Aquel inolvidable primero de enero
de 1959 fue el inicio una aventura emocionante sin precedentes en la esfera
política internacional: Frente a los ojos del mundo, el llamado Ejército
Rebelde, brazo armado del Movimiento 26 de Julio, hacía su entrada a La Habana bajo el comando de
Fidel Castro Ruz para instalar un gobierno nacionalista tras derrocar al
dictador Fulgencio Batista. Por vez primera en su historia, la mayor de Las
Antillas se liberaba de la dominación extranjera (antes española y luego yanqui)
y el último títere de los EEUU era expulsado definitivamente de la isla para
nunca más volver.
La insurgente fuerza patriótica
encaraba el más inmenso de los desafíos continentales: defender la recién
conquistada independencia nacional a pocas millas del Imperio Norteamericano y empezar
a construir un régimen político de auténtica soberanía y justicia social en
abierta contradicción con el interés colonialista de su poderoso vecino. A
diferencia de otras experiencias acaecidas en el tercer mundo, en que diversos
movimientos populares de liberación fueron salvajemente aplastados por las
agresiones imperiales, la Revolución Cubana
permanecería de pie, gracias al coraje de su pueblo y la sabia conducción
política de quien seguramente la historia guardará como el más grande estadista
que la humanidad ha conocido.
Fue así que sobreviviendo a cientos
de crímenes del Imperio Gringo: invasiones, sabotajes, terrorismo, constante difamación
mediática, amenazas de ataque nuclear y resistiendo al bloqueo económico más
brutal y prolongado que país alguno haya sufrido; ese pueblo valeroso pudo realizar
una revolución implantando la solidaridad en sus relaciones económicas y
garantizando una vida digna para todos sus ciudadanos en un marco de igualdad
social. Como demostración de tan incomparable gesta, el internacionalismo cubano
recorrería el mundo con médicos, maestros, poetas, intelectuales y soldados
para respaldar, tanto en la paz como en la guerra, las luchas populares de americanos,
asiáticos y africanos en nombre del humanismo, el antiimperialismo y un futuro
socialista.
Al contemplar que en años recientes han
resurgido levantamientos de masas contra el capitalismo y la globalización
después de un período de vacilación y penosas deserciones en la izquierda,
justo es reivindicar el ejemplo de quienes nunca abandonaron sus convicciones revolucionarias
frente a la más grande adversidad. Recuerdo que se desarrollaba la
desintegración de la Unión Soviética
y buitres capitalistas esparcían por el mundo la infame predicción sobre una inminente
rendición de Cuba, cuando nuestro heroico Comandante pronunció un histórico
discurso con significativas palabras: "ahora el internacionalismo está en
defender y preservar la
Revolución Cubana, ese es nuestro más grande deber
internacionalista; porque cuando queda una bandera como ésta, que representa
ideas tan justas como ésta, defender esta trinchera, este bastión del socialismo,
es el más grande servicio que podemos prestarle a la humanidad" (Matanzas,
Cuba. 26-07-1991).
(*) Constitucionalista y Penalista. Profesor Universitario.
http://jesusmanuelsilva.blogspot.com