El 4 de febrero del año en curso publicaba el Washington Post en una página entera, la A5, un aviso de la Peter G. Peterson Foundation, una entidad muy conocida y respetada, que afirmaba: “Esta crisis económica es sólo la punta del iceberg”. Anotaba luego en grandes letras rojas la deuda total de USA para ese día: “$56 trillones”.
Explicaba de inmediato: “Debemos atender una amenaza mucho mayor y menos visible: los $56 trillones en obligaciones sobre pensiones y servicios de salud ($483.000 por cada hogar en USA) y nuestra peligrosa dependencia de acreedores extranjeros…”
¿Deudas que obligan a CADA hogar de USA a pagar medio millón de dólares? ¿Cuál es el significado de esta información?
El principal: que USA maneja cifras de proporciones tales que escapan ya de la realidad y se pierden en el mito infinito de los ceros: nadie es capaz de concebir y menos imaginar un trillón de dólares. Nadie ha “visto” un trillón ni nadie puede “explicar” semejante monto enorme. Cifras de esa magnitud alcanzan el extremo en que pueden considerarse una fantasía, otro cuento de hadas hecho de nubes ficticias, falsedades y absurdos descomunales.
Quienes usan esas cifras olvidan que no existe una definición aceptada universalmente de un trillón ni de un billón.
Pidamos auxilio al respetado diccionario español digital VOX en un fallido intento de “aclarar” este absurdo. Nos dice que un billón es “un millón de millones”, pero agrega de inmediato que “En Norteamérica, es un millar de millones.”
VOX define “millar” como “conjunto de mil unidades”, pero agrega que es también un “número grande indeterminado: ‘los compré a millares’”, y compone la situación agregando que es también el “signo us. para indicar que son millares los guarismos colocados delante de él”. No es lo mismo 100 que us.100, como sabe todo el mundo.
O sea que un billón en España e Inglaterra es muy diferente del billón de USA: para los españoles e ingleses (que usan el “millard”) es un millón de millones mientras que para USA es un “número indeterminado” de millones.
En otras palabras, quien habla de millones cree saber lo que dice, pero quien usa billones y trillones está hablando absurdos que nadie puede imaginar porque son “números grandes indeterminados”, nubes, pompas de aire, disparates.
Una consecuencia de este buen uso del diccionario es la certidumbre de que nadie sabe lo que dice cuando habla de la deuda de USA, la Gran Depresión ni la Recesión Mundial, temas que inundan hoy por hoy la prensa “seria” del mundo.
Lo cual no impide que estos temas deriven en guerras locales y mundiales, como sucedió con la Segunda Guerra, recurso al que debió acudir USA para acabar con la primera Gran Depresión mediante el llamado New Deal… o eso es vox populi y lo que cuentan los profesores de economía donde se enseña esa falsa ciencia.
La pregunta ahora es inescapable: ¿qué hará USA para quitarle el cuerpo a su deuda de $56 trillones? ¿Contra quién lanzará su nueva guerra? Obviamente, contra sus acreedores, dirán los menos despiertos antes de averiguar que los acreedores de USA son China “comunista”, Japón, Inglaterra y otras naciones “menores” además de árabes y ricachones que tienen millones de bonos del Tesoro de Estados Unidos.
Aquí conviene, aunque nos alarguemos, intentar una explicación sencilla del problema que está quitando el sueño a la humanidad. Miremos la deuda de USA como USA la mira.
Como se sabe, USA se ha “socializado” de la noche a la mañana y se empeña ahora en “comprar” las instituciones que hasta ayer formaban su “sector privado”, alma de su capitalismo salvaje que hoy no es más que un conjunto de cascarones vacíos y endeudados hasta quebrar. La compra de esas entidades es lo que llaman “bailout” (salto en paracaídas) y yo llamo “rescate” por pura cortesía. Las cifras anotadas aquí se refieren a Diciembre de 2008. Los gringos confunden a menudo las palabras “gobierno” con “estado”, lo que hará bien en recordar mi ilustrado lector.
¿Cuánto cuestan los “rescates”?
Contando el dinero ya gastado o comprometido en forma de garantías de préstamos, la cifra se acerca, dicen algunos, a los inconcebibles $8.5 trillones. Esa cifra es mayor que lo que USA gastó, en dólares de esta fecha, en la Compra de la Luisiana, el New Deal, la guerra de Vietnam y la de Corea— todo sumado. Estos rescates se han sucedido con tal prisa que nadie sabe a donde fue el dinero, pero sirvió para comprar valores sustentados por hipotecas por valor de $500 billones y para garantizar por un monto de $388 billones la deuda de Citigroup y General Electric. Otra operación, la de la aseguradora AIG, costo $150 billones.
¿De dónde sale el dinero?
Se dice que sale del Tesoro Federal, el banco nacional de USA. Pero no es tan sencillo. Aun antes de que estallara esta crisis financiera, USA estaba gastando cientos de billones más de lo que estaba recibiendo, lo que le dejó un déficit presupuestario de casi $400 billones de dólares. Así que para pagar los compromisos financieros adicionales que el gobierno adquirió en meses recientes, el tesoro tuvo que prestarse cientos de billones adicionales. Para conseguirlo, ha estado vendiendo bonos en el mercado global de bonos.
¿Cómo funciona eso, exactamente?
Una vez a la semana, El Departamento del Tesoro, trabajando a través de un sindicato de bancos, realiza subastas de bonos — que maduran entre 30 días y 30 años después. El Tesoro deposita los fondos creados por la venta de bonos en su cuenta del Federal Reserve Bank de New York. Luego presta ese dinero a Citigroup, AIG, y otros beneficiados por este rescate. Es a este proceso que la gente se refiere cuando dice que el tesoro está “imprimiendo” dinero porque esos fondos salen básicamente de la nada. Todo se hace electrónicamente y no hay bonos en papel ni dinero que cambie de mano en mano. (Es aquí donde comienza el manipuleo de aire y nace el mito de la deuda de USA.)
¿Cuánto se ha prestado USA?
Un monto inconcebible. La deuda nacional de USA alcanzó en octubre/08 los $10.6 trillones y aumenta con gran velocidad puesto que el Tesoro se presta unos $550 billones cada tres meses. La mitad de esa cifra es dinero que el gobierno se debe a si mismo —entre los grandes compradores de bonos del Tesoro están El Fondo del Seguro Social, Social Security Trust Fund y otros programas sociales similares. El resto, llamado deuda pública, lo debe a individuos, instituciones y otros gobiernos. La deuda federal es hoy tan grande que el país paga en intereses anuales de su deuda la suma de $412 billones, el tercer gasto mayor del presupuesto operativo de USA de $3 trillones.
¿Puede USA pagar esas deudas?
Si, por lo menos a corto plazo. La deuda pública nacional de USA es un 39% de su producción anual de bienes y servicios, su producto doméstico bruto. Parece mucho dinero y lo es, pero está todavía en un nivel “aceptable” en la relación deuda—PDB de las dos últimas décadas y es menor que lo que fue esta relación durante la Segunda Guerra, cuando alcanzó el 100%.
(Cuando esta situación se repita comenzará la Tercera Guerra. USA se negará a pagar sus deudas porque no podrá pagarlas.).
¿Quién presta ese dinero?
En gran parte, el resto del mundo, especialmente China que, para septiembre pasado, poseía $585 billones en Bonos del Tesoro. Otro gran acreedor es Japón, con bonos por $573 billones, e Inglaterra, con $338 billones. Varios países productores de petróleo tienen $182 billones de la deuda del Tesoro. Estos países tienen algo en común: son los principales exportadores hacia USA, lo que les da una lluvia de dólares que quieren invertir de algún modo. Invierten mucho de sus reservas en Bonos del Tesoro de USA.
¿Qué pasa si China ya no compra bonos?
Podría causar un impacto momentáneo, pero otros países cubrirían la diferencia gracias a la crisis financiera. Con el actual nivel récord de deudores morosos, los compradores de bonos confían sólo en los deudores que gozan de mejor crédito. USA nunca cayó en mora con sus bonos, lo que le hace el deudor favorito en el mundo hasta hoy.
¿Qué efecto tienen todas estas deudas?
Podrían permitir que USA las gastara para salir de la recesión. Si invierte ese dinero con “sabiduría” (muy dudoso) esas inversiones podrían lograr un gran progreso para el país. Varios expertos dicen que inversiones en tecnología “green”, educación e infraestructura producirían una mayor productividad y desarrollo económico. Pero hay un serio aspecto negativo: cada dólar invertido en bonos del Tesoro es un dólar menos para las inversiones potenciales del sector privado. Y el sector privado ha sido fuente de la mayoría de las innovaciones que aumentan las ganancias de las empresas y crean empleos.
Hay otros riesgos?
Si. Todas estas deudas del estado añadidas a los préstamos y créditos que el estado extiende a su vez a las empresas y consumidores, aumentan de forma dramática la cantidad de dólares que circulan en todo el mundo. Con tantos billetes hay un peligro de inflación, lo que sucede cuando hay demasiado dinero y pocos bienes materiales. Los precios aumentan, los trabajadores demandan mejores salarios y comienza un espiral inflacionario difícil de controlar. Pero ese problema ha sido olvidado hasta nuevo aviso. Existen circunstancias extremas en que se acepta una mayor deuda pública nacional como el menor de dos males, según opina la mayoría de los economistas en estas fechas.
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China tiene las Riendas en la Mano
Ahora que China es el principal acreedor de USA, muchos observadores temen que pronto tendrá un veto efectivo sobre la política de USA. Algunos analistas han notado, por ejemplo, que la capacidad de USA para “abusar” de Irán se ve reducida dada la alianza entre China e Irán. Si USA va muy lejos, dicen, China podría castigar a USA dejando de comprarle sus bonos. Otros expertos dicen que esa actitud podría dañar tanto a China como a USA. La economía de China depende en gran medida de sus exportaciones a USA, que le compra 321 billones de dólares en importaciones anuales. Al dañar la economía de USA, China estaría dañando más su propia economía, dicen, aunque China no ha vacilado en reprender y criticar a USA desde que comenzó esta crisis.
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Para concluir sólo falta anotar la Ley de Murphy: siempre que algo amenaza con acabar mal, acaba mal.
avonvac@att.net