Evolución histórica de la división del trabajo y las formas de propiedad

Abordar el problema de la evolución histórica precapitalista que aquí intentamos, no sólo muestra a Carlos Marx en su faceta más brillante y profunda. Es además en muchos sentidos, su intento más sistemático de abordar el problema de la evolución histórica y el complemento indispensable de su magnífico “Prólogo a la Crítica de la economía política”, que muestra al materialismo histórico en su aspecto más fértil.

Marx intenta descubrir en el análisis de la evolución social las características de toda dialéctica. Además, trata de formular el contenido de la historia en su aspecto más general. Este contenido es el progreso. Para Marx el progreso es algo objetivamente definible.

La fuerza de la concepción marxista en el triunfo del libre desarrollo de todos los hombres depende no del vigor de la esperanza de Marx respecto de éste, sino en la supuesta justeza del análisis según el cual el desarrollo histórico conduce a la humanidad, en efecto, a esa, meta.

Por otra parte, la base objetiva del humanismo de Marx, de su teoría de la evolución social y económica, es su análisis del hombre como un animal social. Los hombres trabajan, esto es, crean y reproducen su existencia en la práctica cotidiana, respirando, buscando alimento, abrigo, amor, etc. Lo hacen operando en la naturaleza, tomando de ella lo necesario y transformándola para tal fin. Esta interacción entre el hombre y la naturaleza es y produce, la evolución social.

La teoría general del materialismo histórico propone que hay una sucesión de modos de producción, no necesariamente de cualquier modo en particular. Observando el material histórico existente para la epoca de Marx, distinguió un cierto número de formaciones económicos-sociales y en cierta sucesión. Cabe señalar, que las observaciones de Marx y Engels sobre las formaciones socio-económicas precapitalistas se basan en un estudio mucho menos completo que la descripción y el análisis del capitalismo realizado por Marx.

Carlos Marx concentró sus energías en el estudio del capitalismo, y se ocupó del resto de la historia con diversos grados de detalle, pero principalmente en aquellos que se vinculaban con los orígenes y el desarrollo del capitalismo. Tanto él como Engels eran, en lo que se refiere a la historia, estudiosos particularmente ilustrados, y su genialidad y su teoría les permitió utilizar sus lecturas de un modo inconmensurablemente superior al de cualquiera de sus contemporáneos.

El hombre, siendo un animal social, desarrolla la cooperación y la división del trabajo –es decir, la especialización de funciones- lo cual no sólo es posible por la producción de un excedente por sobre lo necesario para mantener al individuo y a la comunidad de la que forma parte, sino que además incrementa las posibilidades de obtenerlo de nuevo.

Según Carlos Marx y Federico Engels, los estadios diferentes en la división social del trabajo corresponden a diferentes formas de propiedad. La primera de éstas fue comunal y correspondía a la fase inicial de la producción en la que un pueblo se alimentaba de la caza y de la pesca, de la ganadería o, a la sumo, de la agricultura. En este estadio, la estructura social se basa en el desarrollo y modificación del grupo de parentesco (la familia) tiende a desarrollar en su interior no sólo la distinción entre los jefes y el resto sino también la esclavitud, que se desarrolla con el incremento de la población y de las necesidades, y el desenvolvimiento de las relaciones externas, ya sean de guerra o de trueque. El embrión de la esclavitud surgió en la familia, y que luego se transformaría como modo de producción, dando origen a la sociedad esclavista.

El primer progreso importante de la división social del trabajo consiste en la separación del trabajo industrial manufacturero y comercial del agrícola y conduce por lo tanto a la distinción y oposición entre ciudad y campo. Esto, a su vez, lleva a la segunda fase histórica de las relaciones de propiedad, la propiedad comunal y estatal de la Antigüedad. Marx y Engels ven sus orígenes en la formación de ciudades por la unión (por acuerdo o conquista) de grupos tribales, al mismo tiempo que continuaba subsistiendo la esclavitud.

La propiedad comunal urbana –incluyendo la de los ciudadanos sobre los esclavos urbanos- es la forma más importante de propiedad, pero junto a ella surge la propiedad privada, aunque al comienzo subordinada a la comunal. Con el surgimiento, primero de la propiedad mueble y, especialmente de la inmueble, decae este orden social, así como la condición de los ciudadanos libres, cuya situación vis-á-vis (frente a frente) la de los esclavos se basaba en su posición colectiva de miembros primitivos de la tribu.

A esta altura, la división social del trabajo es ya bastante compleja. No sólo existe la división entre ciudad y campo y, con el tiempo, aun entre estados representativos de intereses urbanos y agrarios, sino también dentro de la ciudad, la división entre industria y comercio de ultramar, y por supuesto, la de hombres libres y esclavos.

La tercera forma histórica de propiedad, la feudal o por estamentos. El feudalismo aparece como una evolución alternativa del comunismo primitivo en condiciones de ausencia de desarrollo urbano, debido a la baja densidad de población en una extensa región. El punto de partida de la organización social no es la ciudad, sino el campo. Una vez más, su base es la propiedad comunal –que en realidad, convierten a los señores feudales como grupo, apoyados por la organización militar de las tribus. Pero la clase explotada, en oposición a la cual la nobleza feudal organizó su jerarquía y reunió a sus criados armados, no era de esclavos sino de siervos.

Al mismo tiempo, se producía una división paralela en las ciudades. Aquí, la forma básica de propiedad era el trabajo privado, pero diversos factores –las necesidades de defensa, de competencia y la organización feudal agraria circundante- dieron como resultado una organización social análoga: los gremios de maestros artesanos o mercaderes, que con el tiempo se enfrentaron a los oficiales y aprendices. Tanto la propiedad terrateniente labrada por el trabajo por el servil como el trabajo artesanal en pequeña escala con aprendices y oficiales, son descritos en esta etapa como la principal forma de propiedad bajo el feudalismo.

La división del trabajo se hallaba relativamente poco desarrollado, pero se expresaba en lo fundamental en la rígida separación de diversos rangos: príncipes, nobles, clero, y campesinos en el campo; maestros, oficiales, aprendices y, eventualmente, una plebe de jornaleros en la ciudad.

Este sistema, territorialmente extenso, requería unidades políticas relativamente grandes, en interés tanto de la nobleza terrateniente como de las ciudades: las monarquías feudales, que por ello se tornan universales.

De cualquier modo, la transición del feudalismo al capitalismo es un producto de la evolución feudal. Comienza en las ciudades, puesto que la separación entre campo y ciudad es el elemento fundamental y, desde el nacimiento de la civilización hasta el siglo XIX, constante de la división social del trabajo y su expresión.

En el interior de las ciudades, que una vez más surgieron en la Edad Media, se desarrolló una división del trabajo entre la producción y el comercio, allí donde no era ya una supervivencia de la Antigüedad. Esto proporcionó la base del comercio a gran distancia y una división consiguiente del trabajo (especialización de la producción) entre las diferentes ciudades.

La primera consecuencia de la división del trabajo entre ciudades es el surgimiento de fabricantes independientes de los gremios, apoyados -como los centros pioneros de Italia y Flandes- en el comercio exterior, o –como los de Inglaterra y Francia- en el mercado interno. Los tejidos, debido a que dependía del uso de maquinaría, aunque fuera rudimentaría, probó ser la más importante de estas ocupaciones manufactureras.

El crecimiento de las manufacturas, a su vez, proporcionó medios de escape para los campesinos feudales, que hasta entonces, huían a las ciudades pero eran cada vez más rechazados de ellas por el exclusivismo de los gremios. La fuente de esta fuerza de trabajo era, en parte, los antiguos criados y ejércitos feudales, en parte la población desplazada por las mejoras agrícolas y la sustitución de tierras de labor por pasturas.

Con el ascenso de las manufacturas, las naciones comenzaron a competir como tales, y surge el mercantilismo, con sus guerras comerciales, tarifas y protecciones. En el nivel nacional se desarrolla dentro de las manufacturas la relación entre capitalista y trabajador. La vasta expansión del comercio, como resultado de la conquista de América y la apertura marítima a la India, y la apropiación de metales de las tierras conquistadas y colonizadas, afectaron la posición de propiedad terrateniente feudal y la de los labriegos.

La consecuente modificación en las relaciones de clase, la conquista, la colonización y, sobre todo, la expansión de los mercados hacia el mercado mundial abrieron una nueva fase en el desarrollo histórico.

Finalmente, la disolución de la servidumbre y el surgimiento de las manufacturas convierte gradualmente a todas las ramas de la producción en capitalistas, mientras que en las ciudades una clase de jornaleros al margen de las corporaciones proporciona un componente en la creación de un proletariado propiamente dicho.

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