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filosofo del Zulia, con su nuevo aporte a la metafísica que implica
una revolucionaria concepción de la Patria, se incorpora definitivamente
entre los sabios que orientan la acción social.
El
filósofo del Zulia; Manuel Rosales, ha hecho un nuevo y sustantivo aporte
a la ontología –la disciplina filosófica que estudia el ser- al
calificar al Presidente Chávez de “traidor a la patria”.
Ciertamente es revolucionario el uso existencial de ese ser que es la
patria, ubicándolo en el espacio virtual del mercado, desligándolo,
gracias a los avances de la cibernética, de la ya grosera vinculación
con el espacio físico. Desde luego eso coloca a nuestro Jefe
de Estado en la categoría de un hombre del paleolítico, que sin tener
un signo lingüístico para designar el espacio que domina, lo considera
como propio (patria propia). Y en el mejor de los casos, ubicándolo
en las bandas predatorias prehistóricas, que visualiza el espacio,
que comparte con su grupo, como común a sus homólogos (patria común).
Creo que incluso le niega la posibilidad de considerar como valida la
noción de “patria republicana”, que concibe el espacio compartido
por una población como el resultado de un acuerdo tácito o explícito
de sus miembros de utilizarlo y defenderlo para mantenerlo como base
fundamental de su existencia. Dentro de esa concepción ya existe
una racionalidad que separa definitivamente al hombre de la naturaleza
y lo ubica decisivamente en el ámbito ideal de la cultura, que tiene
como expresión más sublime ese espacio metafísico que le da las características
fundamentales que distinguen al ser humano y la sociedad globalizada
que ha conformado. Obviamente, quien ataca ese espacio, hoy sagrado,
donde el capital es fuente de la vida humana, es traidor a la patria
Así
es extremadamente racional su subordinación, y la de sus seguidores,
a ese líder que encabeza la defensa de esta nueva idea de patria, personificado
en George W, Bush, quien tiene como seguidor fundamental en este espacio
primitivo suramericano a ese genial y virtuoso hombre que es Álvaro
Uribe. Pero ese liderazgo hasta ahora había sido exclusivamente
pragmático. Se había ocupado solamente de los hechos.
Inclusive los padres de la praxis que orienta su acción política –
los empresarios estadounidenses, europeos y japoneses (integrantes del
trilateralismo) - únicamente se habían ocupado de desarrollar su tesis
en el campo “científico” de la economía, sin incursionar en lo
metafísico. De allí que el aporte de nuestro filosofo, que compite
en profundidad con los proporcionados, pero ya anticuados, de un Satre,
o de Heidegger o Habermas, tiene que despertar el orgullo de aquellos
que anacrónicamente nos sentimos venezolanos. Se tiene que entender
que la tarea de este gigante del pensamiento será colosal. Convencer
a más o menos unos 14 millones de coterráneos primitivos que visualizan
el espacio del Estado como su patria, no es tarea fácil. Le tomará
a los seguidores de esta nueva idea más o menos el mismo tiempo que
le tomó a los discípulos de Jesús cristianizar al Imperio romano.
Mientras tanto esos seres serán reos del delito culposo de traición
a la patria.