Reflexión crítica desde el movimiento social, sindical y obrero

Sujetos sociales y políticos para el socialismo

En el Cauca, una de las regiones más atrasadas de Colombia desde el punto de vista del desarrollo económico capitalista, superviven en permanente colisión, lucha y retroalimentación, diversas formaciones económico-sociales que han surgido a lo largo de la historia.

Se entrelazan en permanente conflicto, desde economías y formas de organización social ancestrales de los pueblos originarios Nasas, Misak, "Yanaconas", y otros, que resistieron (transformándose) a lo largo de la colonia y república, hasta las más sofisticadas explotaciones capitalistas de transnacionales y monopolios capitalistas como Smurfit Kapa (Carton Colombia) y modernos ingenios productores de agrocombustibles-etanol y azúcar. También sobrevive una economía campesina basada en el café y la caña panelera, y a su lado, surgen y desaparecen empresarios urbanos y rurales no monopolistas que enfrentan la avalancha neoliberal. Todo ello, de alguna manera – que está por estudiarse - coexiste y se alimenta de la economía del narcotráfico que penetra por todos los poros la economía y la vida social de la región.

La clase gran latifundista payanesa que dominó en la región fue derrotada en lo territorial por indígenas y campesinos durante los años 70 y 80 del siglo pasado (grandes recuperaciones de tierra). Esa oligarquía semifeudal, para sostenerse en el poder político vendió su "alma" a los terratenientes agroindustriales del Valle del Cauca. En los últimos años acabó de entregarse a mafiosos y transnacionales. Hoy la región está en proceso de cesión a grandes consorcios mineros (Anglo Gold Ashanti y otras multinacionales), los recursos naturales como los del Macizo Colombiano (bosques, agua y biodiversidad) están siendo subastados al mejor postor, y la economía agraria, construida y sostenida por campesinos mestizos, indígenas y afrodescendientes, está siendo destruida en forma criminal.

El Estado colombiano hace rato los abandonó a su suerte. Hoy se enfrentan es a los altos costos de los insumos agrícolas, la revaluación de la moneda, la competencia por la mano de obra, los intereses de los créditos, y la normatividad neoliberal impuesta por el Estado (aplicación de las normas de la OMC para paneleros, lecheros, pequeños ganaderos). La pretensión es acabar o subordinar la pequeña producción para entregarle el mercado a las grandes empresas monopólicas y pulpos financieros (Nestlé, grandes frigoríficos, ingenios azucareros, grandes supermercados como Carrefour, y otros).

El sector más golpeado desde el punto de vista social, organizativo y político ha sido la clase obrera. Las pocas empresas que existían en la región (Minas de Azufre de Puracé, Empaques de Fique del Cauca, y otras) fueron liquidadas por los empresarios pero han seguido produciendo gracias al esfuerzo colectivo de sus trabajadores. Sin embargo, miles de proletarios urbanos (microempresarios, desempleados, trabajadores informales, etc.) y rurales (jornaleros, campesinos pobres) viven bajo condiciones miserables y bajo terribles regímenes de explotación. Los trabajadores vinculados a las plantaciones forestales y cañeras han sido sometidos por las múltiples formas de explotación capitalista como los contratos temporales, cooperativas de trabajo asociado, trabajo a destajo, y demás formas de vinculación laboral precaria que se implementaron desde finales de los años 70s (reestructuración post-fordista), pero que se oficializaron con el desmonte de la legislación laboral de la época cepalina (ley 50 de 1990).

En esencia, este panorama de la región caucana, es muy similar, a lo que ha pasado durante 30 años de neoliberalismo en América Latina. El movimiento obrero fue destruido en su forma sindical tradicional y hasta el momento no hemos sido capaces de reconstruirlo. Los movimientos sociales que sobreviven, sobre todo el indígena, son la continuidad de 516 años de resistencia a la invasión y al exterminio. Y hoy, el régimen de Uribe lo tiene en la mira como un enemigo a aniquilar. El movimiento campesino en general sobrevive pero en medio de múltiples dificultades entre las que se cruza el conflicto armado, con todo lo que implica para su lucha. No deja de ser paradójico que sean esos sectores sociales "intermedios y subordinados" los que ofrezcan todavía algo de resistencia y que el proletariado pase por una situación tan crítica.

Los que seguimos pensando en el socialismo, quienes luchamos por transformaciones estructurales de nuestra sociedad, debemos reconocer, estudiar y caracterizar a fondo esta situación de nuestro movimiento real. En un interesante artículo recientemente publicado en Aporrea, el compañero Rodolfo Ascanio[1] llama a construir un sindicalismo de nuevo tipo que "se requiere para esta nueva etapa de la revolución bolivariana", sin el cual "no puede iniciarse la construcción del socialismo". Parte de reconocer que "el movimiento de los trabajadores se encuentra realmente rezagado, atomizado, infectado con luchas intestinas, burocratismo, oportunismo, reformismo y corrupción". Ubica como una de las causas de esa situación, los "años de neoliberalismo, desde finales de los años 70, que destruyeron la incipiente industria nacional y la agricultura patria, y consolidaron el modelo económico importador-rentista".

El diagnóstico es acertado y lo compartimos. Pero creemos que no sólo se trata "reconstruir el sindicalismo". Debemos repensar la definición de clases sociales, y re-valorar el movimiento obrero. Pensamos que las transformaciones operadas en el proceso productivo por efecto de la revolución tecnológica no sólo le sirvieron al gran capital para dispersar a los trabajadores (deslocalización, desconcentración, transectorización) sino que son transformaciones que transcienden la etapa capitalista neoliberal, y deben ser asimiladas por las sociedades hacia el futuro. La rueda de la historia no se puede echar atrás en forma voluntarista. Por ello se requieren nuevas formas de organización obrera que respondan a nuevas conceptualizaciones surgidas de la práctica social.

La tarea de la revolución, si queremos superar el socialismo estatista del siglo XX, es mucho más compleja y difícil de lo que parece. En Venezuela observamos – desde acá - a muchos sectores pidiendo apretar el acelerador en cuanto a entrar en la fase de "expropiar a los capitalistas", sin que efectivamente se cuente con las bases materiales, y los sujetos sociales y políticos[2] que sirvan de soporte a esos cambios estructurales. La "apropiación colectiva de los medios de producción" no es algo que se pueda decretar "desde arriba". Esa experiencia ya se vivió en la URSS, en China y Europa Oriental y sólo condujo a una sin salida y a una derrota histórica de los trabajadores del mundo.

Por ello, además de llegar a los gobiernos de cada país para impulsar fases de transición, en donde se realicen procesos de distribución de la riqueza social mediante estrategias como "el desarrollismo democrático popular"[3] que frenen o neutralicen el neoliberalismo, como se viene haciendo en Venezuela, y se trabaje por la integración latinoamericana a varios niveles para recuperar soberanía política y económica frente al imperio (o imperios), debemos hacer grandes esfuerzos por reconstruir el movimiento obrero pero con nuevos enfoques y formas organizativas flexibles y creativas.

Y de igual forma, tenemos que reenfocar y trabajar con los demás movimientos sociales que sobreviven a las etapas anteriores (campesinos, étnicos, estudiantil, etc.) o los que han surgido en forma entretejida como los movimientos de género, los ambientalistas, nuevos movimientos urbanos, juveniles, y culturales, y las luchas antisistémicas de diversa categoría que ofrecen una complejidad que exige nuevas miradas.

Desde la Colombia en conflicto pero en permanente transformación llamamos a la reflexión crítica, al estudio de nuestras realidades, a combatir toda clase de fanatismos que obnubilan el pensamiento, y a apoyarnos en las amplias masas populares que están en permanente lucha y resistencia pero con ganas de pasar a una verdadera ofensiva en el terreno de la organización transformadora. Este es un trabajo rutinario y gris, poco heroico, pero es absolutamente indispensable.

[1] Rodolfo Ascanio. "Movimiento sindical para el socialismo", 30/06/08, Aporrea

[2] Ver: Isabel Rauber, Sujetos Políticos: Rumbos estratégicos y tareas actuales de los movimientos sociales y políticos en América Latina. Ediciones Desde Abajo.

[3] Concepto de Heinz Dieterich.


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