraev.

Sus declaraciones coinciden con la opinión del experto en religión Román Lunquin, quién por su lado reconoció que existen varios problemas: “No se aplica una censura directa contra los ateos, pero podemos hacer constar una cierta presión ideológica, especialmente por parte de los canales federales de televisión,” dijo Lunquin, colaborador del Instituto de Europa de la Academia de Ciencias de Rusia.

“La television federal convierte la fe ortodoxa en un símbolo sagrado”, afirma el experto. Pero según Kuraev, los ateos no están representados en los medios de información por otra causa.

“Varios temas pierden su importancia con el paso del tiempo”, dice Kuraev. “Hoy en día, no está de moda entrar en polémica con los ateos. Esta gente solo sabe criticar”, agrega. Kuraev reconoce que en la época actual la Iglesia tiene muchos problemas. Pero según él los creyentes pueden descubrirlos y luchar activamente con estos. “Yo también puedo criticar la Iglesia dentro de la que estoy y veo muchos más problemas que todos los que están fuera”, afirmó Kuraev sin continuar comentando el tema.

En espera de una reacción negativa

El pasado 21 de febrero, los parroquianos y visitantes de la Catedral de Cristo el Salvador de Moscú pudieron observar un espectáculo que ni se les hubiera ocurrido que podría tener lugar en uno de los templos más importantes de Rusia. Cinco mujeres en vestidos ajustados y máscaras interpretaron ante el altar principal de la catedral, lugar vedado para todos excepto sacerdotes, una canción, la llamada “oración punk”, pidiendo a la Virgen María que eche del poder a Vladímir Putin.

Los guardias quedaron estupefactos y no lograron detener a las feministas, que abandonaron el altar 41 segundos después, como detalló posteriormente la Policía. Tres de estas cantantes están hoy en prisión provisional esperando un juicio que puede condenarles a una pena carcelaria de hasta siete años.

Este fue el primero en la serie de escándalos suscitados en torno a la Iglesia durante el año en curso, que perjudicaron su reputación al menos entre la población urbana educada. En el caso de las activistas del grupo Pussy Riot, que presentaron la canción de contenido sacrílego en la Catedral de Cristo el Salvador, la propia acción de protesta provocó una reacción menos negativa que la posterior reacción de la Iglesia, que manifestó su apoyo a la pena carcelaria de las feministas. Muchos críticos consideraron que esta reacción era demasiado dura, casi represiva.

En marzo, los medios de información informaron sobre una familiar del Patriarca Cirilo que vivía en su apartamento de lujo en un edificio situado en el centro de Moscú cerca del Kremlin, y que se querelló por daños y perjuicios contra el vecino de la planta de abajo, el ex ministro de Sanidad Yuri Shevchenko, que posteriormente se convirtió en clérigo.

La historia sobre el máximo jerarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa, que posee un apartamento de lujo, así como la presentación de la demanda judicial bajo un pretexto cuestionable suscitó una aguda polémica en medios de información e Internet.

La reputación de Cirilo resultó manchada también por la historia del reloj de lujo que fue borrado de la muñeca del Patriarca en una foto oficial publicada en el sitio web del Patriarcado de Moscú de una manera tan ruda que salió a la luz pública.

La mayoría de los expertos afirman que los mencionados escándalos son en realidad una reacción de las capas acomodadas de la población urbana de corte liberal al crecimiento de la presencia de la Iglesia en la vida social y a su apoyo por parte del Gobierno ruso.

Antes de las elecciones incluso los que no creen en Dios reconocían la autoridad moral de la Iglesia, que estuvo por encima de las intrigas políticas. Pero, según Lunquin, el hecho de que la Iglesia manifestase su apoyo a Putin la privó de la imagen de infalibilidad a los ojos de los ciudadanos opositores.

Según el sondeo de opinión pública realizado por la asociación GfK Verein, en 2011 la Iglesia fue la institución más fiable en Rusia. Gozaba de la confianza de un 60% de la población, adelantando al Ejército, con un 58%, y el Gobierno, con un 46%.

Pero entre un 30% y un 38% de los que participaron en las manifestaciones de protesta multitudinarias que se celebraron en Moscú en febrero y marzo pasado eran ateos, según los datos de la encuestadora Sreda.

El número de opositores que se asocian con la Iglesia Ortodoxa Rusa se redujo durante el mismo período del 28% al 19%, después de que el Patriarca Cirilo exhortara a los ciudadanos a no participar en las acciones de protesta, según reveló un sondeo de opinión realizado por Sreda.

Según Lunquin, los sentimientos negativos hacia la Iglesia que experimentó una parte de la población rusa debido a su imagen dañada y su lealtad al Kremlin deberían reflejarse en los sondeos de opinión que se realizarán en el futuro.

¡No pasarán!

Según el experto Serguei Filátov, el ateísmo nunca fue inherente a la sociedad rusa, sino que fue impuesto por la ideología del marxismo-leninismo.

Tampoco lo fue la fe ortodoxa, que a su vez fue impuesta por los dirigentes del país y se mantuvo con unas leyes draconianas, afirma el defensor del ateísmo, Alexandr Nevzórov.

“Es la tragedia de Rusia, donde la gente no gozó de la libertad de conciencia durante casi mil años”, dijo Nevzórov.

Mientras que la Iglesia siga ejerciendo presión ideológica sobre la sociedad, la crítica se agudizará y cada vez más personas elegirán el ateísmo como la alternativa principal a la religión, dijo Lunquin, quién colabora con la encuestadora Sreda.

“'La Iglesia' cree que mantendrá su estatus para siempre”, dijo Soloviov, de la revista Escepticismo. “Al imponer su ideología, vuelve a cometer los mismos errores. La gente sentirá cada vez más disgusto y comenzará nueva etapa [de destrucción], como en la época de la revolución”, agregó.

Pero varios expertos pronostican una salida más moderada. “Actualmente en Italia hay dos ideologías principales, el catolicismo y el ateísmo, que coexisten pacíficamente”, señaló Filátov.

Para conseguirlo, Rusia debería aproximarse a Europa y aceptar el secularismo de manera voluntaria, sin imponerlo el Gobierno como en la época soviética, agregó el experto. “Cuando nuestro pasado reciente, digamos, unos veinte años, tenga muchos rasgos comunes con el europeo, la conciencia secular podrá coexistir con la religiosa”, dijo Filátov.

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