1. Realizadas las elecciones internas del Partido de
la Revolución
Democrática (PRD) el pasado domingo 16, como casi nadie previó
ni esperaba, las confrontaciones entre los seguidores de Alejandro Encinas, por
un lado y los de Jesús Ortega, por otro, tienden a agravarse cada vez más. Los
resultados comiciales demuestran que ese partido está dividido en dos fuerzas
casi iguales y lo que parece obvio es que se firme un acuerdo para que el nuevo
comité ejecutivo y las demás representaciones, incluidas las de la CND encabezada por López
Obrador, se integren proporcionalmente. La bronca que está en puerta son las
nuevas candidaturas para las próximas elecciones que, sin duda deben buscar
balancear las fuerzas. Pero uno de los acuerdos básicos debería ser el trabajo
político de base comprometido con el movimiento social, al mismo tiempo en la
lucha teórica e ideológica debe profundizarse para reencauzar al PRD hacia un
mayor compromiso con la población.
2. La clase dominante aplaudiría a rabiar si el PRD se
dividiera, tal como goza cuando este partido comete graves errores y
confrontaciones como durante esta semana. Si se escindiera esta organización
dejaría de representar una amenaza para los intereses inmediatos de los
privilegiados. Aunque el PRD, como partido socialdemócrata no representa amenaza
alguna contra el sistema capitalista de explotación, sí lo es cuando (aunque
limitadamente) cumple su papel de apoyo en las luchas sociales, cuando denuncia
las injusticias que ha vivido la clase trabajadora o cuando apoya las
movilizaciones de López Obrador. Por ese motivo mientras la población pobre y
explotada no cuente con un instrumento más adecuado para desarrollar sus luchas
contra los poderosos, deberá encontrar la forma de aprovechar al PRD y otras
organizaciones de izquierda para lograr de ellas apoyos y solidaridad en sus
luchas.
3.
A
pesar de ser un partido socialdemócrata y electorero, el PRD no es cualquier
cosa. Aunque su presencia en el poder legislativo y en las gubernaturas de cinco
estados, influyen poco (porque actúan subordinados por la política nacional en
manos del PAN y el PRI) constituye el PRD una fuerza de presión que ayuda a que
la dictadura de los poderosos empresarios y políticos no se imponga con mucha
más brutalidad. A pesar que en este proceso electoral interno ha demostrado que
el PRD posee los vicios corruptos y tramposos de los partidos de derecha (PAN y
PRI) y que esas actuaciones demuestran que no tiene remedio, que son más de lo
mismo, no debería llevarnos a pensar que hay que tirarlo por la borda para
construir otro partido nuevecito, puro y sin mancha. Los monopolios de la
información, al servicio de los empresarios y la derecha, han agrandado los
conflictos para calumniar más al PRD y desprestigiarlo ante la opinión
pública.
4. Debe ser claro que el PRD aún, todavía, no está
exactamente al mismo nivel de corrupción y entreguismo de los partidos burgueses
(PAN, PRI) Aunque muchos de sus principales dirigentes llegaron del PRI porque
este partido les cerró las puertas en sus aspiraciones a cargos, otros más
ingresaron porque tenían un proyecto ideológico “nacionalista” y “cardenista”
muy parecido con el de los viejos grupos de izquierda, quedan algunas esperanzas
de que nuevas coyunturas políticas, aún imprevistas, hagan cambiar las cosas en
beneficio de los trabajadores y el PRD pudiera ayudar en esas circunstancias.
¿Acaso, podríamos decir que otras fuerzas de izquierda como el Diálogo Nacional,
los zapatistas del EZLN, la
APPO que encabeza las luchas de Oaxaca, la CNTE o el sindicato minero
deben desaparecer por tener diferencias políticas con ellos? Nuestra obligación
como parte de la izquierda debe ser contribuir al fortalecimiento de las luchas
sociales en general.
5.
A
pesar de que en los partidos, organizaciones, movimientos de izquierda (como es
inconcebible) hayan dirigentes muy autoritarios, oportunistas y caudillistas,
hay que dar la lucha interna para derrotarlos con el objetivo de construir
organizaciones abiertas, antijerárquicas, con direcciones colectivas y
rotativas. El problema es que el capitalismo posee un estructura jerárquica que
le impone a todas las organizaciones formas verticales de mando y obediencia. Y
los dirigentes “de izquierda” se acomodan a esa “realidad impuesta” en todas las
instituciones, incluso en las universitarias y académicas (donde se supone que
no deberían existir) Es indiscutiblemente más difícil gobernar o dirigir
impulsando la participación horizontal e igualitaria de los integrantes de una
organización o de las masas; es más sencillo que una persona o un pequeño grupo
dicte desde arriba lo que hay qué hacer. Pero parece ser que la horizontalidad
es el único camino del autogobierno.
6. Quizá por primera vez deban tener igual peso la
presidencia y la secretaría general del PRD; que las coordinaciones legislativas
y las gubernaturas posean poderes balanceados y que la CND también abra sus puertas de dirección
a los grupos seguidores de Ortega. Todo esto será necesario mientras el trabajo
político de base y las reflexiones teóricas sobre un nuevo proyecto político se
intensifican. Aunque de manera inmediata el PRD no cambie, por lo menos se
instrumenta una tregua que permita seguir analizando y discutiendo hasta que las
cosas se vean más claras. Si se continúa con el linchamiento que ha empezado a
agudizarse, sobre todo con la ampliación que están haciendo los medios
electrónicos y no se unifican fuerzas para ponerles un alto a esos medios bien
subsidiados por el presidente ilegítimo y los empresarios, el PRD perderá mucho
en las próximas elecciones, así como fuerza para defender el petróleo y
demás.
7. Un acuerdo inmediato, buscando aunque fuera una unidad
“pegada con alfileres”, es esencial. A los seguidores de Encinas y de Ortega les
hubiera gustado ganar de todas todas, para imponer sus posiciones políticas;
pero la realidad demuestra que el PRD está dividido en partes iguales. Muchos
esperábamos que el PRD se comprometiera con el movimiento social y que no sólo
estuviera pensando en cargos públicos y en conquista de votos. Pero hay que
esperar un poco más esperanzados en que el lópezobradorismo se radicalice y
ayude a hacer crecer el movimiento de masas. Por ahora la tarea más importante
es frenar la privatización organizando, coordinando y solidarizándose con las
actividades programadas por la
CND: mítines, marchas, bloqueos y huelgas. Si el PAN y el PRI
aprueban la privatización habría que pensar en cómo paralizar al país, pero para
eso es necesario que López Obrador y el PRD se decidan a confrontar al
poder.
pedroe@cablered.net.mx